Tiene una discapacidad severa y la natación la ayudó a superarse

Virginia Domínguez, de 31 años, tiene síndrome de Rett y hace 20 años nada en el complejo integral Tiburones del Paraná
Virginia Domínguez, de 31 años, tiene síndrome de Rett y hace 20 años nada en el complejo integral Tiburones del Paraná
Pedro Colcombet
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19 de abril de 2018  • 01:31

Virginia Domínguez camina con cierta dificultad bordeando una pileta olímpica, mientras saluda con una sonrisa a todos los nadadores que se cruza. Tiene síndrome de Rett, una enfermedad congénita con compromiso neurológico, que fue deteriorando su motricidad y su capacidad de habla a lo largo de sus 31 años. Pero ya dentro del agua sus movimientos se hacen fluidos. Tras una hora de entrenamiento, la felicita Patricio Huerga, su profesor de natación desde hace 24 años y co creador del proyecto Tiburones del Paraná .

Esta organización que nació en la ciudad de Arroyo Seco, provincia de Santa Fe, se destaca por trabajar la inclusión social a través del deporte y de una forma particular. "En los distintos grupos de natación entrenan en conjunto alumnos con y sin discapacidad, ya sean físicas o mentales. Solo los separamos por edad", cuenta Patricio, de 53 años. A Virginia se la puede ver entrenando, por ejemplo, a la par de una joven a la que le faltan ambas piernas y de un compañero sin ningún tipo de discapacidad.

Virginia con Patricio Huerga, su profesor de natación y co creador del proyecto, en una de sus primeras clases
Virginia con Patricio Huerga, su profesor de natación y co creador del proyecto, en una de sus primeras clases

"Ahí es feliz. A veces puede estar nerviosa o inquieta durante el día, pero una vez que entra a la pileta, su mundo se acomoda. Es como si el agua la abrazara. Además, se maneja con total independencia, decide cuando entra y sale, cuanto tiempo entrena", asegura Pedro, su padre.

Ella vive con sus padres, a quienes ocasionalmente acompaña al local que administran en el centro de la ciudad. Durante la semana también ayuda como puede en su casa, hace kinesiología y otras actividades recreativas, como clases de teatro especiales. Sin embargo, lo que más disfruta son los entrenamientos en el complejo de los Tiburones del Paraná, su segunda casa.

La historia de Virginia y los Tiburones está estrechamente relacionada, ya que ella es una de los "siete tiburones originales". En 1994 Patricio Huerga ya llevaba varios años como profesor de natación en un club de Arroyo Seco cuando asumió el desafío de enseñarle a nadar a Jesús, su primer alumno con discapacidad física. Casualmente, él y Virginia eran compañeros en la escuela especial de la ciudad.

Cuando Adriana Farías, la madre de Virginia, se enteró, le pidió a Patricio que sumara a su hija a las clases. "Al principio teníamos miedo porque no sabíamos cómo iba a desenvolverse Virginia, ella tenía solo 7 años y ya mostraba problemas de motricidad y estaba perdiendo el poco habla que tenía. Pero entró en confianza con Patricio y a las pocas clases ya nadaba sola", recuerda Adriana. Luego se corrió la voz en la escuela y cinco madres más llevaron a sus hijos a las clases.

En sus comienzos, el proyecto tuvo que atravesar algunos obstáculos, siendo los prejuicios sociales el principal problema. "Era otra época, no estaba tan naturalizado como ahora. Las clases las teníamos a la noche tarde, luego del horario del cierre del club que nos prestaba la pileta. Como si nos estuvieran escondiendo", comenta Patricio.

Una pileta inclusiva

Las clases continuaron y en 1998 la municipalidad de Arroyo Seco le propuso a Patricio y a los padres de sus siete alumnos comenzar formalmente una escuela de natación para personas con discapacidad. El 15 de marzo de ese año, Virginia nadó un kilómetro en agua abierta por el Río Paraná junto a sus compañeros. Un diario de Rosario, La Capital, cubrió el evento y los bautizó los "Tiburones del Paraná".

El complejo cuenta con 9 profesores, pileta climatizada y gimnasio
El complejo cuenta con 9 profesores, pileta climatizada y gimnasio

Desde aquella hazaña hasta hoy, pasaron 20 años y el proyecto creció más de lo que cualquiera de sus fundadores hubiese imaginado. De siete alumnos con discapacidad pasaron a más de 200, a los que se suman los 100 alumnos sin discapacidad, con los que entrenan lado a lado. También cuentan con su propio complejo, que incluye pileta climatizada, gimnasio y nueve profesores, de los cuales dos tienen algún tipo de discapacidad.

Todos los integrantes remarcan el sentido de comunidad que generó el proyecto, cuyo alcance superó los límites de Arroyo Seco y cuenta con socios de Rosario, San Nicolás y Pergamino. "Acá no existen las diferencias, todos nos ayudamos entre todos para ser cada vez mejores. La competencia es contra uno mismo y es así como los chicos se van superando constantemente. Todos somos tiburones", afirma Patricio.

Santiago, de 8 meses y Miguel, de 98 años. Alumnos con y sin discapacidad entrenan juntos. Patricio Huerga afirma: "Todos somos tiburones". Crédito: Julieta Sorribas Monicaul
Santiago, de 8 meses y Miguel, de 98 años. Alumnos con y sin discapacidad entrenan juntos. Patricio Huerga afirma: "Todos somos tiburones". Crédito: Julieta Sorribas Monicaul

Adriana recuerda una anécdota que representa para ella el nivel de solidaridad y compañerismo que genera el proyecto: "Estábamos en el supermercado de la ciudad cuando veo que una chica, se acerca a saludar muy afectuosamente a Virginia. Me llamó la atención porque yo no la ubicaba de la escuela y no tenía ninguna discapacidad visible. Resulta que se conocían del complejo y nadaban juntas". Luego continua: "Yo me emocioné mucho. Ahí entendí que esa es la verdadera inclusión: el respeto y la naturalidad para relacionarse con los demás".

Su padre asegura que sin los tiburones Virginia no podría haber tenido la calidad de vida que tiene: "Según su neurólogo, no es normal que una paciente de su edad con síndrome de Rett tenga un estado de salud mental y físico tan bueno". Esta enfermedad es muy particular, ya que afecta en la mayoría de los casos a pacientes de sexo femenino y a una de cada 10.000 personas.

"Estamos seguros que eso se lo debemos a la natación y por eso vamos a estar eternamente agradecidos a Patricio. Pero también sabemos de todo el esfuerzo que hizo Virginia día a día durante más de 20 años. Como padres no podríamos estar más orgullosos", concluye Pedro.

De siete alumnos con discapacidad pasaron a más de 200, a los que se suman los 100 alumnos sin discapacidad
De siete alumnos con discapacidad pasaron a más de 200, a los que se suman los 100 alumnos sin discapacidad

Más información:

Tiburones del Paraná

natacionespecial@gmail.com

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