Replicaron la experiencia en un colegio bonaerense

Crearon un lugar para que chicos de tres a cinco años interactúen con mariposas
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8 de abril de 2018  

Hablar en voz baja. Hacer movimientos lentos. Mantener la distancia adecuada. Los pequeños de tres años del Jardín Municipal N° 2 "Sendero de Luna", del Barrio Luna, de Hurlingham, siguen al pie de la letra esas reglas que mejoran la experiencia de avistaje cada vez que visitan el jardín de mariposas al aire libre que ellos mismos armaron el año pasado con la ayuda del personal de la escuela y sus padres. A dos docentes, Laura Saule y Daiana Canevari, se les ocurrió que sería una buena idea para estimular la observación y el cuidado de la naturaleza desde muy temprana edad.

Fue luego de que una capacitadora de ciencias naturales se refiriera a las mariposas como un tema atractivo para promover esas habilidades entre los tres y cinco años. El año pasado, Saule, que ahora es directora del establecimiento, se anotó en el curso de diseño de jardines de mariposas que dicta en el Jardín Botánico Soledad Mesía Blanco para fomentar su reintroducción urbana.

"Con la información más precisa, nos planteamos armar el jardín con una colega de las salas de tres años del turno mañana y tarde. Se lo propusimos a los padres de los chicos y nos ayudaron a podar el lugar para tener más luz solar", recuerda Saule. "Con los chicos plantamos semillas de caléndulas y otras plantas nutricias y hospederas. Y así, de pronto, empezaron a aparecer las mariposas para alimentarse. Ahora, están entre los chicos constantemente".

Así, a los tres años, los chicos aprendieron a observar ejemplares adultos mientras comen, a encontrar a las orugas, descubrir los huevos o identificar especies sin ayuda de los docentes. "La capacitadora de lengua nos señaló la importancia para aprender a leer y escribir de esa observación minuciosa y paciente que incorporaron los chicos", comenta Saule.

Los docentes les regalaron plantas silvestres a los padres para que también atraigan mariposas a sus casas. Y ya se acercaron maestras de otros jardines de infantes para replicar la idea, que tiene otro efecto positivo: "Los chicos dejan de pasar tiempo en casa con la computadora y los videojuegos. Los estimula a estar al aire libre y observar la naturaleza con paciencia y concentración, algo que sin duda les servirá más adelante", dice la docente.

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