A 200 años de su nacimiento, Marx no está para reverencias

Sin corsé. En su bicentenario, el autor de El capital fue recordado en el Teatro Nacional Cervantes con una jornada que recreó, en clave siglo XXI, la vida de uno de los hijos más célebres del siglo XIX
Tamara Tenenbaum
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15 de abril de 2018  

El busto de Marx asiste, entre verduras y frutas, a la performance de García Wehbi y Maricel Alvarez
El busto de Marx asiste, entre verduras y frutas, a la performance de García Wehbi y Maricel Alvarez Crédito: Gustavo Gorrini y Ailen Garrel/ TNA-TC

El hall del Teatro Nacional Cervantes está más repleto y bullicioso que nunca. La imagen de un grupo de chicos tomando mate y compartiendo un libro que acaban de comprar en uno de los stands disponibles recuerda el pasillo de una universidad. A diferencia de lo que suele pasar en los teatros, hoy más de la mitad del público no llega a los 30 años.

La idea de Marx nace sonaba tan curiosa como arriesgada: un evento multidisciplinario que ocupara todos los espacios del teatro y durara casi un día entero, en el que se invitara al público a participar de diversas actividades en torno a la figura del autor de El capital. Todo con la excusa del bicentenario de su nacimiento.

Ni Alejandro Tantanian, director artístico de la sala, imaginaba que unas 4000 personas saldrían de sus casas un sábado lluvioso para ver, escuchar y, en algún sentido, experimentar a Marx. Pero eso fue lo que sucedió el 7 de abril con esta apuesta ideada por el Goethe-Institut y el Teatro Cervantes, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Ese sábado las actividades comienzan a las 10.30, pero la sala María Guerrero se abre a las 12, con el show filosófico musical de Darío Sztajnszrajber. Todas las butacas y los palcos están ocupados; en la puerta, algunos se quejan de lo rápido que se agotaron las entradas. Adentro, el show alterna canciones interpretadas por Lucrecia Pinto con los monólogos de Darío, una mezcla de clase magistral y stand up en el que va recorriendo el aparato teórico de Marx a través de un texto del filósofo francés Jacques Derrida, Espectros de Marx. Cada uno de los "espectros" que Derrida había querido invocar viene en el show con una explicación y una canción.

A las 15 entro al "Acusmático Karl Marx", una idea de Fernando De Leonardis (uno de los curadores del evento) con dirección de Rubén Szuchmacher. Se puede ingresar solo de a grupos pequeños. Un guardia de seguridad nos escolta con su linterna a un pequeño ambiente que está completamente a oscuras; nos sentamos, la linterna se apaga, la puerta se cierra y solo nos queda escuchar. En la voz de diversos actores se despliegan escritos y cartas del pensador y economista, su esposa Jenny Marx, Mikhail Bakunin y la policía prusiana. En el lenguaje del radioteatro accedemos a las cartas de amor de Marx, los lamentos por sus dificultades económicas y los problemas de salud de sus hijos. "Cuando era adolescente y escuchaba música a oscuras, solía componer diálogos imaginarios. Me propuse plasmar una biografía ágil en una presentación meramente sonora. Lo pensé para ser escuchado en un determinado lugar: un camarín del Cervantes", explica De Leonardis.

Pensar el presente

Escritores, traductores y especialistas participan a lo largo del día de "Marx subrayado": a cada uno se le asigna un texto de Marx para subrayar y comentar. Los ponentes destacan los aspectos del pensamiento marxiano que les parecen más interesantes para pensar el presente: "En la obra de Marx encontramos muchas ideas y categorías teóricas que son útiles para pensar la Argentina actual y su historia", dice el profesor Rolando Astarita, a quien le tocó subrayar El capital. "Podemos citar la influencia que ha tenido la noción de ?bonapartismo', de Marx [la referencia es El 18 Brumario de Luis Bonaparte] en los análisis del peronismo. En economía, la vigencia de Marx es aún mayor, por caso, para entender las tendencias del capital globalizado. Entre ellas, la creciente desigualdad social y concentración del capital o el desplazamiento de la mano de obra por la automatización. También para explicar la debilidad del desarrollo capitalista argentino", ejemplifica.

