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Una voz que perderá fuerza en la cárcel

Lauro Jardim
Lauro Jardim MEDIO: O Globo/GDA
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6 de abril de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Luiz Inacio Lula da Silva ya había sido apartado de las urnas por tener "ficha sucia". Pero anteanoche, el Supremo Tribunal Federal (STF) lo eliminó también de la campaña. Al menos de la campaña clásica, la que se hace en las calles, la que lo vería por el país insistiendo en su candidatura si se lo permitiese el Tribunal Superior Electoral (TSE), o apoyando a algún otro nombre de la izquierda.

Ahora, Brasil asistirá a una escena insólita. El líder político más popular del país hará oír su voz directamente desde una prisión en el estado de Paraná. Aunque sea un reconocido crack de la victimización, ¿cómo usará su condición de preso para ayudar al Partido de los Trabajadores (PT) a tener un buen desempeño electoral? Por lo tanto, la campaña tomará una nueva forma. Por más carisma que tenga, resulta difícil imaginar que desde la cárcel Lula pueda transmitir exitosamente su mensaje a las masas. Su voz poderosa ya no se hará oír. Y los partidarios del PT que están del lado de afuera de la prisión no son (y no serán) tan oídos por el pueblo como el expresidente.

Confirmada por el Tribunal Regional Federal de la 4» Región (TRF-4), su condena no fue un golpe mortal contra su popularidad. Las encuestas realizadas después de aquel juicio mostraron que mantenía cerca del 35% de la intención de voto. Pero ahora todo cambia de aspecto.

Aunque esté preso, Lula no se volverá irrelevante en términos electorales. Pero su influencia será forzosamente menor, porque para sus adversarios será más fácil aplacarlo.

Y aunque no lo abandone inmediatamente, es probable que una vez comenzada la campaña su electorado tome otros rumbos.

Su capacidad para movilizar a las masas perdió un poco de impulso. El año pasado, tuvo que declarar dos veces en Curitiba. Los petistas (y también los adversarios, hay que reconocerlo) esperaban un mar de gente. Nada de eso sucedió. En el juicio del 24 de enero, otra vez, no pasó gran cosa.

Sin duda, Lula tiene más electores que ningún otro político brasileño. Pero por lo que se vio hasta ahora, ese grupo no está dispuesto a parar el país para defenderlo.

¿Cuál es el discurso posible de alguien condenado a 12 años de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero? Lula y los petistas pueden hablar de injusticia hasta gastarse las cuerdas vocales. Pero su condena fue unánime, y como destacó el juez Leandro Paulsen, del TRF-4, con "pruebas más allá de cualquier duda razonable".

Transitó todas las instancias y perdió en todas. ¿Cómo dejarlo suelto? Solo si fuese un brasileño por encima de las leyes. El STF demostró que no lo es.

Traducción de Jaime Arrambide

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