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Martín Rocco: Un gran maestro y referente del stand up argentino

Leni González
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8 de abril de 2018  

Pionero, maestro, tipo generoso. Eso es lo que dijeron todos los que lo conocieron de cerca, con la voz quebrada. Todos en shock: sorpresivamente, a los 61 años, Martín Rocco, referente del stand up, falleció de un infarto por la mañana de anteayer.

Uruguayo de nacimiento, fue en Buenos Aires donde desarrolló durante muchos años una exitosa carrera de creativo publicitario hasta que decidió largar la profesión segura para subirse a un escenario. Con el director y docente Rubén Szuchmacher estudió actuación, pero se dio cuenta de que interpretar personajes no era lo suyo sino decir sus propios textos. Llegaron los videos de stand up y apareció el camino, que no fue sencillo. Eran los primeros 90, el género no era en absoluto popular y los lugares donde pararse frente al público a reírse un poco de uno mismo o del ridículo cotidiano no abundaban: el sótano de Liberarte o El Bululú, y muchas horas de trabajo a la gorra, de aprender a alargar la voz a falta de micrófono, de pulir y pulir hasta lograr la risa. Después de que Molo, Tuqui y Carlos Guarnerio les dieran la primera chance a sus monólogos, formó el Stand up argentino con Hugo Fili, Alejandro Angelini, Diego Wainstein y Natalia Carulias.

"Fue él quien me recomendó para formar aquel grupo en La Matriz -dice Carulias-, un bar que había en Palermo. Era muy talentoso, muy culto y, sobre todo, muy generoso, algo poco común en este medio". Angelini lo recuerda como "el maestro de todos, un Papá Noel, uno de esos que, cuando llegan, mejoran el lugar. Tenía una enorme tranquilidad para caminar el escenario. Era un bon vivant, jugaba al golf y participaba en campeonatos de pipa".

Sin dudas, el nombre con el que más se asocia a Martín Rocco es Cómicos, el espectáculo de stand up que instaló el género en el Paseo La Plaza, y en cuya primera edición compartía escenario con Diego Reinhold, Gustavo Garzón, Damián Dreizik y Peto Menahem. Fue un éxito enorme que siguió, con cambios en el grupo, hasta 2012. Sebastián Wainraich fue uno de los muchos que se formaron con Rocco y se sumó en Cómicos 2: "Lo conocí porque fui productor en Cómicos 1. Empecé a estudiar con él y después entré al 2. Recuerdo que me dio una bolsa gigante con videos de comediantes. Era un excéntrico, capaz de subir en boxer al escenario porque vivía cerca del Paseo La Plaza".

Dictó seminarios en Rosario, en Córdoba y Montevideo. Fue maestro, entre otros, de Eugenia Guerty, Fernando Sanjiao, Fabiana García Lago y Cecilia Dopazo, que pasaron por sus cursos del Centro Cultural Ricardo Rojas. Empezó a dar clases por la necesidad de difundir una actividad todavía poco conocida, pero no era la docencia lo que más le gustaba. "Empecé en el Rojas -contó en una entrevista- porque estaba un amigo, el músico Coco Romero, con quien había formado, años antes, un grupo. Yo tocaba el charango".

A los 36 años fue su primera vez en un escenario, pero no le jugó en contra: la experiencia en publicidad resultaba útil para lograr el impacto rápido y meterse con el mundo del consumo, tema de varios de sus monólogos como el del yogur, las toallas higiénicas y la moda.

"El stand up es como el jean: después de su explosión, perduró y sigue creciendo. En Buenos Aires hay una enfermedad con el teatro y el público está abierto a las distintas disciplinas artísticas. De esos auges, quedan algunos grupos y artistas. Y creo que va a pasar eso con los monólogos de humor", dijo este admirador de George Carlin, Chris Rock o Bill Hicks, que hablaba varios idiomas y que siempre buscó vivir sin traicionarse, desde que dejó la publicidad hasta su último, impensable, minuto cuando tuiteó "ganá menos pero hacé lo que te gusta".

Debido a que se esperó la llegada de su hijo Tomás, que vive en Italia, la despedida será hoy a la mañana, en una casa velatoria de Caballito.

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