No bastardeemos la adopción

El alto número de niños dados en guarda que son devueltos debe obligar a las autoridades a seleccionar mejor las personas que se ofrecen para adoptarlos
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15 de abril de 2018  

Más de una vez, al ocuparnos del importante instituto de la adopción, desde estas columnas hemos manifestado nuestra honda preocupación por la duración de la guarda preadoptiva, tiempo que a menudo suele prolongarse más de lo debido cuando se demora la definición o el proceso no concluye con la adopción definitiva. Cuando es así, lamentablemente los niños se ven expuestos a un doble abandono: el de sus padres de sangre primero y el de los adoptantes fallidos después.

El Ministerio Tutelar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, difundió recientemente una preocupante estadística: de 258 niños y adolescentes dados en guarda, 51 niños fueron "devueltos", esto es el 20%, entre ellos, 35 grupos de hermanos. La sola idea de una "devolución", como si se tratase de mercadería fallada, resulta espeluznante. Y justifica sobradamente los cursos previos que el gobierno de la ciudad ha comenzado a impartir a las personas que se postulan como candidatos a adoptantes. La selección deberá ser tan severa como meticulosa para evitar esta crueldad.

Si ya de por sí resulta dura la sola realidad de asociar el concepto de "devolución" a personas humanas, mucho más impresionantes son los motivos aducidos que se desprenden de los respectivos expedientes: una aspirante se dio cuenta y se atrevió incluso a expresar que había tomado conciencia de que en realidad lo que quería era un perro y no un niño; otros deciden continuar aguardando la llegada de un hijo biológico. Hay chicos devueltos el mismo día de su cumpleaños, sin explicación alguna, y adolescentes devueltas por quedarse embarazadas, entre otros.

Esta manifiesta falta de mínima sensibilidad exhibida por los guardadores nos está diciendo algo sobre el sistema de selección que se utiliza. Está claro que es necesario y prioritario regular de algún modo los mecanismos y procedimientos para evitar estas terribles, dolorosas y traumáticas situaciones.

Los niños no son paquetes. Si la venerable institución de la adopción, que todos coincidimos que hemos de desarrollar y defender, no está basada principalmente en el amor, no va a funcionar adecuadamente. No hay duda de que se trata de una importantísima alternativa para aquellas mujeres que cursan embarazos no deseados y como tal deberá ser promovida, protegida y difundida en todo su alcance como amorosa alternativa para muchos niños y muchos padres deseosos de ejercer esa paternidad responsablemente.

Es fundamental entender que la guarda no propone un sistema "a prueba" para los pretensos adoptantes. Entenderlo así confirma la conveniencia de preparar debidamente a los candidatos y seleccionarlos para que no caigan en la peligrosa confusión de creer que pueden recibir y devolver a un niño según les convenga. Todo lo que se haga para erradicar esta dolorosa y vergonzosa situación será poco.

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