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En homenaje a Bernardo Houssay, hoy se celebra el Día de la Ciencia y la Técnica

Se recibió de farmacéutico a los 17 años, de médico a los 21 y fue el primer premio nobel latinoamericano
Se recibió de farmacéutico a los 17 años, de médico a los 21 y fue el primer premio nobel latinoamericano
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11 de abril de 2018  • 01:03

(Télam) El 10 de abril de 1887 nacía en Buenos Aires Bernardo Houssay, en cuyo homenaje se celebra hoy el Día de la Ciencia y la Técnica. Luego de concluir la escuela primaria en apenas dos años, el joven Houssey se recibiría de Bachiller a los 13 años, sería farmacéutico a los 17 y recibiría su diploma de médico a los 21 años, preanunciando lo que sería su exitosa carrera como investigador.

Bernardo comenzó sus estudios primarios a una temprana edad, motivado y estimulado por su madre, quien despertó en él un gran interés por los libros. Disfrutó de la gran biblioteca paterna desde muy pequeño. Comenzó la escuela primaria y sin dificultades continuó rindiendo exámenes para terminarla en tan sólo dos años. A la edad de 13, se recibió de Bachiller en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

A sus 14 años, decidió continuar con sus estudios universitarios, pero al no poder ingresar en la carrera de Medicina por su corta edad, se anotó en la Escuela de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, obteniendo su título de Farmacéutico con solo 17 años. En 1901 fue nombrado ayudante de fisiología en el Hospital Francés, y unos años más tarde, en el Hospital de Clínicas, como interno.

Su casa paterna, donde vivía, quedaba a 90 cuadras del Hospital Francés, y él realizaba este recorrido a pie, dos veces por día, memorizando la cartelería de las cuadras, ejercitando así su memoria y como ejercicio para mantenerse en buen estado físico. En 1904, decidió pagarse la carrera de Medicina, que finalizó en el año 1910, en la Universidad de Buenos Aires a sus 23 años.

Cuando tenía 21 años, antes de graduarse de médico, fue designado profesor de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires, aceptando ese cargo con la condición de tener dedicación exclusiva a esa tarea.

Deportista por lo bajo

Un aspecto poco conocido de este joven prodigio era su pasión por el deporte: integró el equipo de fútbol de la Facultad de Medicina, y también fue ganador de diversas medallas de remo, representando a la Universidad de Buenos Aires. Tenía un buen estado físico, era veloz y con una gran resistencia, y se destacó como atleta en el Torneo Universitario, ganando carreras de 800 metros. Representó a la Asociación Atlética de Medicina participando en el equipo de rugby universitario.

En 1915, Bernardo ingresó como jefe de la sección Sueros en el Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene. Allí, conoció a la Doctora en química María Angélica Catan, con quien se casó cinco años después. Un tiempo más tarde nacieron sus tres hijos varones, Alberto Bernardo, Héctor Emilio y Raúl Horacio, que luego estudiaron Medicina, como su padre.

Fue fundamental el rol de Catan por su colaboración en los trabajos de investigación de Bernardo y también en la crianza de los hijos. En el año 1922, Houssay recibió el Premio Nacional de Ciencias por su trabajo Acción fisiológica de los extractos hipofisiarios, antecedente de las investigaciones que le valieron posteriormente el Premio Nobel.

Houssay fue maestro de toda una generación de científicos e investigadores argentinos, latinoamericanos, europeos y estadounidenses, fue creador del CONICET y de varios institutos de investigación y organismos para obtener subsidios y becas en el país y en el exterior. Bernardo sumó a su exitosa carrera como investigador, 18 Doctorados Honoris Causa, 127 medallas y condecoraciones, 286 certificados y diplomas de honor, entre otros.

Premio Nobel

Fue el 10 de diciembre de 1947 cuando recibió en la Academia Sueca, en Estocolmo, el premio Nobel de Medicina. Su Premio Nobel fue y sigue siendo motivo de orgullo y alegría no sólo para la Argentina, país en el que nació, sino también para toda Latinoamérica, región que amó entrañablemente y comprendió en sus necesidades de desarrollo científico-tecnológico.

Unos años antes de su muerte, el 21 de setiembre de 1971, dijo: "No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando muera. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo científico actual. Que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y toda la especie humana."

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