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No convencimos a nadie: el antitrumpismo es un fracaso

David Brooks
David Brooks MEDIO: The New York Times
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11 de abril de 2018  

WAKO, TEXAS.- Durante el último año, los que estamos en el bando anti-Trump hemos descargado millones de palabras para criticar al presidente. El objetivo era demostrar el daño que Trump está haciendo, debilitar su base de apoyo y evitar que haga cosas aun peores. Y respecto de ese objetivo, el movimiento anti-Trump es un fracaso.

No convencimos a nadie. El nivel de aprobación de Trump es de alrededor del 40%, que básicamente se mantiene estable desde el comienzo. No le hemos puesto trabas. Trump tiene más poder que hace un año, no menos. Ahora que las grandes figuras como H.R. McMaster, Rex Tillerson y Gary Cohn se fueron del gobierno, la administración es cada vez más nacionalista, y no menos.

No lo hemos desalojado. A pesar de los bombos y platillos, es cada vez menos probable que la investigación del fiscal Mueller altere significativamente el curso de la administración. No lo hemos refrenado. Su dominio sobre el Partido Republicano es absoluto. Ahora, el 89% de los republicanos tiene una imagen positiva de Trump. Según una encuesta de NBC News/Wall Street Journal, el 59% de los republicanos se considera más a favor de Trump que del propio Partido Republicano.

En materia de comercio internacional, inmigración, reforma fiscal, gasto público, política exterior, relaciones raciales y moral personal, este es el partido de Trump, no el de Reagan ni el de ningún otro.

Mientras escalaban sus escándalos y se verificaba su incompetencia, muchos de los que nunca apoyamos a Trump creímos que la fuerza estaría de nuestro lado. Eso no sucedió. Casi nunca me encuentro con un partidario de Trump que se sienta desilusionado. A veces me he topado con republicanos que en algún momento se mostraron ambivalentes, pero ahora todos ellos se subieron al tren de Donald Trump.

La revista National Review supo ser incondicionalmente anti-Trump, y muchos de sus redactores lo siguen siendo, pero es muy curioso y revelador que el editor Rich Lowry acabe de escribir una columna en la revista Politico llamada "The Never Trump Delusion", en la que argumenta que Trump no es un caso aparte respecto del republicano convencional.

La evidencia más clara del dominio de Trump queda de manifiesto en el terreno de la propaganda. Como informó Jonathan Martin en The New York Times, muchos republicanos, incluido Ted Cruz, utilizan el argumento de que si los demócratas toman el Congreso, van a iniciarle juicio político al presidente. En otras palabras, lejos de ignorar a Trump, esos republicanos están poniendo la defensa del presidente en el centro de sus campañas.

¿Por qué logró Trump imponerse? Parte de la respuesta es el tribalismo. En cualquier guerra tribal, la gente tiende a enterrar sus preocupaciones y a encolumnarse detrás de su líder y su partido. Hasta 2015, los votantes republicanos apoyaban el libre comercio. Ahora se oponen, también de manera abrumadora. El cambio no ocurrió por una supuesta revaluación de los hechos: simplemente la ortodoxia tribal cambió, y todos corrieron detrás.

Parte del problema es que el antitrumpismo tiene una tendencia a ser insufriblemente soberbio. Los académicos dicen que los opositores de Trump tienen una mentalidad abierta y valoran la independencia y la innovación. Y argumentan que los partidarios de Trump tienen una mentalidad cerrada, odian el cambio y se desesperan por la seguridad. Esos análisis me desesperan, por ser erróneos psicológicamente (cada ser humano requiere tanto una base segura como un campo abierto; no podemos estar divididos en campos opuestos), por ser erróneos periodísticamente (los partidarios de Trump lo votaron precisamente porque querían un cambio estructural) y porque son un monstruoso intento de ofender al 40% de los ciudadanos estadounidenses que votaron a Trump, al reducirlos a seres psicológicamente inferiores.

La razón principal por la que Trump ganó es que decenas de millones de norteamericanos tienen el derecho de sentir que sus economías locales están siendo atacadas, que sus comunidades se disuelven y que sus libertades religiosas se ven amenazadas. Trump comprendió los problemas de gran parte de Estados Unidos mejor que nadie. En el último año, pudo afianzarse en el poder porque gobernó haciendo campaña al mismo tiempo. Hasta que llegue alguien con una mejor estrategia de defensa, Trump y el trumpismo seguirán siendo dominantes.

Justo después de las elecciones presidenciales, Luigi Zingales escribió una columna en The New York Times sobre lo que había que evitar para luchar contra Trump, sobre la base de la experiencia de la oposición italiana frente a Silvio Berlusconi. Zingales sugirió no concentrarse en la personalidad del hombre, porque eso haría que Trump se convirtiera en el héroe del pueblo contra la elite de Washington. En cambio, pidió hacer foco en los problemas sociales que dieron origen al trumpismo.

Ese es el consejo que los antitrumpistas todavía tenemos que aprender.

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