Eye & yo: emoción y evocación a una sobreviviente del Holocausto

Prim, Oliva y Cayetina
Prim, Oliva y Cayetina Crédito: Sandra Cartassoa
Moira Soto
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15 de abril de 2018  

Muy buena / Libro, dirección y escenografía: Dennis Smith / Intérpretes: Laura Oliva, Julieta Cayetina, Francisco Prim / Iluminación: David Seldes, Sebastián Evangelista / Vestuario: Pía Druggeri / Funciones: domingos, a las 18 / Sala: Cultural San Martín, Sala Alberdi / Duración: 50 minutos

"Una mujer que supo atravesar el mal sin tomarse por una encarnación del bien": así definió Tzvetan Torodov a Germaine Tillion, admirable resistente francesa durante la ocupación nazi, que fuera deportada a Ravensbrück. Palabras estas que bien podrían aplicarse a Esther Cajg (familiarmente, Eye), abuela de la actriz Julia Cayetina y personaje eje de esta historia que la retrata con ternura entrañable y que, por extensión, refresca la memoria del Holocausto con detalles cotidianos estremecedores, pero formulados sin énfasis. Con un distanciamiento relativo que va acercando emocionalmente y alejando reflexivamente al espectador.

Sobreviviente de varios campos de concentración en plena adolescencia, Eye -una chica pueblerina inexperta y cándida, con sus padres y varios de sus hermanos asesinados en los primeros tiempos de la invasión a Polonia- supo aferrarse milagrosamente a su humanidad, nunca se dio por vencida, encontró estímulo en los trabajos que fue obligada a hacer, finalmente logró preservar su vida. Y años más tarde, se reencontró con su hermano José, se casó, tuvo hijos y nietos en la Argentina. Claro que aparte de su voluntad indeclinable, Eye tuvo cierta buena estrella durante esa etapa de "horror ininterrumpido", al decir del escritor Jean Cayrol en el magistral documental Noche y niebla (1956), de Alain Resnais.

Cayetina tuvo la idea de hacerle este homenaje a su abuela que ya murió, y encontró en Dennis Smith al dramaturgo y director capaz de convertir recuerdos, entrevistas, consideraciones de la propia actriz en un texto escénico que amalgama datos duros como efemérides con el habla de la abuela, encarnada con mucho acierto por Laura Oliva, que ha trabajado un acento que nunca resulta caricaturesco. Smith incorpora a Cayetina haciendo una versión de ella misma en el rol de la nieta guardiana de la memoria de Eye, y a Francisco Prim como el alter ego del director, narrando partes de la historia y a la vez marcando a las actrices. La obra va cobrando forma, tensión y una profundidad que nunca apela ni al discurso solemne ni -mucho menos- al golpe bajo; más bien, opta por desdramatizar, a menudo con gracia implícita, siguiendo a la protagonista en sus increíbles peripecias, que ella a su turno desgrana sin pizca de autocompasión.

No es de extrañar que Julieta Cayetina declare con sinceridad conmovedora en escena el deseo de inscribir en su piel el número que le tocó a su abuela en uno de los campos, cuando los detenidos eran despojados, clasificados, tatuados, torturados, asesinados. O que comente que eligió vivir en el departamento que era de Eye para conectar con su extraordinaria energía?

Los tres personajes, vestidos con sobriedad en tonos de marrón, se desplazan dentro y fuera de los límites de una estrella de David armada con moldes de zapatos pintados de verde, aludiendo al bosque, a la huida incesante, a la fe que sostuvo a esa chica tan determinada; algunas danzas y canciones tradicionales israelíes se integran orgánicamente a esta crónica tan novelesca como real que arranca cuando Eye recuerda su primer choque con el antisemitismo, en su pueblo, a los 7, antes de la invasión nazi. Cayetina, por su parte, pone de manifiesto el prejuicio que percibe a veces en la Argentina cuando dice que es judía: ese racismo ordinario, insidioso, que se suele disimular con hipocresía.

Por: Moira Soto

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