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La muerte como medio para manejar los negocios espurios

Germán de los Santos
Germán de los Santos PARA LA NACION
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10 de abril de 2018  

Las historias que salpican a la banda Los Monos están manchadas de sangre. Y forman parte de un engranaje que este grupo aceitó al "colectivizar" los crímenes, que hicieron visibles las biografías de estos hampones ligados a la narcocriminalidad que se mantuvieron impunes durante más de una década.

Ayer los dos líderes de la banda recibieron duras condenas. Ramón Machuca, alias Monchi, y su hermanastro Ariel Máximo Cantero, Guille, estarán tras las rejas por mucho tiempo, pero seguramente seguirán manejando desde sus calabozos los hilos del grupo narcocriminal, como hoy investiga la Justicia Federal.

La causa que los Cantero enfrentan en ese fuero se originó cuando se descubrió que por medio de teléfonos celulares y fijos, y a través de sus parejas (que estaban libres), manejaban las redes que los llevaron a dominar parte del territorio narco rosarino.

Los Monos montaron un negocio millonario a partir de la producción y venta de una cocaína barata adaptada al mercado popular. Inventaron un modelo de negocios con la diseminación de más de 200 búnkeres para vender esa droga y protegerse de sus competidores con construcciones blindadas, a la vista de todos, incluso de la policía, su principal aliada.

La extrema violencia que diseminaron por Rosario, sobre todo tras la muerte del exlíder del clan, Claudio "Pájaro" Cantero, el 26 de mayo de 2013, siempre fue un medio para mantener el negocio del narcotráfico. La muerte fue parte fundamental del engranaje de la empresa, que funcionaba de manera aceitada a partir de las complicidades con la policía que el grupo tejió durante su vigencia.

Los crímenes servían para demarcar el territorio. Por ahora solo les probaron cinco homicidios, pero a lo largo de la actividad de Los Monos los asesinatos se apilaron de a decenas. En conversaciones telefónicas y videos de los miembros de la banda la muerte aparece como banal, cotidiana. Como cuando un policía le cuenta a Guille Cantero el resultado de un ataque a balazos: "Siete en el blanco. Dos en el chope, dos en la zapán, dos en el brazo, uno en la pierna". Y él contesta: "Buenísimo".

La banda gozó de un beneficio extra: la Justicia Federal la empezó a investigar en noviembre de 2015, días antes del recambio de gobierno. La única causa que los puso contra las cuerdas fue la que se gestó en el fuero provincial, donde se los acusó de asociación ilícita. La pesquisa no estuvo exenta de irregularidades y sospechas; como cuando el polémico juez Juan Carlos Vienna -que la impulsaba- fue fotografiado en dos peleas de box en Las Vegas con el empresario Luis Paz, un fuerte rival de los Cantero.

Hasta entrada la última década los Cantero eran una banda de delincuentes bravos, pero de poca monta. Surgieron en La Granada, un asentamiento que se gestó meses antes del Mundial 78, cuando los militares subieron en camiones a los pobres que no debían ser vistos y los depositaron en la frontera sur de Rosario. Allí se formó un barrio con calles con nombres de flores, pero despojadas de poesía.

La causa descubrió el velo y exaltó de manera casi mitológica la historia de un grupo mafioso que con un amplio despliegue territorial ganó dinero y poder. Montados en la expansión de la demanda de cocaína, los Cantero pasaron de galopar a caballo a andar en autos importados y a construir una mansión con una pileta con la forma del ratón Mickey. Ayer se cerró un capítulo; lo que sigue son las investigaciones por narcotráfico y lavado de dinero.

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