El caso Facebook y el derecho a la privacidad

La filtración de datos de 87 millones de usuarios de la red social revela errores que deben subsanarse en beneficio de la protección de datos personales
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13 de abril de 2018  

Difícilmente una interpelación en el Congreso de los Estados Unidos haya producido mayor interés mundial que la rendición de cuentas que ha debido hacer Mark Zuckerberg , cofundador y director ejecutivo de Facebook . Se explica esto por muchas razones. La principal ha de ser que los servicios de Facebook involucran a 2200 millones de usuarios sobre una población mundial de 7500 millones.

Redes como Facebook, Twitter o Instagram y buscadores de la magnitud asombrosa de Google, que concentra el 87 por ciento de los requerimientos de datos a escala mundial, han estado en lo que corre del siglo a la vanguardia de una cibermutación global por la cual comienzan a interesarse en igual escala las instituciones políticas. Los países de raíz autoritaria, como los comunistas, dieron los primeros pasos en tal sentido, pero a fin de sofocar la propagación de las voces disidentes y no para defender los derechos genuinos de las personas.

En las democracias occidentales, los europeos llevan años procurando poner limitaciones a la aparente posición dominante de aquellos gigantes y preguntándose en qué se violan, por la actuación de ellos, las leyes antimonopólicas, que son, junto con las de transparencia y las de protección de la intimidad, esenciales para el funcionamiento de sociedades libres. En mayo próximo, una normativa de la Unión Europea, denominada Data Protection Regulation, impondrá ciertos procedimientos sobre cómo recolectar y manejar la información de usuarios de sitios de la Web.

Precisamente la interrelación entre Cambridge Analytica y Facebook para facilitar a los estrategas de la campaña de Donald Trump la definición de sus discursos en la campaña electoral de 2016 ha derivado en el escándalo político que forzó esta semana la presencia de Zuckerberg ante el Congreso norteamericano. Los legisladores quisieron saber qué tenía el hombre de Facebook para exculparse en relación con lo que se considera un acto violatorio de la intimidad de 87 millones de usuarios.

Zuckerberg asumió de forma personal las culpas por lo ocurrido. Siempre procuró transmitir una misión idealista de esa empresa, y ahora reconoció que deben tomarse nuevas medidas internas. John Thune, senador republicano, hundió más hondo la espada en el interpelado. "Facebook tiene una historia de pedir perdón. ¿Por qué deberíamos confiar preguntó en que harán los cambios suficientes si llevan diez años diciendo lo mismo?" Wire Magazine, publicación especializada en comunicaciones electrónicas, dijo que en realidad van 14 años de Facebook con esa política de las disculpas.

Los logros obtenidos hasta el presente por las plataformas digitales han sido excepcionales. Sus beneficios para la humanidad han estado fuera de discusión, pero las consecuencias negativas, que han estado por años opacadas entre tantos éxitos espectaculares, comienzan a agitarse a viva voz. Hay evidencias pasmosas: venta implícita de datos personales para que otros comercien en política o en ventas a costa de nuestra intimidad y uso escandaloso de las redes para la distribución sistematizada de informaciones falsas. La lista de los puntos vulnerables no se acaba, por cierto, en dos de los temas más notorios de la controversia.

El Homo digitalis, ha dicho un intelectual español, no puede convertirse en un fake human. Como a todo asunto de interés general, el ciberespacio debe examinarse con el filtro del pensamiento crítico y, según lo que sedimente, preguntarse hasta dónde cabe la participación del control político, no para restringir, sino para asegurar los derechos individuales y las instituciones propias de la democracia republicana. ¿Compañías que facturan el 80% de la publicidad mundial cumplen con las leyes impositivas nacionales del mismo modo que las más tradicionales empresas periodísticas? ¿Pagan aquellas por los derechos de la propiedad intelectual a que se sujetan, tanto en el orden interno como frente al extranjero, los medios nacionales en la reproducción de contenidos?

La comparecencia de Zuckerberg en el Capitolio tiene todos los visos de apertura de un nuevo capítulo en la revolución en las comunicaciones que estalló en los años noventa. Sus respuestas buscando preservar su propia intimidad en ese marco quedarán registradas para la historia. Los avances en la tecnología han sido de una velocidad inaudita, que enmudeció por lo sorpresiva a muchas de las instituciones de los sistemas políticos tradicionales. Ahora están reaccionando. Confiemos en que dicha reacción sea equilibrada, de recepción justa de las tecnologías de la hiperconectividad y de preservación del sistema de principios y valores en que están fundadas nuestras sociedades.

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