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Carlos Ann, un músico que le escapa a la "virtualidad" y se pone serio

En su último disco, Ann buscó un sonido que define como grueso
En su último disco, Ann buscó un sonido que define como grueso Crédito: Noemí Elías
En la línea de Bunbury y Nacho Vegas, el catalán de culto viene a presentar Mapa mental
Martín Sanzano
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12 de abril de 2018  

Carlos Ann está convencido de que Mapa mental, su nuevo disco de estudio, es el mejor de su carrera. El más "redondo", define en sus propios términos, y en el que "sónicamente" consiguió lo que tanto buscaba. El poeta y cantautor oriundo del barrio del Congrés, en Barcelona, llegó a Buenos Aires para presentar, por partida doble, su más reciente obra: mañana, en Ciudad Vieja (La Plata), junto a Canciones para Viajar, y pasado mañana, en Makena (Fitz Roy 1519), con la banda Chillan Las Bestias y Pablo Krantz.

Hace más de 20 años que Ann comenzó su carrera artística, pero siente que recién ahora le empezó a tomar el gusto. "Decía Oscar Wilde que necesitaríamos dos vidas, una para ensayar y otra para actuar. Yo creo que este disco fue mi primera actuación", asegura.

Mapa mental está compuesto por ocho canciones ejecutadas exclusivamente con instrumentos fabricados entre 1967 y 1969, con técnicas de grabación de la misma época. El resultado sonoro, según el propio Ann, es "extremadamente grueso".

"Inversamente al momento en el que estamos, en donde todo se comprime cada vez más, el sonido de este disco es grueso. Cierras los ojos y puedes ver dónde está el baterista, el bajista. Es como un muro. Y el hilo conductor es la voz, lo que me costó muchísimo trabajo", explica.

La poesía del álbum gira en torno de la incomodidad que siente Carlos en esta era de hipercomunicación. Desde la primera canción, "París Aísa Barcelona Calella", en la que se pregunta: "¿Hay alguien ahí que me quiera oír/ al otro lado de la pantalla?", el autor plantea esta confusión cada vez más peligrosa que existe entre la realidad y la virtualidad, y habla en términos de una suerte de soledad 2.0. "La gente más joven confunde la realidad con la virtualidad, ya han invertido los mundos. Se sienten más cómodos en la virtualidad porque pueden decir y hacer lo que quieran, y en la realidad se sienten superincómodos porque no saben gestionar las emociones. Es una cuestión de gestión, porque las redes han nacido durante mi generación. Yo empecé a hacer música con un Atari y he trabajado desde el primer ProTools hasta el último. Para mí es una herramienta incluso ya algo oxidada. Pero los que han nacido ahí adentro no pueden distinguir lo virtual de lo real".

Carlos administra su tiempo de conexión digital con recelo. Se levanta a la mañana, desayuna, hace sus cosas y, una vez que está listo, enciende WhatsApp: "Ahí empieza el plim, plim, plim, plim", imita el sonido del teléfono con la boca. Cuando cae la noche, desactiva la aplicación y ya no hay nadie que pueda interrumpirlo. "Creo que la Tierra sufrió una aceleración y nuestra sociedad también. Eso produjo mucha sobreinformación y derivó en dispersión", explica.

Entonces, ¿hay vuelta atrás? Él confía en que sí: "Lo que puede enraizarnos otra vez son aquellas cosas que no se direccionan directamente a las emociones, sino a los sentimientos. Actualmente la emoción y el sentimiento se confunden, parecen lo mismo, pero no lo son. Una emoción es más instantánea y un sentimiento, en cambio, es de largo recorrido. La poesía es de largo recorrido. Después de esta sobreemocionalidad que hay creo que la gente buscará algo de verdad, algo que perdure en el tiempo. También es una opción de vida. Yo escribo este tipo de canciones porque hay algo interior que me manda. No busco inmediatez ni tampoco la eternidad, pero sí hacer las cosas que en verdad me hagan sentir satisfecho".

El costado útil de estos tiempos hiperconectados es el feedback instantáneo que tienen los artistas como Ann a través de las plataformas digitales (Spotify, YouTube) y las redes sociales. Mapa mental salió en febrero y al mes siguiente fue a presentarlo a México, país en el que tiene un buen caudal de fans. Para su asombro, las canciones fueron "muy bien recibidas y la gente se sabía las letras. Eso sorprende porque es muy reciente y los textos son largos. Creo que han estado estudiando", dice entre risas.

Nunca supo Ann por qué logró hacerse un nombre en América Latina. Más allá de haber trabajado con artistas reconocidos como Enrique Bunbury o Phil Manzanera, y de haber grabado en México su disco El Tigre del Congrés (2010) junto al histórico guitarrista de Chavela Vargas, Juan Carlos Allende, su carrera fue siempre independiente y autogestiva. "Yo respondo a la máxima independencia. Al ciento por ciento. No hay mercadotecnia ni nada. Todos los discos los he producido yo, los he pagado yo, los he editado yo -asegura Ann-. Supongo que la clave es el de boca en boca, y también el transcurso de los años que va amplificando todo. Creo que hay gente que valora estas cosas. Esto es música artesana. Es como si importaras un buen queso, de poca partida. Habrá gente que dirá ?lo quiero'. Y aquí estoy".

Carlos recuerda sus orígenes en el barrio del Congrés como el lugar donde nacieron sus sueños artísticos. Dice que no era un barrio fácil, que era duro, "de esos que tienes que ganarte el lugar". Y también dice que desde pequeño tenía claro que no tenía ganas de quedarse ahí. "Había algo que me decía ?te tienes que ir'. Los sueños musicales vienen de ahí, de compañeros del barrio que queríamos hacer grupos para salirnos, aunque todavía no lo sabíamos", reflexiona. "De pequeño quería ser de todo -agrega-. Veía por la televisión a un futbolista y me vestía como futbolista, veía a un torero y quería ser torero, salía un actor y me la pasaba imitándolo. Y ya no de tan pequeño, eh. Me había puesto mayor y seguía igual. Mi padre me decía que no tenía personalidad, creo que tenía razón", dice mientras suelta una carcajada.

Esa idea iniciática de serlo todo representaba de alguna manera su anhelo de libertad. Y fue en la música donde encontró una forma de ejercerla que, según cree, continúa siendo el principal motor de sus proyectos: "La sociedad es como un manicomio, hay códigos y hay que saber manejarse, pero si lo analizas con profundidad todo es una auténtica locura. La música, esa libertad, ese mundo imaginario que me he construido, no me lo quita nadie. Hacer un disco para mí es la máxima libertad, desde el principio hasta el final hago lo que quiero. Cuando sales a la calle no haces lo que quieres, y si no juegas estás fuera. Decía Friedrich Nietzsche que ?el arte impide que muramos de realidad'. Sigo pensando que realmente es así".

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