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Dos debates sobre Lionel Messi, más nuestros que suyos

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
El lamento de Lionel Messi
El lamento de Lionel Messi
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15 de abril de 2018  

¿Quién puede saber a ciencia cierta cómo llega un jugador a una competición? El futbolista es un estado mental, no solo un cuerpo. Un jugador estimulado, con ganas y deseos vence los obstáculos. El martes, Barcelona quedó eliminado de la Champions League y en el acto se abrieron un par de debates. Uno lógico, con la cabeza puesta en el Mundial y centrado en cómo podría incidir esta circunstancia en el físico y la psique de Lionel Messi . Otro absurdo, a partir del dato de que el N° 10 argentino nunca marcó goles en las series perdidas por el equipo catalán en Europa.

Empezaré por el segundo, que me parece insostenible. Dudar de la capacidad que puede tener en los momentos límite un jugador que ha ganado todos los títulos, que ha batido todos los récords, que se ha superado a sí mismo aprendiendo el juego y aprovechando la experiencia, simplemente no tiene ningún sentido.

Quizás sería mejor poner la atención en cómo se fue deshilachando la esencia del juego del Barcelona en los últimos años, alejándose de ese fútbol ideal con que fueron concebidos los jugadores criados en el propio club. Porque un genio también puede frustrarse cuando el equipo no produce.

Nunca el talento y la jugada aislada van a ser una mayor garantía que el funcionamiento general. Es cierto que Messi ha ido contra las normas. Estamos acostumbrados a que pueda solucionarlo todo con goles, pases u ocurrencias fuera de libreto, pero eso no es lo común en una cancha. Generalmente se necesita un soporte, un contexto para desplegar el talento. No abono la teoría del salvador. Mucho menos en partidos determinantes contra rivales muy exigentes y competencias -como la Champions League o el Mundial- que no perdonan un mal día y donde depender de un solo jugador se convierte en un riesgo demasiado grande.

Esto nos engancha directamente con la discusión sobre cómo puede afectarle a Messi esta eliminación prematura cuando se ponga la camiseta de la selección argentina, donde todo parece pasar por lo que pueda o no pueda inventar el número 10.

Somos felices entrenando y jugando

Se dice que llegará menos cansado y es relativo. Los jugadores somos animales competitivos, nuestro motor, nuestro estímulo, es el juego. Nos entrenamos jugando y somos felices entrenando y jugando. Se comenta que así tendrá menor riesgo de lesiones. Sinceramente, no me consta. Son todos argumentos nacidos de nuestra necesidad cultural de encontrarle explicaciones cuantitativas a todo sin saber a ciencia cierta cómo está el jugador porque no hay manera de calcularlo.

No todo está relacionado con los minutos que acumule el futbolista en la cancha o los kilómetros recorridos en una temporada. Y mucho menos en Messi, cuya costumbre cada año es disputar tres partidos por semana casi hasta el final de cada temporada, y que además es un futbolista que se regula, se dosifica e incluso engaña porque puede pasarse diez o veinte minutos sin apenas tocar la pelota y a veces juega casi caminando.

La pregunta, en cualquier caso, es cómo se mide el estado de ánimo, y no tiene respuesta. Depende de cuestiones tan intangibles como el sentido de pertenencia con el juego, la identificación con el entrenador y hasta de cómo está funcionando el equipo. Desde el desconocimiento, uno puede imaginar que las semanas de Messi sin partidos entre un fin de semana y otro pueden ser mucho más tediosas y largas que cuando tiene una inyección de motivación en el medio, pero tampoco lo sabremos de antemano.

La sorprendente eliminación del Barça ante la Roma sin duda es una desilusión. No, como también se comentó, porque eso pueda quitarle a Leo posibilidades en la lucha con Cristiano Ronaldo por el Balón de Oro -me parece que el capitán argentino ya no está en esa compulsa y tiene objetivos más trascendentes- sino porque es uno de esos partidos que queda registrado en la memoria del jugador. Pero dudo mucho que tenga algún tipo de impacto pensando en el Mundial. Ni positivo en lo físico ni negativo en lo psíquico. En definitiva, faltan todavía dos meses y Messi tiene por medio la final de la Copa de Rey y levantar el título de Liga en España.

A veces, nos puede nuestro afán por encontrarle una lógica a cada situación. Y nos olvidamos que estamos hablando de Messi, el jugador más indescifrable del mundo.

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