Geoff Emerick, el hacedor de los sueños sonoros de The Beatles

El ingeniero que grabó los últimos discos del grupo vino para ofrecer una master class; "la mayoría de los ingenieros de sonido jóvenes no escuchan lo que graban", dice
El ingeniero que grabó los últimos discos del grupo vino para ofrecer una master class; "la mayoría de los ingenieros de sonido jóvenes no escuchan lo que graban", dice Crédito: Zoe Bridgham
Sebastián Ramos
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13 de abril de 2018  

-¿Hubo algo que los Beatles le hayan pedido y usted no pudo reproducir?.

-No. "No puedo" no estaba en su vocabulario. En serio, no había forma de decirles que no, porque ellos te decían rápidamente, "¿por qué?" Entonces hacías lo mejor que podías hacer, pero lo hacías.

Durante cuatro intensos años, Geoff Emerick fue el hacedor de sueños de The Beatles , una suerte de agente Q -aquel que le proveía las más ingeniosas armas a James Bond- que debía cumplir pedidos como "quiero que mi voz suene como el Dalái Lama cantando desde la cumbre de una montaña" o encontrar la forma de sonar "como James Dean andando en moto a gran velocidad por la autopista".

Tenía apenas 19 años cuando George Martin le preguntó si quería ser el ingeniero de grabación de los ya afamados John, Paul, George y Ringo, en 1966, en el preciso momento en que The Beatles se retiraba de los escenarios y comenzaba un período de experimentación sonora en los estudios Abbey Road, que daría frutos como Revolver, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, The Beatles (el álbum blanco) y Abbey Road. La música del mundo ya no fue la misma y la vida de Emerick tampoco.

Esta semana Emerick llegó a la Argentina por primera vez y con una agenda bien completa: ofreció dos charlas públicas (una en la Biblioteca Nacional y otra en el Teatro Monteviejo, en las que los fans de The Beatles se agolparon para conocerlo y pedirle que les autografíe los discos de la banda en los que trabajó) y hoy, mañana y pasado dará una master class en el estudio El Pie, que concluirá con la producción y la mezcla de una canción inédita de Alejandro Lerner.

Siempre dispuesto a contar las intimidades y trastienda de las grabaciones de The Beatles (que "Paul era el más implicado en la música del grupo", que "a John le costaba explicar lo que quería para sus canciones", que "George tardó en superar sus inseguridades"), Emerick confirma aquello de que el álbum más difícil de grabar fue el álbum blanco. "Pero no solo por la presencia silenciosa de Yoko Ono en el estudio. Lo que pasó fue que acababan de volver de India y yo nunca terminé de entender por qué, pero había mucho enojo en el estudio, muchos gritos entre ellos. Además, la organización de Apple tenía muchos problemas. Todo el concepto fracasó".

Estas historias y muchos detalles más, Emerick los plasmó junto al periodista Howard Massey en un libro indispensable para los beatlemaníacos: El sonido de los Beatles (2006). Pero aquí y ahora, el ingeniero que el año próximo tiene previsto volver a pisar los estudios Abbey Road después de treinta años para una master class premium de la que podría formar parte también Paul McCartney, apunta contra la actualidad de su profesión. "La mayoría de los ingenieros de sonido jóvenes, ni siquiera escuchan lo que están grabando, se la pasan mirando la pantalla, usando un software. Y si discos como Revolver o Sgt. Pepper's suenan hoy tan actuales, es por la manera en que se hicieron. Todos estábamos buscando la perfección, diferentes sonidos y texturas. Cuando mezclo no pienso en los aspectos técnicos, sino que pinto un cuadro musical, que está en mi mente. La idea es llegar a una combinación de instrumentos que logre un sonido particular. Es algo completamente distinto a cómo se trabaja hoy y por estos días ya nadie enseña cómo se hacían las cosas en la vieja escuela".

-¿El trabajo de los productores de hip hop tampoco le interesa?

-No, el hip hop no me gusta. No tienen nada para mí.

-¿Cuál fue su mayor contribución a la música de The Beatles?

-Todas las creaciones que hice para lograr lo que el sonido necesitaba. EMI tenía reglas muy estrictas para grabar, una forma estándar y nadie podía cambiarlas. Por suerte éramos muy jóvenes y nos atrevimos a todo.

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