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Una mala noticia para Sampaoli: que jugadores clave lleguen sin confianza al Mundial

Claudio Cerviño
Claudio Cerviño LA NACION
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10 de abril de 2018  • 18:30

La selección preocupa rumbo al Mundial. Preocupa el cachetazo sonoro contra España, goleada incluida. Preocupa que el técnico Jorge Sampaoli diga públicamente en su flamante libro que "no planifica nada". Preocupa por su endeblez defensiva, bien nítida del medio hacia atrás. Preocupa depender tanto de Lionel Messi, un crack que también puede tener días terrenales, como ayer en Roma.

Jugadores que llegaron rotos y desgastados físicamente al Mundial 2002, para protagonizar un fracaso rotundo bajo la conducción de Marcelo Bielsa, dejaron latente esa preocupación. Suelen los futbolistas argentinos destacarse en las competencias europeas y eso, en años de Mundiales, es un arma de doble filo. Pensar en que una eliminación prematura de los equipos que tienen jugadores que irán a Rusia 2018 resulta beneficioso es una mirada posible, con argumentos válidos cuando la mente se retrotrae a aquella fatídica cita de Japón-Corea del Sur. ¿Pero el físico lo es todo?

Los grandes jugadores que se desempeñan en equipos que apuntan a pelear por la Champions League (su Mundial anual) no festejan las derrotas prematuras. Mucho menos los golpes como los de ayer. Messi sufrió desde el palco la goleada con España, pero padeció adentro la derrota inimaginable con Roma, un papelón para un club como Barcelona. Y ese impacto puede tener su rebote psicológico en la antesala del desafío supremo de su carrera, a los 30-31 años. Es verdad: también cabe que se lo mire como un incentivo extra para ganar sí o sí el Mundial. Pero son demasiadas presiones. Títulos en la Liga española y en la Copa del Rey no le llenarán el alma a Messi como sí lo hubiese provocado volver a ser el mejor de Europa y mirar desde arriba a Cristiano Ronaldo. Ya no podrá. En los últimos 7 años solo ganó una de las Champions (2015). En lo físico estará descansado. En la confianza, no tan óptimo. Y al seleccionado lo que no le sobra, precisamente, es confianza. Mucho menos convicciones. Ya quedó demostrado.

El Kun Agüero es otro caso. El City, con Pep Guardiola, buscaba gloria. No la tendrá. Nicolás Otamendi, hasta hace un mes el defensor más confiable con el que podía contar Sampaoli, entró en un inesperado tobogán, con una sucesión de errores en los últimos partidos. ¿Qué necesitaban Agüero y Otamendi? Jugar. Ganar. Completar la puesta a punto en alto nivel. El delantero, incluso, saliendo de una lesión.

La selección debería recibir atletas en buen estado. Lo que no es poca cosa para intentar jugar 7 finales. Pero con la confusión que viene evidenciando Sampaoli, no solamente en la elección de jugadores sino también en el armado del equipo, que algunas piezas claves lleguen sin confianza ni continuidad en grandes batallas, esas que fortalecen el espíritu, es otra luz de alerta. Más preocupaciones, en definitiva.

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