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Un retiro abre otra crisis interna en el Partido Republicano

Paul Ryan, líder de la Cámara de Representantes, anunció que no irá por la reelección en las legislativas
Rafael Mathus Ruiz
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12 de abril de 2018  

WASHINGTON.- El Partido Republicano quedó envuelto en otra crisis interna y una puja de poder meses antes de las elecciones legislativas, el primer gran test electoral de Donald Trump, luego de que el líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, tercero en la línea de sucesión presidencial, anunció su retiro.

La inusual huida de Washington de Ryan, que abandonará la política a los 48 años, profundizó una preocupante tendencia que sufre desde hace meses el oficialismo: 46 legisladores oficialistas anunciaron ya que dejarán el Congreso y no competirán en las elecciones de noviembre próximo, para las cuales se prevé una "ola azul" que puede llegar a devolverles el control de la Cámara baja a los demócratas.

Ryan pronosticó un triunfo republicano en esos comicios -a contramano de lo que indican la historia y las encuestas-, y dijo que la posibilidad de una derrota no tuvo nada que ver con su decisión. Adujo que quería pasar más tiempo con su familia, una excusa que pocos creyeron. "De lo que me doy cuenta es de que si estoy acá por un mandato más, mis hijos solo me habrán conocido como un papá de fin de semana. Simplemente no puedo permitir que eso suceda", justificó Ryan. "Estableceré nuevas prioridades en mi vida, pero también me iré increíblemente orgulloso de lo que hemos logrado", agregó.

El anuncio fue, cuando menos, atípico. Ryan, que pese a su juventud acarrea sobre sus hombros más de dos décadas en Washington y fue candidato a vicepresidente de Mitt Romney en 2012, llevaba poco más de dos años al frente de la Cámara baja, un cargo que nunca quiso. Su ascenso ocurrió por necesidad partidaria, no por ambición personal: era la única figura que contaba con el respaldo suficiente del ala moderada y de la facción ultraconservadora de legisladores que llegó al Capitolio montada sobre la ola del Tea Party y que se llevó puesto a su antecesor, John Boehner.

Ahora, cuando faltan siete meses para las elecciones legislativas, los republicanos no solo deberán armar un plan para afrontar una oposición envalentonada por un electorado demócrata enardecido y ansioso por asestarle un revés a Trump, sino que también deberán dirimir -otra vez- una puja interna entre las dos facciones que quebraron al partido.

"Ryan es un hombre realmente bueno, y si bien no buscará la reelección, dejará un legado de logros que nadie puede cuestionar. ¡Estamos contigo, Paul!", escribió Trump, en una escueta despedida en Twitter. Su relación fue, cuando menos, ambivalente.

El retiro de Ryan se hará efectivo en enero próximo, cuando jure el nuevo Congreso, pero la carrera por la sucesión de la presidencia de la Cámara de Representantes, uno de los puestos más calientes de Washington, ya empezó. Por ahora, hay dos nombres en danza: Kevin McCarthy, líder de la bancada republicana y el sucesor natural de Ryan, y Steve Scalise, que está un escalón más abajo de McCarthy.

Washington especuló con la posibilidad de que Ryan enfrente una primaria complicada -un escenario que llevó a otros a dar un paso al costado- o, superada esa instancia, que pierda a manos de su contrincante demócrata.

El promedio de encuestas genéricas del sitio RealClearPolitics le otorga a la oposición una ventaja de más de 7% para las legislativas. El archivo demostró que la primera elección de medio término de cualquier presidente deja un retroceso del partido gobernante en la Cámara de Representantes. En 2010, el Partido Demócrata sufrió una "paliza", tal como calificó la derrota el entonces presidente Barack Obama. Ese golpe llegó apenas dos años después de su histórica victoria.

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