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La última y desesperada exhibición de fuerza para alimentar el mito

Miriam Leitão
Miriam Leitão MEDIO: O Globo
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7 de abril de 2018  • 19:29

RÍO DE JANEIRO (OGLOBO/GDA).- Luiz Inacio Lula da Silva hizo hoy un último y desesperado gesto de demostración de fuerza. Dejó pasar el plazo para entregarse y se cercó de militantes, mientras entre bambalinas negociaba con la Policía Federal. Los minutos corrían para ambos bandos. Para la Justicia, porque no estaba siendo respetada, y para el expresidente, porque enfrentaba el riesgo de empeorar su situación. Pero ya hay dos certezas: quedará inhabilitado como candidato y va camino a la cárcel donde quedará detenido.

El juez federal Sergio Moro decidió esperar el resultado de la negociación, pero tenía en sus manos la posibilidad de decretar la prisión preventiva por incumplimiento de una orden judicial. El primer efecto de eso sería que Lula ya no contaría con el beneficio de la excarcelación, ni siquiera ante un hipotético cambio de opinión del Supremo Tribunal Federal (STF) sobre la ejecución de la pena.

Otro efecto de las demoras en cumplir la orden judicial sería la pérdida de otras ventajas que había obtenido. Moro prefirió esperar una salida negociada por la Policía Federal. Técnicamente, Lula evitó lo peor, porque sus abogados se contactaron con los negociadores antes del vencimiento del plazo para entregarse, evitando de ese modo que Lula fuese declarado prófugo. Al mismo tiempo, la Policía Federal sabía que ir a buscarlo al sindicato de metalúrgicos era caer en una emboscada y poner en riesgo a terceros, y por eso prefirió negociar.

Pero la situación judicial de Lula es peor de lo que parece. La causa del tríplex de Guarujá es apenas la primera de las acusaciones por las que debe responder. A fines de mayo o principios de junio, el expresidente podría enfrentar nuevas condenas, en este caso por la causa sobre la supuesta coima de la empresa Odebrecht para la compra de la sede del Instituto Lula y por el uso del departamento situado al lado del instituto, en São Bernardo do Campo.

En pocos días más, el 11 de abril, serán indagados nuevamente el empresario Marcelo Odebrecht y Paulo Mello, ejecutivo de la contratista. Tras esa audiencia, se abrirá el plazo para los alegatos finales.

Según fuentes judiciales cercanas al proceso, la sentencia podría estar lista en dos meses y sería comunicada a fines de mayo o principios de junio.

Esa nueva sentencia no es la única que ronda al expresidente, ya que hay otros procesos en marcha en Brasilia y en Paraná. La acción penal que se cursa en el 13° Tribunal Penal Federal de Curitiba por la causa de una propiedad en Atibaia apenas está en su etapa inicial y todavía no fueron escuchados los testigos de la defensa.

En su terreno

El expresidente hizo de la larga espera de ayer lo que siempre supo y gustó de hacer: convertir todo en una movilización y en un mitin político. El simbolismo de esperar en el sindicato de metalúrgicos, del que salió a la vida pública; los seguidores en las calles, y los sucesivos discursos fueron consustanciales con la naturaleza política del líder del Partido de los Trabajadores (PT). Nada de eso, sin embargo, lo salva de la cárcel.

Lo que llevó al expresidente a la situación vivida ayer fue la suma de sus propias decisiones. Sus relaciones con las empresas contratistas, al ser investigadas, resultaron en varias causas penales. Al quedar procesado, Lula optó por una defensa inepta que confrontó con el juez Moro, como si fuese el enemigo. Esa estrategia quedó desarmada cuando el Tribunal Regional Federal de la 4a Región confirmó la sentencia de Moro, ya que la defensa no logró revertirla en los tribunales superiores.

Luego de la fanfarria de ayer, llegó la realidad: empieza el amargo período en la cárcel, que más allá de ser en una celda especial o no, impone en quien lo vive una sensación de aislamiento y de que el tiempo no pasa. Su defensa ensaya todos los caminos para librarlo de esa situación, pero son caminos plagados de obstáculos.

Los abogados pueden presentar un habeas corpus ante el Supremo Tribunal de Justicia o ante el STF. Cada una de esas cortes ya recibió dos presentaciones de habeas corpus. El juez Marco Aurelio recibió una y se la derivó a la jueza Carmen Lucía Antunes. Pero la defensa de Lula avisó que intentará presentar una acción de constitucionalidad preliminar en el plenario del miércoles próximo. Pero eso será si tiene tiempo, porque el orden del día del plenario ya incluye el tratamiento de dos habeas corpus. Y el de Antonio Palocci tiene prioridad, porque ya está preso. El otro no es tan urgente, porque se trata del habeas corpus de Paulo Maluf, que ya está de vuelta en su casa.

La vida institucional de Brasil atraviesa días de grandes tensiones. Pero siempre es bueno recordar que detrás de esas tensiones se descubre el avance de la sociedad brasileña en el combate de ese difícil y persistente problema que es la corrupción.

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