A Mariana Dimópulos, escritora y traductora, le asignaron Acerca del suicidio, un curioso texto sobre el suicidio y la opresión de la mujer. "Este texto es interesante para pensar el Marx teórico de la sociedad: cómo la sociedad ejerce presión y modela a quien vive en ella, y puede arrastrar a la muerte en muchos sentidos", explica. "El papel de la mujer tiene en la obra de Marx un lugar marginal; en todo caso, ha pensado en la familia como formación social. Este texto sostiene una mirada que hoy es más afín a discusiones inmediatas, también en la Argentina. De hecho, uno de los casos retratados por este texto es el de una mujer que, embarazada, en una situación tan represiva como era la de la sexualidad en el siglo XIX, busca a un médico para detener ese embarazo considerado ilegítimo por su entorno y por el hombre responsable. Ante la negativa que recibe del médico, se ahoga en el Sena".

Mientras decenas de personas escuchan en silencio las distintas conferencias, en la sala Orestes Caviglia sucede una escena curiosa: el dúo performático la Columna Durruti, integrado por Maricel Álvarez y Emilio García Wehbi, lee una poco conocida novela de Marx llamada Escorpión y Félix. Mientras uno lee, el otro integrante clava vegetales en un busto de Marx hecho de arcilla, con una virulencia creciente. Sobre el final, ambos artistas se sacan los pantalones y se suben a su pequeña obra de arte y naturaleza.

Platos fuertes

A las 18 los asistentes vuelven a apiñarse en la sala María Guerrero para una de las mesas más esperadas. En "Marx entre el country y la ciudad", Beatriz Sarlo, Maristella Svampa y Damiano Tagliavini conversarán, con Gabriela Massuh como moderadora, sobre el modo en que la tensión entre el campo y la ciudad (y entre la acción humana y la naturaleza) se configura en el desarrollo del capitalismo.

Los tres ponentes encaran el tema desde lugares distintos. Tagliavini, politólogo, becario del Conicet y ambientalista, empieza su exposición discutiendo una cita de Frederic Jameson. Si, como decía el teórico marxista, hoy es "más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo", es urgente, a medida que la explotación capitalista va acabando con los recursos naturales, empezar a imaginar modelos productivos alternativos, dice.

La socióloga Maristella Svampa continúa en esa línea, destacando que la relación entre la ecología y el marxismo no radica en un rastreo de las obras marxianas en busca de un "Marx verde", sino en el hecho de que las fuerzas ambientalistas son de las pocas voces que cuestionan el modelo productivo vigente: "El capital hoy amenaza la vida en el planeta. Y las miradas sobre el cambio climático siempre lo disocian del modelo del desarrollo", dice Svampa.

Svampa introduce la cuestión del proceso de urbanización a nivel mundial (se estima que para 2050 el 92% de las personas vivirán en ciudades) y su convivencia con la desaparición de las ciudades tal como las conocimos hasta el siglo XX, con la expansión del fenómeno de la suburbanización de las élites (que en nuestro país se se manifiesta fundamentalmente en la proliferación de los barrios privados).

Sarlo retoma la cuestión de la ciudad moderna entendida como lugar de encuentro: "En las novelas de Dickens -explica, acudiendo a su métier literario- los personajes se encontraban en las ciudades. En cambio, en el campo, las personas tenían que recorrer largas distancias para encontrarse". Con estilo descontracturado, llama a los presentes a leer El Capital, puntualmente el capítulo de la acumulación originaria, que caracteriza como "un cuentito": "La primera sección es endemoniada, pero entrar por acá es como leer una hermosa novela del siglo XIX".

Sarlo destaca, además, el pensamiento de Marx sobre la propiedad privada de la tierra. "Los grandes prados que existían todavía en los siglos XV, XVI, que podemos ver en las imágenes históricas, guardaban de alguna manera el recuerdo de algo que no había sido creado, al menos no enteramente, por el hombre", dice ante un auditorio atento.

A las pocas horas, Marx nace termina con un recital de tangos proletarios a cargo del conjunto 34 puñaladas. Un cierre perfecto para un evento inusual. No solo por su tema, sino por la extrañeza de ver a tantas personas juntas escuchando en silencio conversaciones sobre ideas, prestando atención a una sola cosa por vez.

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