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La Iglesia chilena no consigue superar las polémicas

El obispo Juan Barros negó haberle enviado una carta de renuncia al Papa
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10 de abril de 2018  

SANTIAGO, Chile.- En Punta de Tralca, apacible balneario costero a 107 kilómetros de Santiago, la Iglesia Católica chilena está pasando por uno de los momentos más tensos de los últimos tiempos. Es en el marco de la Asamblea Plenaria de Obispos de la Conferencia Episcopal, que se inició ayer y se celebra dos veces al año.

La expectativa se centra en los dos principales dolores de cabeza para la curia local: la supuesta carta de renuncia que el obispo Juan Barros -investigado por el Vaticano por encubrir abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima le habría entregado al papa Francisco para dejar la diócesis de Osorno, y la aclaración por parte del arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, sobre sus polémicos dichos respecto al cambio de sexo en menores de edad, parte de la ley de identidad de género que se discutió ayer en comisión mixta en el Congreso chileno.

"No porque yo a un gato le pongo nombre de perro comienza a ser perro", declaró la autoridad religiosa, lo que motivó un rechazo transversal de la opinión pública chilena, con la excepción del excandidato presidencial de ultraderecha José Antonio Kast. El propio presidente Sebastián Piñera aseguró que "comparar una situación que afecta a personas humanas con animales me parece muy poco apropiado".

La jornada, que reunió a 32 obispos en ejercicio, se inició con la llegada de Barros a la Casa de Ejercicios de Punta de Tralca. El cuestionado sacerdote, que despertó duras críticas por participar de las misas del papa Francisco durante su visita a Chile, saludó a los periodistas. "Yo no le entregué ninguna carta de renuncia a monseñor Scicluna declaró, antes de ingresar al retiro-. Siempre uno está tranquilo cumpliendo la voluntad de Dios".

La declaración de Barros de inmediato generó reacciones entre sus críticos más acérrimos, quienes lo ven como un protegido de Francisco. "El llamado a zanjar este asunto es el papa Francisco, No puede seguir demorando más una resolución que debió haber apurado hace mucho tiempo", expuso en conversación con LA NACION Juan Carlos Claret, vocero de la Agrupación de Laicos y Laicas de Osorno, uno de los principales promotores del movimiento que pide remover al obispo de esa ciudad. Según Claret, la carta de renuncia existe.

Una hora más tarde fue el turno de Ricardo Ezzati. El arzobispo de Santiago, de 76 años, declaró que "nunca ha estado en mí el querer ofender a nadie, lo que está en mí es promover la dignidad de cada persona".

Ezzati se retiró luego para iniciar la asamblea, reunión que contemplaba temas administrativos y los ecos de la visita del papa Francisco, pero que deberá también hacerse cargo de los temas espinosos que sacuden a la Iglesia de Chile.

Por Víctor García

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