Perú recibe una cumbre deslucida en una región golpeada por las crisis

Un grupo de cubanos y venezolanos protestó ayer en Lima por una reunión previa a la cumbre
Un grupo de cubanos y venezolanos protestó ayer en Lima por una reunión previa a la cumbre Fuente: EFE - Crédito: Alberto Valderrama
Con las ausencias estelares de Trump y Maduro, los presidentes americanos se reúnen desde hoy con el foco en la situación política en Venezuela y la expansión de la corrupción
Daniel Lozano
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13 de abril de 2018  

LIMA.- En una región con turbulencias por crisis políticas y sociales, la VIII Cumbre de las Américas empieza hoy en Lima marcada por la ausencia de los dos pesos pesados del continente, Donald Trump y Nicolás Maduro. Será la primera vez que un presidente norteamericano no comparezca ante sus pares latinoamericanos, una marcha atrás de última hora que en la capital peruana se siente como un nuevo desaire de la administración republicana.

Menos impacto mundial y menos expectativas, pero mayor interés general por llegar a un acuerdo. Más aburrimiento y también más tranquilidad para un anfitrión -Perú- empeñado en que su organización sea recordada tan modélica como el empeño que manifiestan responsables, trabajadores, voluntarios y los mismos limeños.

"Debemos hacer el esfuerzo para que todas las opiniones estén resumidas en un documento", adelantó el presidente peruano, Martín Vizcarra, en la entrevista con CNN, durante la cual dijo que "las líneas maestras están bien avanzadas".

Hay una tercera ausencia: el expresidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, que renunció antes de ser cesado acusado de corrupción. Toda un paradoja para la cumbre que tiene el lema "Gobernabilidad democrática frente a la corrupción", que se celebra con un país desasosegado por los escándalos que rodean a sus políticos.

Porque no solo Kuczynski quedó atrapado por las sombras. El expresidente Ollanta Humala y su mujer, Nadine Heredia, permanecen desde hace casi nueve meses en prisión preventiva acusados de recibir dinero de Odebrecht para su campaña electoral. Y no son los únicos: todos los expresidentes de Perú están presos, perseguidos o investigados.

Para reforzar aún más la gigantesca ironía, Brasil concurre al foro panamericano días después del encarcelamiento del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, también por corrupción. Y la delegación venezolana llega sin su líder, vetado por el anfitrión, pero dispuesta a echar en cara a todos los demás esos escándalos, cuando su presidente quiere ser juzgado por el Tribunal Supremo en el exilio, a instancias de la exfiscal rebelde Luisa Ortega, tras entregar cientos de millones a Odebrecht y recibir al menos 43 para las campañas presidenciales.

Como si buena parte de los participantes en la cumbre acudieran ya disminuidos por el mismo mal que aquejaba al protagonista de La amigdalitis de Tarzán, una de las grandes novelas del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique antes de las acusaciones de plagio. Con ganas de gritar, pero sin fuerzas para hacerlo.

"¿Quiénes deben dar ejemplo ante la corrupción?", se preguntó Vizcarra. "Las autoridades", contestó, al enfatizar que "ni el presidente se salva cuando hay que castigar actos de corrupción".

Así las cosas, varios son los personajes que atraerán los focos. Como Ivanka Trump, hija y asesora del presidente, que ayer debutó en una reunión con mujeres empresarias y emprendedoras. Ivanka demostró en Instagram su "entusiasmo" por su primera vez en Lima, por cuyas calles pasean miles de turistas norteamericanos. También para hoy se espera al vicepresidente Mike Pence, animado por el propio Vizcarra: "Creo que Perú demostró lo importantes que son los vicepresidentes". Lo acompañará el influyente senador cubano-norteamericano Marco Rubio.

Los grandes focos se centrarán en Venezuela, el otro protagonista del cónclave. Caracas enfiló todos sus cañones diplomáticos contra Panamá y sus socios del Grupo de Lima, dispuesta a dar la batalla. En cambio, en un movimiento sorpresa de última hora, decidió restablecer relaciones con España y reducir la tensión con la Unión Europea.

"Le hago un llamado a mi amigo Mariano Rajoy, vamos a arreglar esto", arengó Maduro, dispuesto a que el embajador español regrese a Caracas, "siempre que haya respeto", pese a que fue declarado persona non grata y expulsado en enero pasado de Venezuela.

La maniobra chavista sorprendió porque la posición del gobierno español frente a los comicios presidenciales del 20 de mayo "sin garantías democráticas" no ha variado un ápice. Así lo ratificó Rajoy esta semana tras reunirse con Mauricio Macri.

¿Qué busca Maduro con su nueva estrategia? "Su objetivo es retrasar o evitar mayores sanciones. Con Europa se tomó una vía diplomática, tratando de hacer ver que hay una voluntad para una nueva negociación y para una nueva salida de la crisis. Con Panamá la respuesta es agresiva para tratar de asustar a los demás países latinoamericanos y que no tomen medidas, haciéndoles ver que el gobierno de Venezuela está dispuesto a responder y causar dolores de cabeza en otros países", concluye el internacionalista Mariano de Alba.

La convicción de buena parte de las delegaciones es que Caracas solo intenta ganar tiempo y evitar nuevas sanciones. Tiempo que ayer dedicaron a quien consideran la bestia negra de las dos revoluciones hermanas: Luis Almagro. El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) presenció cómo medio centenar de enviados gubernamentales interrumpían su discurso en la cita previa a la cumbre, donde se esperaba a los pocos cubanos disidentes que han podido viajar desde la isla. Entre gritos, protestas y amenazas se interrumpió la sesión.

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