Violencia

Fuente: LA NACION
10 de abril de 2018  

"La dama y el caballero". Una antigualla que no cede paso a la ciudadana y el ciudadano. Aún suscita controversia en los templarios de la lengua, una lengua formalizada en el puño de los caballeros, devenidos ciudadanos con la formación de los Estados nacionales, y que, como tales, impidieron a las damas el acceso a la ciudadanía por más de cien años. Por eso, la distinción no es menor ni redundante, mucho menos para esta escultura, cuya zona frontal sufre un desgaste irreparable por el acoso de esos mismos puños. Ni una estatua de bronce, si se atreve a ser mujer, se salva de la violencia en masculino. En la calle Pez, Madrid, la obra del artista Antonio Santín, Tras Julia, es algo más que un homenaje a la primera estudiante de la universidad que funcionó en el edificio donde luce apoyada: detrás de Julia está la persistencia de cada mujer plena, habitando las instituciones y los espacios públicos, dispuesta a no retroceder un milímetro en derechos ni a abandonar pugnas.

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