Messi: un fracaso que le deja tiempo para canalizarlo en energía para el Mundial

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
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10 de abril de 2018  • 18:30

Lionel Messi tendrá más descanso que el previsto para preparar el Mundial , pero parte de ese tiempo tendrá que dedicarlo a sacarse el fastidio que seguramente le provocó la insólita eliminación de Barcelona en Roma. No son horas en las que debe estar pensando que llegará más fresco a Moscú, sino en las causas de un fracaso deportivo que no estaba en los cálculos de nadie. Una de las mayores sorpresas de la temporada tiene a Messi con cara de derrota, apurado e impotente en esos diez minutos finales en busca de un descuento que le hubiera dado la clasificación.

Le puede hacer bien a su cuerpo alivianar el calendario de cara al desembarco en el Mundial, pero este cachetazo no le hace ningún favor al prestigio futbolístico de Messi, bandera de Barcelona. Así como muchos de los éxitos se explican por el rosarino, las decepciones del equipo son de su responsabilidad.

Es inexplicable por donde se la mire la eliminación de Barcelona, un equipo que desde la asunción de Ernesto Valverde se caracteriza por su seriedad y no subestimar ningún compromiso. Barcelona no se aboca al lirismo ni tontea los partidos. Suele ser práctico, consistente y contundente. Con menos juego y elaboración en el medio que en otras épocas, se caracteriza por ser sólido atrás y adelante ejecuta con Messi y el acompañamiento de Luis Suárez. Barcelona había pasado a ser más pragmático que vistoso. Con esos atributos se pensaba que iba a saber llevar el desquite con Roma, el rival que las potencias querían cuando se hizo el sorteo de los cuartos de final.

Barcelona había recibido tres goles en los nueve encuentros anteriores de la Champions League. Era el arco mejor custodiado de la competencia, hasta ayer. No reaccionó a nada; ni al gol de Dzeko, un centro-delantero que exigió a una zaga (Piqué-Umtiti) demasiado estática; ni al penal del emblema romanista, De Rossi, y terminó por entregarse cuando defendió débilmente un córner que el zaguero Manolas cruzó con un cabezazo.

Entre lo raro que fue todo hay que anotar la amonestación de Messi, en una imagen infrecuente, con un patada desde atrás a Kolarov. Al N° 10 ni siquiera se le dio en los tiros libres, una suerte en la que venía muy bien, con seis conversiones en la Liga de España y uno en la Champions. Los dos que remató no trajeron consecuencias.

Mientras Cristiano Ronaldo brilla en la Champions con triunfos y goles espectaculares, y las medallas colgadas de los últimos dos títulos, a Messi se le atragantó por tercera consecutiva en los cuartos de final. Antes fueron el Atlético de Madrid y Juventus. Roma fue el verdugo más impensado. Tiene a centímetros la Liga de España y la final de la Copa del Rey ante Sevilla. Al este de Europa Messi ya tenía que ir por el Mundial. Pero en su ilusión seguro que estaba una escala previa en ese dirección, el 26 de mayo, en Kiev (Ucrania), donde se jugará la final de la Champions. Ya la borró de su agenda. Tiene tiempo para canalizar la rabia de ahora en energía para el Mundial. Visto con ojos egoístas, el seleccionado de Sampaoli puede beneficiarse con la prematura eliminación. Pero tampoco hay que olvidarse que Messi se alimenta de éxitos y gloria, y lo de ayer fue la peor dieta posible.

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