Por qué tus datos se transformaron en un botín de guerra

Sofía Contreras
Sofía Contreras PARA LA NACION
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13 de abril de 2018  • 10:28

Una de las guerras sordas que se está librando hoy en día no tiene que ver con el agua, el petróleo o la posesión de tierras. Es un conflicto sin muertos, pero no por eso deja de impactarnos.

Mientras que continúan apareciendo nuevos datos y escenarios sobre el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, las tensiones pueden incrementar aún más cuando el próximo 25 de Mayo entren en vigencia las regulaciones impuestas por la Protección General de Datos de la Unión Europea (GDPR) .

Los combatientes de esta nueva guerra, un nuevo tipo de Guerra Fría, luchan por la moneda de la época actual: nuestra información personal, los datos. Entre 1947 y 1991, dos potencias mundiales disputaron una batalla ideológica, política, cultural, económica y hasta deportiva donde las políticas capitalistas de occidente, lideradas por Estados Unidos se alzaban frente al comunismo de la Unión Soviética, en una batalla por la dominación global. La batalla de hoy en día difiere en intensidad, pero no en esencia; y se da sobre quién controla nuestros datos.

Por un lado, se encuentran aquellos que creen que los individuos tenemos un derecho absoluto sobre el control de nuestros datos al igual que el de nuestro cuerpo, y por el otro, aquellos que creen que los datos personales son un bien para ser comercializado en el mercado abierto y, por lo tanto, están sujetos a las mismas fuerzas del mercado que operan en otros lugares. Dejemos que la mejor empresa gane y haga millones.

En este escenario, la Unión Europea (UE) se para del lado de los intereses de los individuos, requiriendo en su Protección General de Datos (GDPR) que toda compañía respete los derechos de datos de los ciudadanos de la UE o se enfrente a duras penalidades. En la esquina opuesta, encontramos a Estados Unidos y las grandes corporaciones que comercian datos personales por ganancias.

Una ideología pone el control en las manos del individuo, la otra en el de las corporaciones. En este momento, semanas antes de que la regulación GDPR comience a regir, se genera un punto de inflexión donde veremos -o ya estamos viendo- qué países del mundo adoptarán prácticas que se alineen con una u otra ideología. Esta regulación no impacta solo a las compañías basadas en países de la UE, sino que dada la naturaleza global de los negocios actuales, es probable que la mayoría de las compañías que comercian en internet estén sujetas a las reglas de GDPR, sin importar cuál es su país de origen. Por ejemplo, si la empresa procesa datos de cualquier ciudadano de la UE, debe cumplir con la reglamentación y cualquier empresa que no cumpla con las reglas podría ser multada o enfrentar otras sanciones. Las multas máximas podrían llegar hasta el 4% de la facturación anual, o ? 20 millones, lo que sea mayor.

Sin embargo, a pesar del creciente poder de la posición de la UE, los poderes corporativos de Estados Unidos no están ansiosos por ver un cambio sistémico. El poder económico de los gigantes de datos de Estados Unidos -Google, Facebook y Amazon- se basa en el intercambio que individuos hacen de sus datos por el uso "gratuito" de sus plataformas, como es el uso de Instagram o Whatsapp o como podemos ver en el reciente escándalo de la app Grindr que vendió a aplicaciones externas el estatus de VIH de los usuarios de su plataforma.

No tenemos que olvidar que la comercialización de datos es en gran parte la esencia del modelo de negocios de estas compañías, un cambio radical en cómo pueden hacer uso de nuestra información resultaría en un gran riesgo para la porción sustancial que mantiene su maquinaria funcionando. Por otro lado, tampoco tenemos que olvidar que aunque las regulaciones se pongan en pie y cada compañía comience a acatar lo impuesto por la UE, por ejemplo pidiendo permisos especiales a las personas para usar sus datos, seguimos siendo individuos que apretamos Aceptar en cada ventana que nos aparece por día, la mayoría del tiempo sin considerar qué es lo que realmente estamos aceptando. Aunque las regulaciones puedan cambiar, las probabilidades de que sigamos accionando de la misma manera, sin considerar lo que realmente estamos aceptando, son altas. Y en este nuevo escenario vuelvo a preguntar, ¿cuánto nos importa realmente lo que las empresas hacen con nuestros datos?.

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