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El imperio Mercedes en discusión: por qué no consigue éxitos en la Fórmula 1 de 2018

El auto de Lewis Hamilton en boxes; el inglés tampoco pudo luchar por la victoria en Shanghai
El auto de Lewis Hamilton en boxes; el inglés tampoco pudo luchar por la victoria en Shanghai Fuente: AFP
Pablo Vignone
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16 de abril de 2018  • 00:34

Inédito: por primera vez en la era híbrida de la Fórmula 1 , que Mercedes dominó con autoridad desde su arranque, transcurrieron tres Grandes Premios sin victorias de la escuadra angloalemana. El campeón mundial Lewis Hamilton no conquista un triunfo desde octubre pasado, y lleva seis carreras sin éxito. En lo que va de 2018, Ferrari (en Australia y Bahrein) y Red Bull (en China, ayer con Daniel Ricciardo), se repartieron los halagos, dejando con las manos vacías a los coches plateados, que habían conquistado 63 de los 79 Grandes premios disputados entre 2014 y el año pasado, además de coleccionar cuatro títulos de pilotos y cuatro de constructores.

El sábado, cuando los Mercedes de Hamilton y Valtteri Bottas fueron claramente superados por las Ferrari de Sebastian Vettel y Kimi Raikkonen, en la clasificación, el excampeón mundial Damon Hill opinaba así: "Los imperios se alzan y luego cae; quizás el de Mercedes se esté desvaneciendo y la nueva era Ferrari está por empezar". Y se explayaba: "Durante largo tiempo vimos a Mercedes dominar, pero ahora los autos de Ferrari están adelante. Parece como que la marea ha cambiado por primera vez en esta era turbo-híbrida". El resultado del GP de China le dio una buena cuota de razón.

Los Mercedes, que reaccionaron muy mal el sábado a la pista muy fría (15°C) mejoraron un poco ayer con el asfalto caliente (39°C) pero un nuevo error del equipo -el tercero en tres carreras consecutivas- les impidió llegar al triunfo. Los coches W09 de Hamilton y Bottas llevan tres segundos puestos consecutivos.

En Australia, en el arranque del torneo, lo que el equipo explicó como un error del software de la estrategia le arrancó una victoria de las manos a Hamilton, cuando calcularon mal la diferencia que el inglés debía sacarle a Vettel y no lo instaron a acelerar más en la punta cuando podía hacerlo.

En Bahrein, la segunda carrera del año, acertaron con una detención temprana de sus dos pilotos, después de que los W09 mostraran demasiado apetito con sus gomas traseras; sin embargo, problemas de comunicación radial impidieron que Hamilton supiera en el momento exacto en que debía atacar para acercarse al líder Vettel; el alemán hizo las últimas 38 vueltas de la carrera con un mismo juego de gomas y Hamilton llegó tercero cuando pudo haber estado en posición de arrebatarle el triunfo sobre el final al piloto de Ferrari, tal como intentó su compañero Bottas.

En China, una vez más, Hamilton no dispuso de un auto competitivo. "Estuve toda la carrera sin poder pelear con nadie, solo resistiendo con lo que tenía", confió el inglés. El equipo acertó cuando hizo detener a Bottas en el giro 18 (para mantenerlo delante del equipo Red Bull, ya que Verstappen y Ricciardo habían parado al unísono una vuelta antes), dado que Ferrari demoró dos vueltas más en traer a Vettel a los boxes. La espectacular detención del finlandés (apenas 1s8 para cambiar los cuatro neumáticos) le aseguró al cabo la punta.

Pero más tarde, en la maniobra que decidió la carrera, el equipo volvió a fallar. Ante el ingreso del safety-car, tras el toque entre los Toro Rosso de Gasly y Hartley y decidido justo cuando Bottas y Vettel acababan de dejar atrás el acceso a los boxes, Red Bull convocó rápidamente a sus dos pilotos para calzarles gomas blandas para las últimas 20 vueltas de carrera; Hamilton circulaba entre ellos pero no fue convocado por su escuadra.

La astuta decisión del equipo que dirige Christian Horner valió el triunfo, que habría sido de Verstappen de no haber cometido el holandés tantos errores de juicio, pero que Ricciardo aseguró con dos maniobras clínicas para superar a los líderes, estirando la frenada hasta un instante antes de bloquear los discos y entonces doblar con ventaja.

Los dos Red Bull, calzados con neumáticos blandos, eran más veloces que las Ferrari y los Mercedes, que se habían quedado en pista con sus cubiertas de dureza media. En esas condiciones, Ricciardo fue hasta 1s2 más rápido por vuelta que su escolta Bottas.

"En perspectiva, debimos haber llamado a boxes a Lewis", aceptó el director deportivo de Mercedes, Toto Wolff. "Pensamos que la posición en la pista era más importante". Y amplió en lo que se pareció a una sincera autocrítica: "No fuimos buenos en todo el fin de semana; no estábamos para más que un tercer o cuarto puesto. Hay que levantar".

Los problemas no son solamente estratégicos. Los ingenieros de Mercedes confiaban haber curado, con una nueva suspensión delantera y aerodinamia superior, los dramas que el coche anterior tenía para poder calentar los neumáticos y conseguir más agarre. La clasificación y parte de la carrera en Shanghai demostró que esos problemas persisten en el W09.

La Ferrari SF71H es definitivamente más veloz en las rectas y, con los Mercedes sufriendo falta de adherencia en las curvas, los italianos acaban redondeando una ventaja inesperada un mes atrás. Solo el toque de Verstappen a Vettel sobre el final permitió que Hamilton pudiera descontar algunos puntos. Escaso consuelo para el campeón mundial.

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