Otro problema de tránsito

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8 de abril de 2018  

Muchos lectores llaman la atención sobre la desaprensión de numerosos ciclistas que recorren a diario la ciudad. A simple vista, su número ha aumentado notoriamente desde 2009 cuando el gobierno de Buenos Aires, apoyando esta forma de transporte ecológico, saludable, económico y práctico, inició el proceso de introducción de ciclovías protegidas que hoy alcanzan ya los 195 kilómetros de tendido.

La calle es hoy una jungla donde muchas veces solo parece regir la ley del más fuerte. En este escenario el aumento de la cantidad de ciclistas urbanos suma un nuevo dolor de cabeza y dispara nuevas ocasiones para episodios que ponen en riesgo la integridad física de las personas.

El diseño de un entramado de carriles para bicicletas por calles secundarias se ha extendido en el mundo, reduciendo la contaminación ambiental. En muchas calles porteñas se cuestiona que dejen un solo carril vehicular disponible siguiendo la tendencia que busca desalentar el uso del automóvil particular en la ciudad. Pero el futuro ya está aquí y hemos de adecuar las normas para que las nuevas realidades estén contempladas y reglamentadas. Garantizar al ciclista un sistema seguro y rápido de transporte luce valioso siempre y cuando no lo exima del respeto a las reglas mínimas de convivencia. Son muchísimos los que circulan por dentro y fuera de ellas con total desaprensión, sin el casco obligatorio, el timbre o la iluminación para ver y ser vistos, amparándose impunemente en el anonimato.

Otro capítulo importante es el que se refiere al uso de auriculares, que reducen la posibilidad de oír un grito o una advertencia desde el volante de una bicicleta. Ni hablar de los intrépidos ciclistas que pueden incluso soltar el manubrio para leer mensajes en la pantalla de un celular.

Hay, además, muchos que se arrogan también el derecho de circular libremente, e incluso a altas velocidades, por las veredas, matoneando a quienes se les interponen en el camino. Otro peligro es que, dado que las ciclovías son de doble mano, lleguen a las esquinas desde la dirección contraria al tráfico ignorando frecuentemente los semáforos, para terror de peatones que sorpresivamente se ven amenazados desde ambos sentidos por bólidos de dos ruedas, cuando se supone que las luces les habilitan el cruce a pie: sobre una fila de autos detenidos cediendo el paso, nunca falta un ciclista que arremete contra el rojo del semáforo, sintiéndose impunemente eximido de sus obligaciones. Los mal llamados accidentes, en tanto que pueden evitarse, se repiten hasta el hartazgo.

Urge consensuar un sistema de normas que contemple situaciones como las reseñadas y tantas otras para controlar y castigar a quienes no las respeten y disminuir la siniestralidad ciclista, pues en lo que va del año ya fallecieron tres. En el marco de la planificación urbana, el gobierno de la ciudad ha preparado un Manual del Ciclista ( http://www.buenosaires.gob.ar/ecobici/pedalea-seguro/manual-ciclista) que incluye consejos de seguridad y convivencia en las calles. Sin embargo, entendemos que resulta insuficiente por lo acotado de su alcance. No pueden continuar demorándose campañas masivas para concientizar a la población sobre los deberes y derechos de todos en estas nuevas realidades.

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