Benjamín Amadeo tuvo su bautismo de fuego en la calle Corrientes

El joven músico y actor arribó por primera vez al teatro Opera para presentar Vida lejana, su álbum debut, y corroborar así su auspicioso presente profesional
El joven músico y actor arribó por primera vez al teatro Opera para presentar Vida lejana, su álbum debut, y corroborar así su auspicioso presente profesional Crédito: Twitter
Gabriel Hernando
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15 de abril de 2018  • 03:29

Los prejuicios no tardan en aparecer toda vez que un actor o una actriz decide incursionar en el mundo de la música. Si bien existen algunos ejemplos poco felices al respecto, también es cierto que hay excepciones a la regla. Entre ellas se encuentra Benjamín Amadeo quien, en realidad, siempre tuvo intenciones de ser músico pero sus frecuentes compromisos actorales postergaron su deseo primal.

El panorama cambió a partir del lanzamiento de Vida lejana, su primer trabajo discográfico que apareció en 2016 y le valió un Premio Gardel en la categoría Mejor Album Nuevo Artista Pop.

Sus sucesivas presentaciones en espacios pequeños, sumadas al hecho de telonear a Abel Pintos en River y a Ed Sheeran en el Estadio Único de La Plata respectivamente, acercaron sus canciones a un público cada vez más amplio que decantó finalmente en su bautismo de fuego: anoche fue el protagonista de un concierto en el teatro Ópera, de la calle Corrientes.

Un amplio paredón de led como telón de fondo -que disparó imágenes de planetas, figuras geométricas, nubes y límpidos cielos- ofició de atractiva y, a la vez, sobria puesta en escena para el primer e importante peldaño en la carrera de un artista en ascenso que mostró varias aristas para destacar. Desde lo musical, Amadeo parte de una raíz pop y se lo nota cómodo en ese terreno pero también desgranó una versatilidad y una curiosidad que le permiten incursionar en diferentes estilos con gracia y buen gusto y que dotaron al concierto de variados y diferentes climas.

"Debe ser" da el puntapié inicial a puro pop rock; "Ya no hay más" denota su gusto por los temas mid tempo y su lado más bailable aflora de la mano de "Ornamentales", "Mundos paralelos" y del rítmico y festejado "Cada noche", un adelanto de su próximo álbum, en el que incursiona en ciertos ritmos arábigos combinados con una cadencia que recuerda a Juanes. Por su parte, las baladas sentidas y con aires de blues lento asoman a través de "Motivos", "Cómo" y "Vida lejana", con acompañamiento de violines. De todos modos, lo más interesante se dio en "Mi último error", otro mid tempo con base funk sobre la cual Amadeo improvisó un mash up con pequeños fragmentos de temas de Babasónicos, Sumo y Divididos para luego empalmar con una lograda versión de "Trátame suavemente": el clásico de Daniel Melero inmortalizado por Soda Stereo en su disco debut. Estos pequeños detalles dejaron ver la enorme influencia que el rock argentino ejerce en él, algo que terminó de confirmar mediante una despojada interpretación de "Fue amor", de Fito Páez.

Esa pátina rockera que envuelve a su propuesta se hace mucho más evidente por intermedio de una banda joven pero muy sólida y compacta, conformada por Axel Introini (teclados), Ramiro Molina (guitarra), Manuel Llosa (bajo) y Pablo Guarneri (batería). Sobre esa base instrumental, Benjamín aporta lo suyo como guitarrista rítmico y como un vocalista que relata historias de amor y desamor y reflexiones personales sobre diferentes temas y situaciones.

Un público conformado en su mayoría por adolescentes, parejas y muchas familias acompañan las canciones con coros, sus celulares en alto y el grito de "Beeeenja, Beeeenja" como modo de apoyo y aliento a un personaje conocido, primero, a través de la televisión. Sin embargo, y aún capitalizando su experiencia y sus herramientas como actor a la hora de subirse a un escenario en el rol de cantante, Benjamín parece estar lejos, muy lejos, de la típica pose del ídolo pop teen con sus remanidos gestos, mohines, frases vacías para provocar el alarido ensordecedor instantáneo, pasos de baile y llamativos cambios de vestuario. Muy por el contrario, su desempeño se acerca más a la naturalidad, la simplicidad, el diálogo franco y directo con la platea (con algunos chistes incluidos) y un deseo claro de disfrutar de su música y de su rol de músico como uno más de la banda, internándose en zapadas e improvisaciones varias.

La anunciada presencia de Abel Pintos como invitado no solo engalanó la noche en un set acústico de alto vuelo, que incluyó "No me olvides", "Todavía" y "10 mil" (una de las mejores melodías de Amadeo), sino que denotó la excelente química generada entre ambos artistas. Otro que también dijo presente en el show fue Patricio Sardelli ( Airbag ), quien sumó su incendiaria guitarra al poderoso funk rock titulado "Perdí la cuenta" para cristalizar el pasaje más incandescente de la velada.

Los acordes de "Volaré" signaron el tramo final de una jornada consagratoria para Benjamín Amadeo, un artista que, aún dando sus primeros pasos y con una identidad musical en formación, denota una marcada impronta pop rockera sumada a una bienvenida avidez por investigar, experimentar y arriesgarse manteniéndose lejos de la zona de confort.

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