Sergio Pitol (1933-2018): el último mago lector de la literatura de México

A sus 85 años, murió ayer en su casa de Xalapa, la capital de Veracruz
A sus 85 años, murió ayer en su casa de Xalapa, la capital de Veracruz Fuente: AFP
Pablo Gianera
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13 de abril de 2018  

El arte de todo lector es un arte de la fuga. Ese nombre bachiano, El arte de la fuga, fue justamente el de uno de los libros más radicales del mexicano Sergio Pitol. Lo radical de ese libro era que no tenía género: ensayo, ficción, autobiografía, traducción, todo estaba allí, todo bien hecho, pero todo en una unidad indiferenciada. Parecía fácil hacerlo. Pero basta intentarlo para darse cuenta de que no, de que enseguida aparecen las costuras. No pasaba eso en los libros de Pitol: el estilo lograba una sutura que convertía las partes unidas en una sola parte. La muerte de Pitol, que tenía 85 años, ayer en su casa de Xalapa, la capital del Estado de Veracruz, es sobre todo la muerte de un lector. Dijo alguna vez que los libros le habían salvado la vida; a la luz de su muerte, la frase debe ser entendida del siguiente modo: fue acaso la escritura de los libros propios aquello que le salvó la vida, pero esa escritura habría sido imposible sin los libros leídos.

Pitol fue un lector de peso completo, ya desde muy chico. De salud frágil (lo atacó el paludismo en la infancia), su única evasión fue la lectura. Eran lecturas un poco inciviles, difíciles de reconciliar. Los rusos y Borges, por ejemplo. "Debí de haber tenido diecisiete años cuando leí por primera vez a Borges -cuenta en El mago de Viena-. Recuerdo la experiencia como si hubiera ocurrido pocos días atrás. Fue, quizá, la más deslumbrante revelación en mi vida de lector. Leí el cuento ["La casa de Asterión"] con estupor, con gratitud, con absoluto asombro".

Las dos cosas, la enfermedad y la lectura, lo acompañaron hasta el final. Durante los últimos años, Pitol, que había ganado el Premio Cervantes en 2005, estuvo afectado por una afasia progresiva que, además del habla, afectó también su movilidad. Esta situación dio origen a una lamentable causa judicial. Luis Demeghi, su primo, sostenía que había perdido sus facultades mentales y estaba "secuestrado por una camarilla". Varios intelectuales y escritores mexicanos, entre ellos, Elena Poniatowska, Margo Glantz y Juan Villoro, defendieron a Pitol. La familia recuperó finalmente la custodia en noviembre de 2016.

Había nacido el 18 de marzo de 1933 en Puebla. A los treinta años prolongó el viaje de los libros con los viajes en el espacio. Su trabajo en el Servicio Exterior mexicano lo hizo salir de viaje. Hungría, Bulgaria, Francia, China... Algunos amigos suyos solían decir que, durante casi tres décadas, lo habían conocido más por la relación epistolar que en persona.

Como todo escritor tímido, empezó a publicar tarde. Estuvieron primero los viajes (esa otra manera de la lectura) y las traducciones (le debemos en nuestra lengua a Henry James, Lu Sin, Joseph Conrad, Witold Gombrowicz), esa otra variedad de la escritura. Le gustaba citar unos versos de Lope de Vega en La Dorotea: "¿Cómo compones? Leyendo,/ y lo que leo imitando,/ y lo que imito escribiendo,/ lo que escribo borrando, de lo borrado escogiendo". Llegaría así su obra maestra. La llamada Trilogía de la memoria, que integran El arte de la fuga, El viaje y El mago de Viena, es una memoria de lector que no se deja violentar ni por el autobiografismo, ni por el ensayo, mucho menos por la ficción. Pitol sabía lo que hacía: "Yo adoro a los excéntricos. Los he detectado desde la adolescencia y desde entonces son mis compañeros".

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