Reseña: Apparatchiks, de Mario Castells

Sobre una tribu insurrecta
Daniel Gigena
(0)
8 de abril de 2018  

Mario Castells (Rosario, 1975) sorprendió a los lectores con la novela corta El mosto y la queresa, donde se contaba la épica de un donjuán paraguayo desde la mirada de un niño. En Apparatchikis, el narrador es un historiador rosarino que llega a la ciudad de Buenos Aires como militante rentado del Movimiento al Socialismo para trabajar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Darío Castellví ya pasó los treinta, está desocupado, extraña Rosario y alberga dudas sobre las decisiones de la dirección del partido, que integra un ruinoso frente electoral hacia 2007. "Manga de pendejos peques que juegan a troskearla los primeros años de sus carreras y a los treinta terminan pisando cabezas", dictamina sobre sus nuevos compañeros de lucha.

Castellví vive en un local partidario en el Once. Mientras trata de ingresar como ayudante de cátedra en la facultad (misión imposible), se acerca al Energy, a Lucas Sánchez, alias el Rosarino, y a Virginia, "el mejor culo estudiantil". Esa pequeña tribu insurrecta protagoniza una historia bien regada de cerveza, cocaína y semen. "La democracia trajo mucha fisura", confiesa Castellví a sus amigos.

En una escena emblemática, el protagonista asiste a una clase de teoría literaria de Nicolás Rosa. "La erudición de Rosa se erguía a razón de un eclecticismo crítico insustancial, brumoso", razona. Un alumno le pregunta al histriónico docente si se puede hablar de literatura proletaria en la Argentina. Apparatchikis brinda una respuesta amarga y a la vez esperanzada sobre esa cuestión.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.