En un nuevo documento sobre la santidad, el Papa responde a sus críticos

Francisco le respondió a sus críticos
Francisco le respondió a sus críticos Fuente: Archivo
Elisabetta Piqué
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9 de abril de 2018  • 07:24

ROMA.- El Vaticano difundió hoy un un nuevo documento de Francisco, la exhortación apostólica "Gaudete et Exsultate" ("Alegraos y recocijaos"), sobre el llamado a la santidad actual, en el que el Papa no solo explica en un lenguaje llano cómo todos pueden ser santos en su vida concreta -sin ser super-héroes- y santos "de la puerta de al lado"-, sino que, además, le responde a los críticos de su pontificado.

"No se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero", asegura sobre la cuestión de los inmigrantes -drama que se ha convertido una prioridad de su pontificado-, al recordar varios pasajes de la Biblia que llaman a no maltratar a los emigrantes, sino a recibirlos.

"Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos", afirma, al reflexionar en el capítulo tercero sobre las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio.

El llamado a la santidad actual del Papa Francisco

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En esta parte también le responde a quienes lo acusan de comunista o populista por su preocupación, desde siempre, por los últimos. Y, metiéndose en cierta forma en el debate sobre la despenalización del aborto que se está dando en su país, advierte que si bien debe ser clara y firme la defensa del inocente que no ha nacido, también debe serla la de los pobres que ya han nacido.

"También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo", indica . "Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte", advierte. "No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente", clama.

De 42 páginas en su versión en español, 177 párrafos y dividida en cinco capítulos, "Gaudete et exsultate", (Alegraos y recocijaos, un pasaje del Evangelio de Mateo) comienza explicando que "el Señor nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada". Francisco aclara asimismo que su nuevo texto "no es un tratado sobre la santidad", sino que su objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades.

"Lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros (...). No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él, y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él", destaca Francisco. "No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. Dios quiso entrar en la dinámica de un pueblo. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad 'de la puerta de al lado'; 'la clase media de la santidad'", escribe el Pontífice en su tercera exhortación apostólica después de "Evangelii Gaudium" (La alegría del Evangelio, documento programático de su pontificado, de 2013) y "Amoris Laetitia", sobre el amor en la familia, de 2016.

El "genio femenino"

En este marco, subraya que el «genio femenino» también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo. "Precisamente, aun en épocas en que las mujeres fueron más relegadas, el Espíritu Santo suscitó santas cuya fascinación provocó nuevos dinamismos espirituales e importantes reformas en la Iglesia. Podemos mencionar a santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Lisieux. Pero me interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas quienes, cada una a su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de su testimonio", apunta.

El ex arzobispo de Buenos Aires -que siendo novicio jesuita le escribió una carta a su hermana menor pidiéndole ser "una santita"-, recuerda que "para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos". "Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra", afirma. "¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales", recomienda.

Gnosticimos y pelagianismo, enemigos de la santidad

En el segundo capítulo del documento, el Papa identifica a dos enemigos sutiles de la santidad: el gnosticismo y el pelagianismo actuales. "El gnosticismo es una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección", denuncia. "Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales", agrega.

En una frase que parece aludir en los sectores ultraconservadores de la Iglesia católica -sólo abiertos a unos pocos y perfectos-, Francisco también recuerda que "aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida". "Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana. Esto es parte del misterio que las mentalidades gnósticas terminan rechazando, porque no lo pueden controlar", critica.

Siempre en un mensaje directo a los que lo acusan de haber creado confusión en la Iglesia, el Papa destaca asimismo que "la doctrina, o mejor, nuestra comprensión y expresión de ella, no es un sistema cerrado, privado de dinámicas capaces de generar interrogantes, dudas, cuestionamientos, y las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones, poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación". "Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Esto ocurre cuando algunos grupos cristianos dan excesiva importancia al cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos. De esa manera, se suele reducir y encorsetar el Evangelio, quitándole su sencillez cautivante y su sal. Es quizás una forma sutil de pelagianismo", denuncia. "Esto afecta a grupos, movimientos y comunidades, y es lo que explica por qué tantas veces comienzan con una intensa vida en el Espíritu, pero luego terminan fosilizados... o corruptos", agrega.

Las Bienaventuranzas, la guía

"«¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas", aconseja por otro lado el Papa en el capítulo tercero. "Ser pobre de corazón, esto es santidad; reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad; saber llorar con los demás, esto es santidad; buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad; mirar y actuar con misericordia, esto es santidad; mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad; sembrar paz alrededor nuestro, esto es santidad; aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad", señala, dando ejemplos concretos.

En el capítulo cuarto, Francisco reflexiona sobre algunas características de la santidad en el mundo actual. Y en nuestro mundo "acelerado, voluble y agresivo", llama a tener "aguante, paciencia y mansedumbre".

"Hace falta luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen", advierte. Y, en una alusión a la cantidad de blogs que lo atacan a diario, destaca que "también los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital". "Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena", lamenta.

El Papa también recomienda para la santidad tener "alegría y sentido del humor", "audacia y fervor", saber vivir en comunidad y estar en oración constante.

En el capítulo cinco, finalmente, recuerda que "la vida cristiana es un combate permanente", contra la mentalidad mundana, nuestras fragilidades y el diablo. Al advertir que si nos descuidamos nos seducirán las falsas promesas del mal, cita una frase del santo cura Brochero: «¿qué importa que Lucifer os prometa liberar y aun os arroje al seno de todos sus bienes, si son bienes engañosos, si son bienes envenenados?».

En este marco, llama al discernimiento, un hábito hoy especialmente necesario. "Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento".

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