La política comercial de Trump y sus posibles efectos

Roberto Bouzas
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8 de abril de 2018  

-¿Cuánto hay de continuidad y de cambio en la política comercial de Trump?

-El principal cambio es el reflejo de la coalición de "perdedores de la globalización" que está detrás de su política comercial. Los rasgos de continuidad tienen que ver con una tendencia de varias décadas: la utilización de canales distintos del multilateral para promover la agenda comercial de EE.UU. Hasta 1983, cuando firmó su primer acuerdo de libre comercio con Israel, el foco de la política comercial norteamericana estuvo centrado casi exclusivamente en el GATT. Luego, las sucesivas administraciones concluyeron acuerdos preferenciales con 20 países. La administración Bush (hijo) bautizó esta política como una "competencia por la liberalización", ofreciendo a socios escogidos un acceso preferencial a su mercado a cambio de acuerdos que incluyeran disciplinas que la diplomacia comercial norteamericana no conseguía cristalizar en el ámbito multilateral. La administración Trump dio una vuelta de tuerca a esta lógica estratégica adoptando sin tapujos un enfoque bilateral.

-¿Esto equivale al abandono del multilateralismo por parte de su principal arquitecto?

-La respuesta depende en parte de si la coalición política que respalda a Donald Trump se consolida. De hacerlo, es muy probable que asistamos a un período de fuerte retracción del multilateralismo. En esa dirección apunta un fenómeno sobre el que hay más certeza: la dificultad para "gobernar" el proceso de creciente integración económica global en un contexto de heterogeneidad y difusión del poder. Si la agenda comercial de EE.UU. se sigue frustrando en el ámbito multilateral (algo muy probable), la tentación de recurrir a caminos más ríspidos será muy difícil de resistir. El multilateralismo será una víctima inevitable.

-¿Hay antecedentes en la política comercial norteamericana de este énfasis en el bilateralismo?

-Los instrumentos de política comercial de Trump no son invento suyo. La excepción de "seguridad nacional" con la que justificó las medidas sobre el acero y el aluminio fue parte del GATT desde su creación. Ya había sido usada para justificar su embargo comercial norteamericano a Cuba. Por su parte, la sección 301 en la que se basaron las últimas medidas contra China fue una creación de la ley de comercio de 1974. El principal problema del bilateralismo de la gestión Trump no es su novedad, sino que la gravedad de sus consecuencias dependerá en buena medida de lo que hagan sus contrapartes. Si la administración norteamericana no es capaz de torcer el brazo de aquellos a quienes van dirigidas sus medidas (principalmente China), es posible que haya una escalada de retorsiones que genere un escenario internacional francamente indeseable, pero no inverosímil.

El autor es economista e investigador en la Udesa y el Conicet

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