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Los Fabulosos Cadillacs se despidieron en el Luna Park ante un estadio lleno

Vicentico y Sr Flavio en el último show de Los Fabulosos Cadillacs por un largo tiempo
Vicentico y Sr Flavio en el último show de Los Fabulosos Cadillacs por un largo tiempo Crédito: Ignacio Sánchez
Gabriel Plaza
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8 de abril de 2018  • 03:32

El cierre de la gira del disco La salvación de Solo y Juan tiene sabor a despedida para Los Fabulosos Cadillacs. Unos días antes Flavio Cianciarullo había adelantado en su cuenta de Instagram: "Se termina un ciclo. Dejaremos de tocar por mucho tiempo, no sabemos precisar cuánto". Un tema antes de tocar la ultima canción del concierto Vicentico agita las manos en señal de despedida y agradece: "Nos han hecho muy felices. Gracias y hasta siempre". Parecen señales inequívocas aunque el público no responde con melancolía. Saben que para los Cadillacs un adiós en realidad es un hasta luego.

Suena "Yo no me sentaría a tu mesa", la ultima canción del show. Es el último tema de una larga etapa de giras y la grabación de la ópera rock La salvación de Solo y Juan que fue uno de sus trabajos más ambiciosos a la fecha.

La masa de público se agita ahora con la intensidad de ese frenético ritmo ska que deriva en un cántico de cancha. Flavio toma el mando del escenario y el micrófono. Deja el bajo, pasa al frente y pone el pie sobre el monitor. Mira a su público, a parte de ese público que los acompaño más de tres décadas y a otros que se fueron sumando a lo largo de doce discos. Todos cantan: "Por más que quieras sacarnos de nuestro lugar. Y pienses que solo somos un puñado de idiotas. No no podrás quitarnos lo que hicimos ya. Ahora somos más hermanos que antes".

La canción grabada en 1987 para el disco Yo te avisé, suena a reivindicación y gloria en esta toma final del show en el Luna Park. Pasó el tiempo y ese grupo de amigos, no solo se convirtió en una banda referente del rock argentino y America Latina que hizo historia, sino que conserva su fuego inicial.

A pesar de la idea de despedida, el show del Luna Park tuvo momentos más festivos que nostálgicos, aunque con ese sabor agridulce que dejan las resacas. El grupo pasó musicalmente por todas sus etapas: ska, punk, hardcore, dub, reggae, ritmos latinos y canción pop. No solo incorporó canciones icónicas de su repertorio -"Mi novia se cayó en un pozo ciego", "El genio del dub", "Manuel Santillán, el león", "Siguiendo la luna", "Matador", "El satánico Dr Cadillac"- sino que ofreció perlas olvidadas para sus fans de la primera hora como "Siempre me hablaste de ella", "Muy muy temprano" y "Te tiraré del altar".

Hay sabiduría en la banda. Pueden pasar del formato de grupo hardcore, sin perder el espíritu adolescente, en "Caballo de madera" al de una orquesta latina en "Vasos vacíos" para desatar la fiesta colectiva. Pero los Cadillacs demuestran que no son una banda del pasado, aunque lo citan en la evocación a Sumo, sino que son puro presente. Suenan brillantes, sofisticados y experimentales en el bloque de canciones de La salvación de Solo y Juan. Parece otra banda y esa es su carta ganadora. Son muchas bandas en una sola.

No hay solo postales musicales sino emotivas durante el concierto. Los cruces cómplices entre Vicentico y Flavio que se reproducen en espejo en los movimientos de sus hijos Florian y Astor reflejan el espíritu de hermandad que reina en el grupo. La foto familiar se completa cuando Valeria Bertucelli sube a realizar el recitado de "Saco azul". La gente la saluda como una integrante más. El resto de los integrantes originarios Mario Siperman en teclados, Fernando Ricciardi en batería, Sergio Rotman en saxo y Dani Lozano en trompeta, también dan un paso adelante. Incluso aparece Vaino en la guitarra. Todos reciben la ovación merecida. Al final, la familia esta unita.

La familiaridad se extiende al público. Vicentico los trata como si fueran hermanos menores cuando encara uno de los momentos más catárticos del concierto en "Mal bicho". "Hagan un poco de silencio pelotudos", dice después de insistir varias veces que hagan silencio. Hasta pide que se pongan de rodillas para elevar un rezo. Algunos lo hacen. Otros aprovechan para cantar en contra de Macri el cántico de cancha que se popularizó en otros shows. Después si deviene la frase final de la canción donde todos repiten como un mantra: "Yo no voy. A la violencia. A la injusticia.Y a tu codicia. Digo no, digo no, digo no, digo no, digo no"

La conexión entre el público y las canciones de las Cadillacs son el otro cincuenta por ciento del concierto. En "Demasiada presión", la banda y y el público encuentran la pócima de la juventud eterna en la frase: "Quisiera volver el tiempo atrás, pero lo que vuelve es esta noche y nada más"; y desahogan las penas junto a Vicentico cuando cantan en "Manuel Santillán, El León": "van al mar van al mar, llanto dolor, sufrimiento de un pueblo, se ahogan en el mar". En cambio, en "Carnaval toda la vida", en el tramo final del concierto el público empieza a sentir el sabor de la despedida. Entonces ya no canta junto a Vicentico sino que parece usar la letra de la canción como un ruego a la banda:"Y se va pasando el tiempo y que la vida se te va, solo te pido que vuelvas de verdad y que el silencio, se convierta en carnaval". Será el adiós, un hasta siempre o un simple hasta luego.

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