Abuso sexual infantil: una tarea urgente para el futuro defensor del niño

La opinión de cuatro candidatos sobre cómo abordar esta problemática
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9 de abril de 2018  

Buscar maneras de llevar justicia y reparación a las víctimas de abuso sexual infantil será una de las tareas del defensor del niño de la Nación cuando finalmente sea nombrado, algo que se espera suceda este año. El puesto está vacante desde 2006 y se le suman 19 provincias donde tampoco fue designado. "La Argentina hoy tiene infancias fragmentadas, distintas según las provincias; en algunas está más protegida, en otras, no tiene ni voz ni voto", sostiene la diputada Carla Carrizo, titular de la comisión bicameral encargada de seleccionar a uno de los 68 postulantes para ejercer la defensoría nacional.

En diálogo con LA NACION, cuatro candidatos opinaron sobre cómo mejorar el abordaje del abuso infantil, destacando la escasa formación de los operadores judiciales y la necesidad de garantizar el derecho del niño a ser oído.

El foco en la Justicia

Marisa Herrera, especialista en derecho de familia e investigadora del Conicet, resalta la urgencia de trabajar en políticas de prevención, donde destaca el rol y la capacitación de los docentes, por ser la escuela uno de los principales lugares para detectar los abusos. También subraya el trabajo que debe hacerse para, una vez en el ámbito judicial, no revictimizar a los chicos.

Nora Pulido, coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencia, considera que un gran desafío es capacitar a los funcionarios judiciales. "En los expedientes de abuso vemos de qué manera actúan no solo los jueces, sino los equipos técnicos de los juzgados, encargados de oír al niño", sostiene Pulido. "No son escuchados, no es tenido en cuenta lo que dicen. Es un problema gravísimo", advierte la candidata. "En esa encrucijada estamos en el Poder Judicial y el defensor tiene mucho que decir", concluye.

Juan Facundo Hernández, abogado orientado en derechos humanos y también parte del Colectivo de Derechos de Infancia, insiste en el desinterés por la voz de la víctima. "Un chico de 4 o 5 años, aunque la cámara Gesell donde lo entrevisten esté acondicionada, algo que no siempre pasa, difícilmente le cuente mucho a una persona que vio dos o tres veces", indica. En cambio, señala que "en un espacio de terapia, ante un profesional que está matriculado y obligado a decir la verdad, o en la escuela, ese chico sí puede contar muchas cosas, y sin embargo no se tiene en cuenta en sede judicial".

Para Laura Musa, exdiputada y directora de la Fundación SUR, "que el niño sea oído es que lo sea sustancialmente, y para eso hay que tener buena escucha y deben estar formados todos los operadores por los que atraviesa el menor, con su silencio primero y con sus complicaciones para comunicarse". Por eso plantea que hay que "exigir rigurosidad a quienes van a estar cerca de los niños y sus dificultades".

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