Un tesoro privado que pasa a ser parte del acervo público

Cazador cazado, de Duilio Pierri Obra representativa de este artista clave de los años 80, que ya integra el acervo del MNBA desde 1990
Cazador cazado, de Duilio Pierri Obra representativa de este artista clave de los años 80, que ya integra el acervo del MNBA desde 1990
La colección Elía-Robirosa dona al museo 84 obras, que se exponen desde hoy
María Paula Zacharías
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17 de abril de 2018  

No saben bien cómo empezó, pero sí cómo terminó. La colección de arte contemporáneo argentino que Alberto Elía y Mario Robirosa amasaron a lo largo de casi 40 años llega a su fin como tesoro privado para convertirse en parte del acervo del Museo Nacional de Bellas Artes. Desde hoy, puede verse parte de sus 84 piezas, producidas entre los años 70 y mediados de los 2000, en la exposición "Una historia, una colección. Donación Elía/Robirosa".

"Nosotros teníamos obras, pero no creíamos que era una colección. Fue Miguel Briante quien nos lo dijo, y al principio nos costó creerle", recuerda Robirosa. "Hace dos años, una tarde frente al mar, pensamos que era una buena idea donarlas al museo", dice Elía, también artista.

Antes de asumirse como coleccionistas, fueron galeristas durante muchos años, y desde su recordado espacio de Uriburu y Las Heras impulsaron la carrera de artistas y acrecentaron su propio capital en obras. "No hacíamos canje por catálogos ni exposiciones. Comprábamos las obras al mismo precio en el que estaban a la venta al público", aclara Elía. El conjunto comenzó a formarse en 1977. "Las obras eran adquiridas directamente a los artistas, con quienes Elía y Robirosa establecían una relación muy cercana: se interesaban por sus vidas y sus procesos creativos. Luego, seleccionaban los trabajos que exhibirían en la galería y adquirían una o más piezas del artista, como modo de sellar el compromiso entre las dos partes que conformaban el proyecto artístico", cuenta en su texto el investigador Pablo De Monte, curador de la exposición junto con Florencia Galessio. "La galería se sostuvo en el tiempo porque no pagábamos alquiler. El local era nuestro", dice Elía. Hoy siguen trabajando como agentes culturales a través de la Fundación Elía Robirosa.

Esta selección de pinturas y esculturas de artistas argentinos realizadas entre 1970 y los primeros años 2000 fueron cedidas en 2017, y algunas de las piezas ya se habían visto en estas salas en 2004. El núcleo mayor está enfocado en los años 80 y 90, pero el corpus también abarca serigrafías eróticas de Minujín y dibujos y collages de Alberto Heredia, de los 70. Hay una gran pintura del joven desorbitado de Pablo Suárez, El sillón azul, de 1972, frente al de una pequeña ninfa de Alicia Carletti, Figura: Niña, de 1980. Otro gran lienzo es el de Jorge Pirozzi, que dialoga con las esculturas de Juan Paparella. Más acá en el tiempo están los grandes lienzos de Diego Perrotta, Germán Gargano, Jorge Pietra y Margarita De Koenigsberg, de los primeros 2000, y la pintura sobre escultura de Jorge Simes.

Figura: Niña, de Alicia Carletti Esta ninfa identifica a la inolvidable creadora de "Alicias en el país de las maravillas" y otros personajes de la literatura infantil, que falleció en julio pasado
Figura: Niña, de Alicia Carletti Esta ninfa identifica a la inolvidable creadora de "Alicias en el país de las maravillas" y otros personajes de la literatura infantil, que falleció en julio pasado

Los curadores realizaron una selección para exhibir según dos núcleos temáticos. El primero, el retorno a la pintura, está compuesto por artistas de los años 80: Juan José Cambre, Duilio Pierri, Jorge Pietra y Carletti, y esculturas de Paparella, Hernán Dompé y María Simón, además de las obras de Minujín y Heredia. Y los referentes, que influyeron y complementaron esta década signada por la vuelta a las prácticas artísticas tradicionales: Luis Felipe Noé, Pablo Suárez y Gabriel Messil.

"Elía y Robirosa, notables coleccionistas y galeristas, han construido durante medio siglo el círculo virtuoso entre ambas figuras, que encarnan con gran prestancia y generosidad", afirma el director del museo, Andrés Duprat. La resistencia de Elía a asumirse como coleccionista está en sintonía con el tiempo en que le tocó ser galerista, explica De Monte. "Un momento de grandes cambios, donde los límites del arte comenzaban a disolverse y los grandes relatos perdían su impulso. En esa época de finales y retornos, el objeto a coleccionar no estaba claro, y es por eso que Elía y Robirosa hicieron lo único que podían hacer, seguir su instinto para construir este conjunto particular de obras que hoy pertenecen al patrimonio del museo y que la institución llamará Colección Elía-Robirosa".

Para agendar

Museo Nacional de Bellas Artes . Martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20. Entrada gratuita. Hasta el 17 de junio.

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