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Dos sensibilidades con historias distintas, que se cruzan en la lluvia

Moro Anghileri y el bailarín francés Matthieu Perpoint, en una inusual puesta en escena de origen canadiense, en Villa Urquiza
Moro Anghileri y el bailarín francés Matthieu Perpoint, en una inusual puesta en escena de origen canadiense, en Villa Urquiza
Alejandro Cruz
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16 de abril de 2018  

Afuera es un mediodía de sol y de ruido en la puerta del Centro Cultural 25 de Mayo, pleno barrio de Villa Urquiza. El ritmo en la vereda del histórico teatro la definen unas cuadrillas que, nuevamente, están cambiando las baldosas. Adentro de la sala, en el escenario, llueve. Cosas del teatro y de su maquinaria de ficción, la lluvia está proyectada sobre el cuerpo de dos personajes: Inés y Luis. Inés está cargo de Moro Anghileri. Luis es Matthieu Perpoint. Ellos son, junto a Gloria Carrá y Rafael Spregelburd, los cuatros actores de Cuando llueve, la obra escrita y dirigida por el canadiense Anthony Black que mañana, por solo diez martes, se presentará en esta sala.

Black anda controlando cada detalle de esta novela gráfica concebida para la escena que ya montó en varios escenarios del mundo. Cuando llueve cuenta la historia de dos parejas, una feliz; la otra, no tanto. El director, actor y dramaturgo llegó a Buenos Aires hace unas semanas. Con la ayuda de Spregelburd, también encargado de la traducción, fue armando el elenco. Él fue quien le recomendó sumar a Matthieu porque, dato no menor, su personaje es francés y Matthieu también. Formalmente es un bailarín (brillante, por cierto). En Europa trabajó en las compañías de Maguy Marin, Mark Tompkins y David Zambrano. Es, más allá de su formación y experiencia, un intérprete de una capacidad expresiva que no puede pasar desapercibida. Lo demostró en varios trabajos locales junto al grupo Krapp, en Por el dinero y lo demuestra en El ritmo, el montaje que Matías Feldman repuso en El Galpón de Guevara. Moro Anghileri es actriz y directora de una belleza y un talento de esos que tampoco pasan de largo. Su extenso recorrido va desde aquella maravillosa puesta de 3EX hasta su actuación en Esplendor, texto de Santiago Loza dirigido por Gustavo Tarrío; pasando por una amplia variedad de trabajos en cine y en la televisión tanto locales como en Brasil. Nunca habían trabajado juntos.

Ahora están pasando la escena 6 y 7 del segundo acto. En la anterior él viene de cantar "Ne me quitte pas", el tema de Jacques Brel. Hecho que, dicho sea de paso, lo llena de un entusiasmo que no puede disimular. En la escena, cuyos cambios de escenografía siempre están definidos por proyecciones, ella le ofrece un café. "¿Con cuánto de azúcar?", le pregunta. Louis responde: "Ponele un montón. Vos ponele lo que para vos sea un montón y después agregale una cucharada más". Acto seguido, como a cuento de nada, se queda desnudo hasta que la escena se diluye hasta pasar a otra. "Es muy flashero hacer esta obra porque tiene un código muy específico, difícil de entrarle -explica Moro Anghileri-. No tiene mucho que ver, o nada que ver, con la cosa más costumbrista de nuestro teatro. Diría que tiene un código que no nos pertenece. Claro que la idea es que nos pertenezca y estamos trabajando para que eso suceda. Pero la leés y te das cuenta de que no es de acá aunque tiene un adaptación muy rica. Y también tiene un ritmo muy marcado que el director está muy pendiente de él porque, de alguna manera, lleva a un tipo de comicidad".

El trabajo está compuesto por varias escenas cortas recortadas espacialmente por las proyecciones, por cierta artificialidad escenográfica llevada al extremo. "Es una obra que exige estar muy pendientes de la luz, de los silencios, de las pausas, de las entradas y salidas. Y es muy visual", apunta Matthieu, el que habla un castellano atravesado por su lengua materna.

Aunque el montaje de la compañía 2d theatre ya haya tenido varias versiones en otras latitudes (Nueva York y Otawa como distintas ciudades europeas) ambos intérpretes resaltan el fino trabajo de traducción como las libertades que se fueron tomando para enriquecer el proceso. Un proceso de ensayo intenso. "Me gusta ese tipo de desafíos acotados en el tiempo, como el desafío de trabajar con un equipo con el cual no había trabajado antes", apunta Moro quien, reconoce, que lo uno de los aspectos que decidió su participación en esta obra es poder compartir escena con este elenco. "El equipo siempre define, es así. Y acá cada uno de los cuatro somos muy distintos, tenemos bagajes diferentes. Eso siempre suma", agrega.

Matthieu ya había trabajado con Spregelburd en Tres finales. "En verdad, debo agradecerle al grupo la energía, la paciencia que me tienen, el entusiasmo. En la danza, según mi experiencia, es distinto. No sé por qué, pero es distinto. Y me fascina no solo lo que pasa en la escena sino alrededor, en lo que hace al entorno. Debe ser por eso que vengo al teatro con muchas ganas de trabajar", apunta luego de poner mil caras para las fotos.

Moro Anghileri tiene previsto filmar una miniserie junto a Gastón Pauls y Gabriel Schultz y está a la espera de que varios proyectos de cine atrasados se puedan concretar. "El panorama no está fácil", apunta. Cuando escucha eso, Matthieu pide la palabra. "Quiero decir algo -apunta con cara seria-. Además de los proyectos artísticos doy clases de francés y coordino pintores, pintores de paredes".

Cuando llueve, De Anthony Black

Centro Cultural 25 de Mayo, Triunvirato 4444.

Funciones: los martes, a las 21.

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