Su majestad satánica, en primera persona

Víctor Hugo Ghitta
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7 de abril de 2018  

Quién no hubiera dado todo por estar ahí. La de Keith Richards es de esas vidas que ilusionan, aun con sus sombras y excesos, y dan ganas de haberla vivido a ver qué era eso de ser una rockstar en los años 60 y 70, mecida por el blues y en medio de la estimulante Londres, centro de producción donde se agitó ese momento cultural central del siglo XX. Vida (reedición de Planeta) es el registro minucioso del paso del muchachito de Dartford, crecido entre varias privaciones, a la celebridad global. Richards (o quien haya sido su inteligente ghost writer) elude cualquier estridencia o la falsa épica del tono rocker; solo cuenta los hechos con ese humor solapadamente filoso tan inglés (aunque a veces el lector se pregunta si no estarán agigantados con tal de seguir alimentando la leyenda), y los hechos no decepcionan. Estamos con los Stones en la ruta y en la intimidad, escuchamos las voces, rockeamos. Richards es un gran músico (guitarrista excepcional), por lo que felizmente sus memorias incluyen muchos pasajes dedicados a la música. A ese mérito se agrega un set de fotos muy atractivo.

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