Nombres propios: historias mínimas que reflejan al fenómeno Godoy Cruz

El equipo mendocino trepó al segundo lugar tras golear a San Lorenzo
El equipo mendocino trepó al segundo lugar tras golear a San Lorenzo Fuente: Télam
Alberto Cantore
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10 de abril de 2018  

Los números señalan que es el equipo de 2018, pero cerrarse en las frías estadísticas sería realizar una mirada corta del presente de Godoy Cruz. Nadie en la Superliga sumó tantos puntos en los 11 partidos que se disputaron, desde que se reinició el certamen, tras el receso veraniego: con 26 unidades lidera esa tabla de posiciones virtual, producto de ocho victorias, dos empates y un tropiezo; el primer escolta sería Boca, a seis puntos. Sí, las ubicaciones se enrocarían entre los mendocinos y los xeneizes. En el sprint final, un hilo de cinco triunfos, con la goleada histórica sobre San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro, hizo fijar las miradas en este plantel que enseña madurez, simpleza para jugar, un libreto bien aprendido y una vocación innegociable por el arco rival. Sellos que impuso Diego Dabove, prácticamente un desconocido para el medio, una apuesta de los dirigentes, después de la salida del entrenador uruguayo Larriera. Una elección que se apoyó en la tarea de quien empezó en el fútbol como guardavalla, luego se convirtió en entrenador de arqueros y arribó a Godoy Cruz en enero de 2017 para desempeñarse como director técnico de la Reserva, durante el ciclo que comandó Lucas Bernardi. "Conocer el club, el pensamiento de quienes dirigen, a los juveniles, me ahorró tiempo. El objetivo era seguir creciendo como institución y en lo futbolístico sostener lo que se presenta como el proyecto: promover futbolistas, invertir en nombres que no tienen cartel y que exploten en Godoy Cruz?", le comenta Dabove a la nacion. Lo explica con sencillez quien, cuando tomó el control, se impuso como meta acceder a los puestos que clasifican a la Copa Sudamericana 2019 y ahora es el más cercano perseguidor del puntero Boca. A los 45 años, en su segunda experiencia como DT, este banfileño que se crió en el club Lanús es el cerebro del modelo y encontró en nombres como Santiago Morro García, Guillermo Pol Fernández, Juan Juanfi Garró y Leonardo Cachorro Burián a cuatro columnas sobre las que se apuntala la estructura.

Jerarquía y poder de fuego

La cinta de capitán en el brazo izquierdo no le cambia el semblante, el Morro García no necesita del brazalete para ser un distinto. El delantero reencontró en Godoy Cruz, donde arribó en 2016, el virtuosismo y el desparpajo con el que irrumpió hace 10 años en su amado Nacional, de Uruguay. Con el ecuatoriano Jaime Ayoví como acompañante ofensivo le dio forma a una delantera que combinaba juego y contundencia. Tanto que Talleres, de Córdoba, se fijó en sus condiciones y estaba dispuesto a incorporarlo, aunque terminó por desistir de la operación. ¿La razón? No pasó la revisión médica, fue el comentario que se utilizó como argumento en la Docta.

El Morro no se intranquilizó y como respuesta estampó el gol para el triunfo 2-1 sobre la T, en 2017. No fue un año sereno aquel, la balanza fue siempre un histórico enemigo y motivo que lo llevó a enfrentarse con el entrenador Bernardi, quien lo mandó a entrenarse con la Reserva; hoy, en cambio, disfruta, es el goleador con 11 festejos del equipo y uno de los dos artilleros de la Superliga, junto con su compatriota Sebastián Ribas (Patronato). Idolatrado por los hinchas, dice que el trabajo es la herramienta para este excelente presente de Godoy Cruz. "El equipo levantó el nivel, también nos hicimos fuerte de visitante y esos puntos son los que nos llevaron a este lugar. Mi objetivo son los goles, pero tienen que ayudar al equipo. Veremos al final del torneo para qué estábamos", dice quien a comienzos de año fue pretendido por Atlético Tucumán y Nacional.

