Un necesario golpe de timón que va a sacudir a la Iglesia chilena

Elisabetta Piqué
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12 de abril de 2018  

ROMA.- La carta de Francisco a los obispos chilenos muestra la humildad de un papa "falible" que reconoce haberse equivocado y pide perdón. Pero también la determinación de un hombre de gobierno que, consciente de que es justamente en el escándalo por abusos que la Iglesia se juega su credibilidad, da un golpe de timón para cambiar las cosas. De hecho, se avecina un tsunami para la Iglesia Católica chilena.

La epístola del Papa recuerda a la que su antecesor, Benedicto XVI, le escribió a la Iglesia de Irlanda, también golpeada por el escándalo por abusos sexuales de menores por parte del clero, en 2010.

Pero hay diferencias. Benedicto XVI escribió la carta después de demoledoras investigaciones realizadas por el gobierno irlandés. En este caso, la investigación fue puesta en marcha por Francisco que, al regresar en enero de un viaje a Chile marcado por el escándalo Barros -prelado que siempre defendió-, se dio cuenta de que había algo que no cerraba.

En la conferencia de prensa en el avión al regresar de ese viaje, interrogado sobre por qué le creía a Barros y no a las víctimas, el Papa pareció estar totalmente desinformado. Y desconocer la existencia de personas como Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo y James Hamilton, víctimas que siempre clamaron justicia, incluso escribiéndole una carta al nuncio y a él, que evidentemente nunca llegó a leer.

El Papa -que invitó a Cruz, Murillo y Hamilton a reunirse con él en el Vaticano-, en su carta adelanta que habrá un sacudón en la Iglesia chilena cuando, al convocar a los obispos a Roma, menciona "medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia".

Pero también cuando, al reconocer su equivocación, destaca que se debió "especialmente a falta de información veraz y equilibrada".

Alude aquí al nuncio -su embajador en el país- y a la jerarquía eclesiástica chilena, que le ocultó la verdad, que deberá ser renovada y donde probablemente rodarán cabezas.

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