Miranda de Sex &the City llegó a la política

Juana Libedinsky
Juana Libedinsky LA NACION
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7 de abril de 2018  

NUEVA YORK.- A fin del año último se confirmó que no habrá un tercer film de Sex &the City. Los puristas del séptimo arte respiraron aliviados. Las mujeres de 40 para quienes la serie de televisión aún hoy es la más icónica de nuestra historia con la pantalla, sufrimos una nueva decepción.

Hasta que Cynthia Nixon (Miranda en la serie), decidió postularse como candidata a gobernadora de Nueva York. Desde entonces, los medios hablan sobre Sex & the City aún más que en la época de apogeo del programa.

La gran pregunta, por supuesto, es si el pasado televisivo ayuda a Nixon. Como en la tradición de Ronald Reagan a Donald Trump, la fama colabora en aspectos clave. Por ejemplo, en que la prensa los va a seguir desde el comienzo, o que no son desconocidos para el público a la hora de juntar fondos para la campaña. Claro que si Nixon hubiera interpretado a cualquier otro personaje de la serie, su carrera política estaría destruida antes de comenzar. El personaje de Samantha una vez confeso "No creo en el Republican Party (Partido Republicano) no creo en el Democratic Party (Partido Demócrata). Solo creo en los parties (juego de la palabras dado que party, ademas de partido, significa fiesta); Charlotte dijo estar interesada en la política solo porque "es una buena forma de conocer hombres". Carrie ni siquiera estaba inicialmente registrada para votar. Pero, como tituló un matutino, "Los votantes quieren que Cynthia Nixon sea Miranda".

Lo curioso es que durante mucho tiempo, Miranda Hobbes era considerada la menos aspiracional de las cuatro amigas. Era la cínica aguafiestas, a la que solo le interesaba su trabajo de abogada corporativa gris, mientras las otras tenían trabajos más glamorosos como columnistas, RRPP y galerista. Era la que usaba traje con pantalón a lo Hilary Clinton en vez de vestiditos sexy, a veces reemplazaba sus Manolos por zapatillas y -horror para la época- acabó viviendo en Brooklyn. .

En 2010, cuando a una competidora de un concurso de modelos de la televisión le cortaron el pelo, las otras chicas la burlaron diciendo que parecía Miranda, y ella se largó a llorar. Según el medio feminista Jezebel, "Sos una Miranda es la nueva forma de decir sos fea". Hasta hace poco, en los "tests de personalidad" de las revistas, el resultado más temido era que saliera que eras la "Miranda de tu grupo". Pero en la era de la seriedad del#Metoo Miranda resurgió como el personaje más admirable. Hasta en el estilo: con sus poleras negras, impermeables beige, anteojos pequeños y el corte de pelo Pixie, "Miranda luce como una francesa en Céline" la rescató ManRepeller, la Biblia del estilo online.

Otros no están convencidos. Para The New York Times, "gobernadora Miranda" es una pésima idea porque Sex & the City promovió la imagen de la ciudad como "un paraíso para elite del consumismo", que no es lo ideal cuando Nixon corre al gobernador Cuomo, de centro izquierda, aún más por la izquierda. Algunas de mis propias amigas creen que estos personajes que mezclan al progresismo con el lujo (real o de ficción) "son la razón por la cual vamos a tener a Donald Trump como reacción popular para rato". Pero, aún para ellas, por ahora cada nuevo episodio de "Cuomo vs Nixon" es casi tan esperado como cada episodio de Sex & the City lo era en los '90. Y nadie puede esperar a ver qué pasa.

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