El titiritero de Granadero Baigorria

Una de las tantas joyas que los clubes denominados grandes no aprecian o se permiten lucir, porque la inmediatez por los resultados empuja a la contratación de apellidos rutilantes. Guillermo Pol Fernández era una de las promesas que exhibía Boca, aunque no logró afianzarse, no tuvo el espacio ni las oportunidades. Hace tres temporadas arribó a Godoy Cruz, después de deambular por Rosario Central y Atlético de Rafaela. Con 26 años, es el eje futbolístico del equipo que conduce Dabove, el que interpreta el libreto y combina con el Morro García, Juanfi Garro y Ángel González para que los bodegueros lastimen al rival. "Me ilusiona volver a jugar la Copa Libertadores", comenta el volante, aunque no se conforma con lo que logró el equipo a falta de cinco jornadas. "Acá no hay grandes figuras, pero en los últimos años se lograron cosas importantes: se puso al club en un lugar donde nunca antes estuvo", resalta, quien en los días de Sebastián Méndez tuvo también un pico de rendimiento y se lamenta por aquella oportunidad desperdiciada de jugar la final del campeonato (fue segundo, a un punto de San Lorenzo, que luego cayó en el partido definitorio con Lanús). "Sí, se nos escapó por muy poco; hoy estoy más maduro, disfruto y siento que mis compañeros confían mucho en mí".

Un producto genuino del proyecto

Debutó en 2011, con 19 años. Hoy, ocho temporadas después, es el socio ideal del Morro García, con el que tiene un entendimiento natural. Juan Garro es uno de los ejemplos del proyecto de Godoy Cruz, ese que primero busca las alternativas en las divisiones inferiores y recién después sale al mercado de pases. Desequilibrante en velocidad, Juanfi maneja los dos perfiles y en la goleada sobre el Ciclón dejó su huella en el último festejo: superó en la corrida a Salazar y con una asistencia precisa le posibilitó a García sellar el triunfo y convertirse en uno de los goleadores del torneo. Pero no siempre el camino fue llano para el atacante, muy criticado en su momento. Tuvo la fortaleza y la ayuda para encontrar el rumbo. "Son cosas que duelen, ahora uno entiende que el fútbol es así de duro y no queda otra que trabajar. En ese momento me aferré a mi familia, a la gente del club y al psicólogo; hoy,aquella mala experiencia es algo del pasado y disfruto jugar", relata Garro, que no quiere ir más lejos de lo que manda el calendario: "Ya estamos en puestos de Copa Libertadores, cuando arrancamos el año veíamos ese objetivo como lejano".

De tener un pie afuera a estandarte

En los últimos días de 2017 la continuidad de Leonardo Burián no estaba tan clara. Con seis meses de contrato por delante, el representante Sebastián Morquio tenía una oferta de Liga Deportiva Universitaria de Quito y pretendía que Godoy Cruz hiciera uso de la opción de compra o que liberara al arquero. El uruguayo se mantuvo ajeno a las diferencias y decidió apostar al ciclo Dabove. Pedido cuando Larriera asumió la dirección técnica, las presencias de García y de Felipe Rodríguez, dos compatriotas, fueron determinantes para firmar con los tombinos. "Tuve mi tiempo de adaptación, porque venía sin actividad y la Argentina es una liga competitiva y emocionante: cualquiera le puede ganar a cualquiera, eso no siempre pasa en otros países, así que lograr una racha de victorias como la que armamos ahora no es sencillo. No nos podemos relajar, porque así como ahora estamos disfrutando del segundo puesto, son seis los puntos que nos dejan afuera de la próxima Copa Libertadores", analiza el guardavalla, de 34 años. Los inicios no fueron los mejores, pero la fuerte mentalidad y la experiencia no le hizo perder el foco: "Tengo la confianza de todos, aunque es un puesto ingrato, la clave es no bajar la cabeza y crecer como futbolista y como persona", aconseja quien en los últimos cinco partidos apenas recibió dos goles.

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