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Teatro

Mientras lucha contra una enfermedad, Pablo Alarcón encaró un especial proyecto

Alejandro Lingenti
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9 de abril de 2018  

Cualquiera que viaje con cierta regularidad en el subte porteño se ha encontrado alguna vez con artistas callejeros que sorprenden por su talento. Que eso le ocurra a Pablo Alarcón puede tener una repercusión especial. De hecho la tuvo: en el elenco de Band Bang!!, el singular espectáculo que dirige el experimentado actor y tiene tres funciones semanales en El Cubo, hay actores y músicos que habitualmente trabajan "a la gorra" compartiendo escenario con profesionales más habituados a ese tipo de desafíos. "Este país te obliga permanentemente a salir de la zona de confort -justifica Alarcón-. Estamos haciendo una clase de espectáculo del que no hay antecedentes acá. Hay una compañía rusa y una alemana que hacen algo similar, pero en la Argentina no hay algo parecido. Es un teatro gestual, mudo. Yo le agregué una banda musical y unas máscaras muy llamativas. Lo estuve armando durante tres años y estoy feliz con el resultado".

Band Bang!! combina circo, musical, danza y elementos de cómic. Además de autor y director, Alarcón es uno de los protagonistas del espectáculo: en escena aparece tocando la concertina, acompañado por Miguel Ángel Sánchez, Javier Benítez, Juan Eguiguren, Mariano Frumento, Marcos Rodríguez, Ernesto "Corcho" Segal y su propia hija, Agostina Alarcón. "Ella tiene 23 años y ya es una muy buena acróbata -señala Pablo-. Es la primera vez que trabajamos juntos y la verdad es que lo vivo como una aventura. Ella me pidió estar y yo le pedí que hiciera audiciones, como cualquiera, porque su rol lo exigía. Lo hizo y entró al grupo. Tenemos muy buena relación, de hecho vive conmigo. Es muy prolija, muy profesional y muy trabajadora".

La línea argumental de la obra tiene dos vertientes, una más relacionada con la intimidad y otra que pone el foco en el contexto social: "Es una reflexión sobre distintas etapas de la vida -la niñez, la adultez, la vejez y la decrepitud- y también con aquello que nos afectó por vivir en un país en el que pasaron muchísimas cosas: en los 70 teníamos que dejar de bailar cuando escuchábamos la explosión de alguna bomba y después sufrimos un golpe de Estado. Todo eso nos afectó personalmente y como sociedad".

"Es la primera vez que trabajamos juntos (con su hija) y la verdad es que lo vivo como una aventura. Ella me pidió estar y yo le pedí que hiciera audiciones, como cualquiera. Lo hizo y entró al grupo"
"Es la primera vez que trabajamos juntos (con su hija) y la verdad es que lo vivo como una aventura. Ella me pidió estar y yo le pedí que hiciera audiciones, como cualquiera. Lo hizo y entró al grupo" Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Alarcón vivió de cerca el terror de aquella época oscura del país y, luego de un inquietante incidente, tuvo que exiliarse: "Con Rubén Stella y Martín Adjemian estábamos preparando una película sobre un torturador. Por desgracia los militares se enteraron -recuerda-. Un día llegué a mi casa con mi pareja de entonces, Mónica Jouvet, y vi que dos Ford Falcon estaban estacionados cerca de la entrada. Los tipos se metieron a la fuerza en mi departamento, que estaba en el segundo piso, revisaron todo y cuando pensé que nos llevaban, uno me preguntó: "Perdón, ¿vos no sos el que labura en la tele?". Le contesté que sí, que me llamaba Pablo Alarcón y que trabajaba en una telenovela y ahí cambió todo. "Si le digo a mi mujer que estuve con vos y no te pedí un autógrafo, me mata", me dijo él. Me habían ido a buscar porque había hecho unos trámites para producir la película con mi nombre verdadero, que es Rodolfo Marabotto. Me salvó el nombre artístico. ¡Y le terminé firmando un autógrafo al tipo que había venido a secuestrarme!".

Después de ese mal trago, Alarcón se fue a Italia, donde sobrevivió un tiempo como vendedor callejero de artesanías. Volvió recién en 1979, cuando ya había averiguado que no estaba en ninguna lista negra. Hoy ve la política con cierta desazón: "Ya no confío en nadie. Tengo una mirada muy severa del mundo de la política, a pesar de que vengo de una familia de militantes que incluso tuvo que lamentar tres desapariciones durante la dictadura. Hoy veo una insensibilidad muy notoria y cosas inexplicables: ¿por qué un juez no paga impuesto a las ganancias y los diputados se aumentan sus propios sueldos sin control? Igual no me parece que sea un tema exclusivo de la Argentina. Hay un problema sistémico en todo el mundo. La Argentina es un país rico muy mal administrado".

Ya instalado de nuevo en su país, trabajó mucho en televisión (desde los años 80 hasta la actualidad, en programas como Rosa... de lejos, Una escalera al cielo, Herencia de amor, Duro como la roca, frágil como el cristal, Regalo del cielo, Matrimonios y algo más, Sos mi vida, entre tantos otros), un medio que conoce con tanto detalle como para permitirse una evaluación crítica, sobre todo del presente: "Cuando empecé había poca ficción, y técnicamente aquellos programas eran inferiores a los que se hacen hoy. Para sacar una cámara a exteriores había que hacer todo un despliegue. Pero había algo que hoy no veo: productores y autores de peso, gente que se hacía responsable de la calidad del producto. Salvo por excepciones como El marginal o Un gallo para Esculapio, el nivel de las producciones nacionales ha caído mucho. Las telenovelas son imbancables, sobre todo porque los libros son muy flojos, el acento está demasiado puesto en el diálogo, más que en las situaciones, no hay pausa, es todo a mil por hora, y se hablan banalidades. En una telenovela colombiana o brasileña podés encontrar a un personaje citando a Milan Kundera o hablando de las teorías de Freud. Acá es imposible encontrar algo así. No hay gente como Alberto Migré, que era un autor increíble, o Alejandro Romay, que producía en primera persona: iba al estudio, empujaba y controlaba, en el mejor sentido de la palabra".

"Trato de tomarme las cosas con calma. Hace cuatro años que me vengo recuperando de una enfermedad, algo que me hizo tomar mayor conciencia de la fragilidad de la vida"
"Trato de tomarme las cosas con calma. Hace cuatro años que me vengo recuperando de una enfermedad, algo que me hizo tomar mayor conciencia de la fragilidad de la vida" Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Hoy, la vida de Alarcón es mucho más relajada que la de hace unos años: está concentrado en conseguir que Band Bang!! funcione bien y pasa mucho tiempo en su casa, leyendo y escuchando música. Sigue rigurosamente un tratamiento que le prescribieron para enfrentar un problema de salud que lo preocupa desde hace unos años y mantiene su relación sentimental con Lucía Galán, la famosa cantante de Pimpinela, que lleva ya casi una década. "No tengo la llave de su casa ni ella tiene la de la mía -confiesa-. Siempre es difícil estar en pareja. Cuando uno quiere que el otro lo complete, que le dé lo que le falta, las cosas se complican. Trato de tomarme las cosas con calma. Hace cuatro años que me vengo recuperando de una enfermedad, algo que me hizo tomar mayor conciencia de la fragilidad de la vida y me enseñó a enfocarme en las cosas verdaderamente importantes: mi salud, mi vida privada, mis afectos".

Dónde y cuándo ver Band Bang!! Viernes y sábados, a las 21; domingos a las 17. El Cubo, Zelaya 3053. Entradas, $250.

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