Una laguna luminosa y 4 lugares más de Jamaica que no te podés perder

Un recorrido para sumergirse en la tierra del reggae y la naturaleza paradisíaca.
Sofía Edelstein
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11 de abril de 2018  • 17:09

Es fácil, y casi por inercia, pensar en Jamaica y en Bob Marley como sinónimos. Muchos asocian a la isla caribeña con su expositor más popular y no se equivocan. Después de pasar algunos días en la tierra del reggae uno hace un click mental en el que entiende con toda claridad por qué nació ahí este género musical: la energía que irradian los jamaiquinos es la materia prima de su ritmo; un espíritu alegre, relajado y conectado con la naturaleza paradisíaca que los rodea. Ellos son conscientes de dónde viven y celebran esa suerte con su música, su comida repleta de sabores y su predisposición optimista hacia la vida y los demás.

El lema nacional de Jamaica es “De muchos, un pueblo” en referencia a sus raíces multirraciales que incluyen a África, Europa y Asia. Su nombre original fue “Santiago”, luego de ser conquistada en 1494 por la España de Colón. Sin embargo, en 1655 pasó a manos inglesas y fue rebautizada “Jamaica”, palabra que significa “tierra de madera y agua” en las lenguas arahuacas, nativas de Sudamérica y el Caribe. A pesar de haberse independizado en 1962, hoy forma parte del Commonwealth británico.

Hay mucho para descubrir en los casi 11 mil kilómetros cuadrados de superficie que ocupa la isla. Acá, cinco lugares increíbles que no hay que dejar de visitar para saborear la esencia de este país tan rico y único en el mundo.

laguna luminosa GLISTENING WATERS

Crédito: Facebook Glistening Waters

En la confluencia del Mar Caribe y el Río Martha Brae, a diez minutos del centro de Falmouth, hay una laguna conocida por ser uno de los pocos lugares en el mundo en que un extraño fenómeno natural ocurre . Cuando el agua se agita, millones de microorganismos reaccionan al movimiento emitiendo una luz de color azul neón.

Esta bioluminiscencia es de las más brillantes halladas hasta el momento, atrayendo a científicos y turistas por igual. Nadar en esta laguna es una experiencia mágica: cada brazada dibuja un halo turquesa en la superficie negra y las manos resplandecen con diminutos destellos. Cuando la oscuridad de la noche es completa, lo único que se ve son las luces intermitentes alrededor de cada nadador, como si fueran auras llenas de misterio.

El lugar cuenta con un hotel, restaurante y bar para picar y tomar algo antes del tour. Éstos se realizan en botes y duran entre 35 y 40 minutos. El precio por adulto es de US$25 y las reservas se realizan a través del sitio web: www.glisteningwaters.com.

IRIE BLUE HOLE

Se trata de un conjunto de cascadas y piletas naturales escondidas en la ciudad portuaria de Ocho Ríos. Rodeado de abundante vegetación tropical, este rincón es un pequeño paraíso verde y, lo que no es menor, muy poco frecuentado por turistas. A través de caminos sinuosos por rocas y escaleras de madera, los guías locales te dirigen hacia distintos miradores y plataformas desde donde te animan a saltar a las piletas turquesas de agua mineral. Hay saltos de mayor y menor altura, perfectos para cualquier tipo de aventureros.

Aquellos menos temerarios pueden disfrutar del spa natural que se encuentra en una cueva de piedra caliza, al lado de una cascada, donde las paredes están cubiertas por un lodo naranja exfoliante. Para llegar es necesario contratar un transfer porque el camino es difícil y requiere de un conductor experimentado. Se pueden reservar en www.itransfertourist.com.

SUGAR POT RUINS

Es una playa que muy pocos conocen, un verdadero tesoro virgen. Cuando el arquitecto belga Josh Van Gorp la encontró, no había más que montones de basura, pero viendo que tenía potencial, se asoció con Dreidre Gayle, un guía turístico jamaiquino con más de quince años de experiencia, y juntos emprendieron la renovación del sitio.

Su nombre deriva del descubrimiento in situ de varias ollas de hierro utilizadas para la producción de azúcar en el siglo XIX. Además de estas reliquias, todavía quedan los restos de un puerto que funcionaba para exportar madera, cocos y azúcar. Hoy, el lugar es un aislado de las multitudes que cuenta con un restaurante y bar donde el menú incluye platos típicos jamaiquinos y pescados frescos. El mar es de un turquesa intenso y bastante manso, con pequeñas olas que rompen en la orilla llena de guijarros. La playa queda a seis minutos en auto del aeropuerto internacional Ian Fleming y la entrada cuesta alrededor de US$5 por persona.

DEVON HOUSE

Crédito: Jamaica Tourist Board

Esta mansión colonial data de finales del siglo XIX y fue construida por George Stiebl, el primer millonario de color. Hijo de una empleada doméstica jamaiquina y un comerciante judío alemán, obtuvo su fortuna en las minas de oro de Venezuela y volvió a su país natal donde compró 99 propiedades.

Crédito: Devon House

Ubicada en Kingston, la casa se puede visitar y pasear por las habitaciones amuebladas con objetos provenientes de Jamaica y la región del Caribe. Incluso hay un ático secreto donde los hombres pasaban el tiempo entre el juego y las apuestas, actividad que en aquella época era castigada por la ley. Los establos, la cocina, la cancha de tenis, la pileta y la pista de carreras originales fueron transformados en restaurantes, una confitería, tienda de souvenirs y hasta una heladería propia que promete los sabores más exquisitos. La entrada cuesta US$7 e incluye un tour y degustación del helado.

KANOPI HOUSE

Crédito: Douglas Lyle Thompson

Cenar en “la casa del árbol” es una posibilidad muy atractiva si estás cerca de Port Antonio, una ciudad costera al noreste de la isla. Kanopi House es un conjunto de cuatro casitas elevadas que se encuentran en medio de la jungla jamaiquina, entre higueras de Bengala, lirios y plantas de bambú. Se jacta de ser un lujo de bajo impacto ambiental, orgánico y verde: los muebles fueron diseñados y hechos a mano por artesanos locales con materiales renovables; los pisos de madera obtenidos de forma sustentable; y ningún árbol fue derribado en la construcción. De hecho, las casas se adaptaron a su entorno natural a tal punto que algunos árboles las atraviesan completamente. La terraza es un mirador único, el lugar ideal para probar los sabores autóctonos.

Crédito: Jet Setter

Laguna y selva conviven como aperitivos visuales perfectos antes de incursionar el menú, que incluye callalú (vegetal de hojas verdes), ackee (fruta roja con semillas negras de gran tamaño), bananas verdes, panapenes, batatas y mariscos y carnes grillados. Las reservas se realizan en www.kanopihouse.com

CÓMO LLEGAR

  • Desde Buenos Aires, Copa y American Airlines vuelan a Montego Bay con escalas desde usd1700.
  • Copa también vuela a Kingston con escalas a partir de usd1450. No se requiere visa para ingresar pero sí el certificado internacional de la vacuna contra la fiebre amarilla.

CUÁNDO VIAJAR

La temporada alta es entre diciembre y marzo, con temperaturas cálidas durante el día y noches frescas. Abril y mayo son los meses ideales para viajar porque la cantidad de turistas disminuye, así como los precios de los alojamientos, y el clima sigue siendo bueno. La temporada baja es entre junio y noviembre porque es época de tormentas y huracanes, aunque en estos meses se realizan los mejores eventos y festivales.

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