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Coghlan: la Justicia frenó la construcción del Palacio Roccatagliata y los damnificados exigen respuestas

La histórica casona quedó rodeada de torres
La histórica casona quedó rodeada de torres Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Valeria Musse
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10 de abril de 2018  • 18:03

Dos torres fantasmales se asoman en el barrio de Coghlan y rodean la histórica casona Roccatagliata. Los edificios de hormigón están sin terminar y desde hace varios meses no hay movimiento de operarios. Una medida judicial frenó el avance de la obra por considerar que hubo desprolijidades en la aprobación de los planos y, desde entonces, los compradores que ya adquirieron las futuras unidades exigen una respuesta ante los desarrolladores del proyecto y las autoridades del gobierno de la Ciudad.

"Nosotros no compramos un juicio, compramos una casa", reflexionan quienes, cuota a cuota, abonaron lo que correspondía (o gran parte del monto) desde inicios de 2013 para cumplir su sueño, que se haría realidad, según contaron, a mediados de este año. Al menos 30 de los compradores damnificados se agruparon para iniciar acciones legales. Como primer paso, actualmente se llevan adelante las mediaciones, contó el abogado Facundo Etchenique. Una vez que finalice este proceso, el letrado indicó que presentará demandas por daños y perjuicios tanto contra el conjunto de empresas a cargo del proyecto Palacio Roccatagliata S.A. como contra el gobierno porteño.

"Los desarrolladores tuvieron una enorme incapacidad de defender la obra ante la Justicia y ahora dicen que no tienen el dinero para devolver. No se hacen cargo de su responsabilidad. Aún si lograran destrabar la obra, el proyecto de vida de los compradores damnificados se verá afectado al menos 36 meses más por los retrasos", dijo Etchenique y prosiguió: "En tanto, el gobierno de la Ciudad es responsable por extender un permiso que es nulo. Los jueces decretaron que se excedieron en la interpretación del Código de Planeamiento Urbano (CPU)".

El desarrollo inmobiliario contemplaba la construcción de unas 350 unidades, entre oficinas y viviendas, distribuidas en dos edificios: uno de 27 pisos, "la torre", y otro de 13. Según fuentes de la sociedad anónima, alrededor de 200 unidades fueron vendidas desde 2013. Al día de la fecha, se calcula que cada m2 está valuado allí en 4500 dólares.

Cecilia, que prefirió mantener en reserva su apellido, es una de las personas que invirtió con muchas expectativas y hoy tiene que llevar adelante un juicio ante la falta de respuestas. "Compré cuando apenas se inicio el pozo, allá por el año 2013, con la idea de casarme e irme a vivir a esa torre que vendían como un proyecto soñado. Puse mis ahorros para iniciar el primer pago y todos los meses con mucho esfuerzo, durante varios años, pagamos las cuotas altísimas, privándonos de cosas para poder cumplir con el pago. Hoy estamos casados, nuestro departamento no existe y nuestro sueño esta trunco".

En 2016, cuando la obra avanzaba -después de algunos períodos de suspensión por medidas interpuestas por vecinos- y las torres comenzaban a tomar forma, el entonces legislador Gustavo Vera (Bien común), solicitó una acción de amparo, que recayó ante el juzgado en lo contencioso administrativo y tributario N° 8, para que se interpusiera una medida cautelar contra el avance de la construcción. El demandante cuestionó los permisos que otorgó el gobierno para tal obra. La Justicia hizo lugar y declaró la nulidad del registro y aprobación de los planos, con la consiguiente paralización de las obras.

Las obras están paradas
Las obras están paradas Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Tanto el gobierno porteño como Palacio Roccatagliata S.A. apelaron la decisión y, en octubre del año pasado, los magistrados de la Sala III confirmaron la sentencia de primera instancia y fundamentaron la decisión aludiendo que los planos de la obra fueron aprobados por un supuesto exceso en las facultades de la administración, como la autorización de la denominada "compensación volumétrica" que figura en un artículo del CPU vigente y que avala mayores superficies de construcción de las permitidas normalmente según la zona.

"Es recurrente que el gobierno recurra a permisos excepcionales para este tipo de obras. En este caso se afectó también parte del pulmón de manzana", se quejó el abogado Jonatan Baldiviezo, habitual litigante contra la Ciudad, que acompañó la demanda.

En varios tramos del fallo de octubre último se indica que "la obra podría ejecutarse si se hiciera a través de la sanción de normas urbanísticas particulares" y hace referencia al artículo 2.2.2 del Código que se expresa sobre parcelas cuya superficie exceda los 2500 m2. "El propietario podrá requerir el dictado de normas urbanísticas particulares para la misma, que serán propuestas para su aprobación en la Legislatura por el procedimiento establecido en el Art. 89 de la Constitución [.]", según el CPU.

Desde de la desarrolladora Palacio Roccatagliata S.A. dijeron que "los planos fueron aprobados" y que se llevaron adelante "todos los pasos que exige la ley para la habilitación de un proyecto como este". Añadieron que la última decisión "ya fue apelada ante el Tribunal Superior de Justicia".

Fuente de la subsecretaría de Registros, interpretación y catastro del Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte de la Ciudad dijeron que el proyecto "fue perfectamente aprobado de acuerdo a la normativa vigente". Fue la Dirección General de Interpretación Urbanística (Dgiur) el organismo que analizó en su momento el proyecto y entendió que era válido, agregó el funcionario.

La obra está paralizada
La obra está paralizada Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

El proyecto

La Villa Roccatagliata data de comienzos del siglo XX y pertenecía a la misma familia propietaria de la confitería El Molino (que está frente al Congreso Nacional y busca ser recuperada).

En 2013, la Legislatura porteña aprobó una ley que resguarda la casona Roccatagliata, pero no así el parque que la rodea. Apenas el proyecto de las torres se dio a conocer, un grupo de vecinos de Coghlan y de Belgrano inició reclamos en contra de la construcción por considerar que impacta negativamente en el barrio tanto por cuestiones ambientales como de identidad barrial. "Esta obra nunca debería haberse iniciado", se quejó Isabel. Los manifestantes quieren que el parque de la villa se transforme en una plaza y que el palacio funcione como un centro cultural tal como lo vienen reclamando desde 2010.

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