¿Por qué no están buenos los sulfatos, siliconas y parabenos?

Crédito: Latinstock
Cada vez más productos de belleza aclaran que son libres de sulfatos, siliconas y parabenos. Consultamos a dos expertas para que nos cuenten de qué se tratan, qué tan nocivos resultan y qué fijarnos al elegir nuestros shampoos, cremas y lociones.
Cecilia Alemano
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12 de abril de 2018  • 15:40

Estamos súper acostumbradas a investigar el origen de lo que comemos, pero no de lo que ponemos sobre nuestra piel. “Ella es como una ‘gran lengua’ que todo lo absorbe, sea beneficioso o no”, dice Victoria Squillario, especialista y docente en cosmética natural. Hoy, en particular, hay tres componentes químicos en la mira: los parabenos, las siliconas y los sulfatos. Te contamos de qué se tratan y por qué nuestras expertas consultadas sugieren evitarlos.

Los parabenos

Estos químicos funcionan como conservantes de un producto. Si bien su uso está aprobado, no hay suficientes estudios realizados sobre la incidencia a largo plazo en nuestra salud. Al mediano plazo le quitan brillo y frescura a la piel e incluso y también pueden producir irritaciones y reacciones alérgicas, inflamaciones, picazón, resequedad. Hay incluso estudios que los asocian con el cáncer de mamas, como mostró una investigación de la Universidad de Reading, Edinburgo.

“Aunque muchos productos que encontramos en las farmacias digan ‘Libre de parabenos’”, señala la cosmetóloga Tess de Nevares, “no es garantía de que sean naturales y/o libres de conservantes”. ¿Por qué? Porque en la mayoría de los casos contienen otro ingrediente que preserva el producto, ya que sin un componente de conservación las cremas durarían muy poco tiempo. Por eso en cosmética orgánica natural se usan conservantes naturales (algunos aceites esenciales son ideales para la conservación de los productos junto con algunos aceites o mantecas vegetales).

Las siliconas

Son derivados del petróleo utilizados para dar brillo y una apariencia de hidratación. Lo que sucede es que generan una película suave y brillante que se adhiere a nuestra piel o cabello asfixiándolo, provocando deshidratación e impidiendo que penetren otros ingredientes. En el cabello, puede provocar apelmazamiento, picazón en el cuero cabelludo y granitos. “A medida que lo vamos usando el cabello en su interior y de raíz va perdiendo fuerza y se debilita”, señala de Nevares. En la piel, impide la correcta respiración por su función oclusiva de los poros, provocando además la aparición de granitos, puntos negros y espinillos. Ojo: es importante diferenciar dos tipos de siliconas, las solubles (que no se acumulan en el cabello o en la piel) que suelen tener el prefijo PEG y las no solubles. En este grupo, la dimeticona es de las más comunes.

Los sulfatos

Los sulfatos son tensioactivos que se utilizan en todos aquellos productos espumosos: shampoos, limpiadores faciales y jabones líquidos para manos o cuerpo. “Son agentes limpiadores que tienen dos ‘cabezas’”, explica Squillario, “una que arrastra la grasa y otra que arrastra el agua. Al arrastrar la grasa, no solo quitan la suciedad sino que eliminan los aceites naturales que nuestra piel genera para protegerse de agentes externos”. La ausencia de estos aceites naturales genera una piel más seca, irritable, sensible y tirante. El uso de los sulfatos a largo plazo puede generar además reacciones alérgicas y problemas cutáneos. ¡Si tenés rulos ya podés declararlos tus enemigos n° 1!

¿Qué mirar en la etiqueta de un producto de belleza?

  • Todo producto debe estar registrado en la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica). En su etiqueta se debe incluir los ingredientes que contienen según la nomenclatura internacional INCI (International Nomenclature Cosmetic Ingredients). Deben estar ordenados de mayor a menor concentración y con su nombre químico. Para identificarlos:
  • Los parabenos de uso más frecuente son: thylparaben, propylparaben, isopropylparaben, butilparaben.
  • Los sulfatos más comunes son: SLS (Sodium Lauryl Sulphate) y SLES (Sodium Laureth Sulfato). De estos, el menos agresivo es el SLS.
  • Las siliconas que debemos evitar son: Cetyl Dimethicone Copolyol, Dimethicone copolyol, Behenoxy Dimethicone, Hydroxypropyl Polysiloxane, Lauryl methicone copolyol. Chequeá que el producto que usás no contenga más de tres (si es de gama profesional), y si es uno de supermercado o farmacia que no tenga más de cuatro.

3 beneficios extra de usar productos libres de químicos

Crédito: Diana Kadreva / Unsplash

Cuidás el planeta. Para que un producto sea declarado ecológico debe pasar por pruebas exhaustivas que empiezan en el modo de producir la materia prima, recolectarla y tratarla hasta convertirla en un producto en sí. Éstos no vierten conservantes tóxicos ni aditivos contaminantes a los desagües.

Protegés a los animales. Los productos orgánicos en general, justamente por no tener químicos que podrían generar reacciones, no se testean en animales. Para asegurarte de que sean #crueltyfree fijate que tengan la garantía PETA.

¡Los podés compartir con tus hijos! Si el producto es libre de parabenos, alcohol, siliconas y sulfatos; está dermatológicamente testeado, es hipoalergénico y no comedogénico (es decir, cuya textura no obstruye los poros de la piel) … ¡Puede aplicarse hasta en las pieles y cabellos más vírgenes!

Expertas consultadas: Victoria Squillario. Especialista en aromaterapia, cosmética natural y fitoterapia. Ofrece talleres y workshops de cosmética natural. IG: @artemisa_botanica. victoria.squillario@gmail.com . Tess de Nevares. Cosmetóloga. IG: @asanacosmetologia

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