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Copa Davis: Nicolás Jarry, el 'príncipe' que copia cosas de Juan Martín del Potro y quiere amargar a la Argentina

Nieto del recordado extenista Jaime Fillol, el jugador, de 1,98m y 22 años, es la principal carta chilena; tiene proyección de top 10
Nieto del recordado extenista Jaime Fillol, el jugador, de 1,98m y 22 años, es la principal carta chilena; tiene proyección de top 10 Crédito: Prensa AAT/Sergio Llamera
Sebastián Torok
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5 de abril de 2018  • 23:59

SAN JUAN.- Jaime Fillol, 14º del mundo en 1974, fue padre de cuatro hijas. Una de ellas, Cecilia, tuvo cinco hijos. El mayor es Nicolás Jarry, el tenista de 1,98 metro y 22 años que ilusiona a un país que ostentó, no hace tanto tiempo, a cracks de la raqueta como Marcelo Chino Ríos, Fernando Feña González y Nicolás Massú. Como si le hiciera falta algún vínculo deportivo/familiar más, uno de los tíos de Jarry es Martín Rodríguez, el exdoblista argentino que alcanzó el puesto 15° en 2004 (también es su entrenador).

El Príncipe, como lo apodan, es el gran proyecto que sostiene a Chile. De movimientos y golpes similares -salvando las distancias- a los de Juan Martín del Potro, es una suerte de estrella que empieza a fulgurar a puro escopetazo de drive y saque, y que luce condiciones para alcanzar, al menos, el Top 10. Es Jarry la carta en la que se apoya Chile para tratar de vencer a la Argentina.

"Trato de copiar a todos los jugadores de mi estilo. Todos los altos tenemos más o menos el mismo patrón de juego. Juan Martín (Del Potro) es de los mejores que hay en ese estilo y muchas veces me ayuda verlo jugar", cuenta Jarry, que también tiene como espejo al sudafricano Kevin Anderson, el actual 8° del tour, de 2,03 metro.

En noviembre de 2017, Jarry irrumpió por primera vez en el Top 100. Este año comenzó siendo el 113º y ya es el 64º. Luego de una prematura salida del Abierto de Australia (cayó en la primera rueda ante Leonardo Mayer), el jugador nacido en Santiago explotó durante la gira sudamericana sobre polvo de ladrillo: cuartos de final en Ecuador, semifinales en Río de Janeiro y final en San Pablo. Además, ganó los tres puntos que jugó -dos singles y un dobles- en la serie de Davis ante Ecuador, en Chile, que le permitió al equipo capitaneado por Massú jugar frente a la Argentina. Y hasta ganó el título en dobles de Quito, junto con su compatriota Hans Podlipnik.

Representado por una de las mayores agencias del mercado -ese vínculo lo ayuda, por ejemplo, a obtener invitaciones a torneos como Miami-, Jarry empieza a acaparar la atención. Desde hace poco tiempo tiene jefa de prensa y los sponsors lo buscan. "Jugar al tenis es más difícil que ser famoso. La disciplina, el profesionalismo que uno tiene que lograr. La cabeza que uno necesita para entrenar todos los días y mantenerse contento, es difícil. Uno siempre está solo, todas las semanas uno pierde y eso a nadie le gusta (.) Desde chico he venido lidiando con la fama. Que la gente hable de mí es raro y desde chico lo viví. Ahí me fui haciendo una idea de cómo se manejaba este mundo", comentó en el diario La Tercera de Chile. Su padre, Allan, es empresario; su madre, Cecilia, también es una mujer de negocios. Ambos jugaron al voleibol profesional en Chile y, no hay dudas, Nicolás heredó la altura de ellos.

Jarry recibió, desde muy temprano, las lecciones de Jaime Fillol, su abuelo y leyenda del tenis chileno.Pero en 2013, debido a algunas situaciones incómodas entre Fillol y su entrenador, se vio en la necesidad de pedirle "con dolor y dulzura" que no opinara más sobre su juego. "Tata, no me hables más de tenis", describen, según atpworldtour.com, que le dijo a Fillol. Le pidió que solo fuera su abuelo. "Nico fue muy valiente al atreverse a hablar con su abuelo. Me sorprendió, pero me pareció bien. Hacer todo lo posible por mejorar tu tenis es clave en un jugador", explicó Martín Rodríguez, que lo sigue entrenando. Claro que, como suele ocurrir en un mercado tan competitivo, hay una fila de entrenadores queriendo sumarse al gran proyecto que ya es Jarry.

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