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Risas en un diálogo por momentos surrealista

A Rajoy le divierte que los argentinos llamen gallegos a los españoles
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8 de abril de 2018  

MADRID (De nuestra corresponsal).- En la distancia corta, Mariano Rajoy, de 63 años, casi dos metros, gallego y presidente del gobierno español desde 2011 sorprende por el humor y la cordialidad. Es de las personas que celebra los chistes ajenos.

Se lo ve distendido y atento durante la charla con LA NACION, pese a que tiene la agenda atiborrada y esta semana, precisamente, no han dejado de lloverle los problemas. "Bah.. lo de siempre", dirá, relativizando la rutina.

Acomoda la cita en un espacio entre el final de una reunión de gabinete y el momento de partir de viaje a Sevilla para una acalorada convención de su partido. "Tenemos algún que otro problemilla", sonríe, sin alarmar demasiado.

El diálogo, por momentos, es surrealista. Transcurre en una recorrida entre su despacho del Palacio de la Moncloa, el balcón -desde el que se ve un bonsái de los que dejó Felipe González-, las escaleras y la puerta del auto que lo llevó a la estación de tren. "Lo que no llegue a contestar te lo envío luego desde el vagón", dirá. Y cumplió.

Ni los cambios de escenario ni las indicaciones del fotógrafo -"para acá, presidente, ahora mire para allá"- le hacen perder el hilo de la charla.

Tampoco cuando él mismo se detiene en el origen de alguno de los objetos de su despacho. Hay fotos con el Papa, con la alemana Angela Merkel, con el francés François Hollande, con los expresidentes españoles.

Pero, de todas ellas, exhibe la que retrata, en junio de 2014, el momento en que el emérito rey Juan Carlos le entrega su abdicación. Es el único presidente al que le ha tocado vivir eso.

Hay también unas flores que le hicieron llegar desde Galicia su mujer y sus dos hijos, y que ocupan claramente el centro de la habitación.

Está feliz con su viaje a la Argentina, donde llegará mañana en una misión oficial. "Yo, encantado con que allí les digan gallegos a todos. ¡Cómo va a molestarme si soy de Santiago de Compostela!", dirá.

El presidente español desembarcará en Buenos Aires acompañado de una delegación de empresarios españoles para participar en un seminario sobre oportunidades de inversión. Vincula el viaje de los empresarios con las reformas que impulsó Mauricio Macri.

Rajoy no se cansa de subrayar el vínculo entre geografías y recuerda que hay calles con los nombres de los presidentes Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa en pueblos gallegos.

Un dedo roto

Llega a la charla con LA NACION con un dedo fisurado y un vendaje que lo obliga a saludar con la mano izquierda. "Se me desacomodó durmiendo", explica.

-Presidente... nadie debe dormir como usted.

-Pues sí. Y le diré que dormir bien es muy importante.

De otros pasos por la Argentina, el presidente español recuerda las ballenas que vio en Puerto Madryn y la amistad que forjó con Macri a partir de 2004, cuando el entonces jefe de gobierno porteño lo acompañó en un acto proselitista con la comunidad española. Con ella, también, se encontrará en esta visita.

"Mucha gente entrañable", dice. Como quien llega a casa.

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