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El perdón de Mirtha

Carlos M. Reymundo Roberts
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9 de abril de 2018  

Para algunos, el pedido de disculpas por lo de Natacha Jaitt que hizo anteanoche Mirtha Legrand fue insuficiente. Querían más. Esperaban más. A ver. Enfrentando las cámaras, sin medias tintas, dijo que se había equivocado, que había perdido el control de la mesa, que fue su peor programa en 50 años, que asumía su responsabilidad y que pedía perdón. "He sido muy criticada y muy censurada, y con razón", afirmó. Sus disculpas, especialmente a los aludidos por las acusaciones de Jaitt, pero también al público, se repitieron una y otra vez. ¿Insuficiente? ¿Qué más debería haber hecho? ¿Ponerse una penitencia? ¿No volver a pisar un canal de televisión? Pablo Sirvén (el que más y mejor ha escrito sobre toda esta historia, y uno de los invitados a la mesa de anteanoche) dijo que Mirtha asumió su culpa sin llegar a inmolarse. Un economista y agudo observador, con años en la TV, sostiene que el perdón que no es acompañado por un propósito de enmienda mucho no sirve, y que resultaría más creíble si hubiese sancionado de alguna forma a su nieto, Ignacio Viale, aparentemente el mayor responsable de la invitación a Jaitt.

Como esos salvajes huracanes del Caribe, que llevan nombre de mujer, Natacha ha dejado una estela de furia y destrucción.

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