El Bitcoin después de la tormenta

Nicolás Litvinoff
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17 de abril de 2018  • 01:53

Luego de abrir 2017 en torno a los 1000 dólares por unidad, el 17 de diciembre último el precio del Bitcoin alcanzaba los 20.000 dólares y acumulaba una suba del 1900% en apenas doce meses meses. Por entonces, la fiebre por la joven criptomoneda se extendía a los medios de todo el mundo y su nombre era repetido en ascensores, bares y oficinas por gente con y sin formación financiera.

¿Qué pasó luego? El precio se estancó, cayó fuerte, rebotó un poco y, al cabo de una semana, terminó tomando una pendiente tan bajista como la rampa de un tobogán. El 2 de febrero llegó a tocar los 5900 dólares, cifra que hablaba de una caída del 70% desde los máximos.

Los detractores del Bitcoin salieron a declarar su muerte y una supuesta explosión de la burbuja financiera que lo había catapultado a valores inesperados años atrás.

A no apurarse. Vengo siguiendo la evolución de esta nueva tecnología desde 2013, cuando valía menos de 100 dólares. En ese lapso, he visto a muchos especialistas doblar las campanas por el Bitcoin y luego callar ante su resurrección.

Con el Bitcoin operando muy por debajo de sus máximos de 2017 pero también bastante por encima del mínimo de febrero, es hora de analizar las causas que originaron la tormenta en el mercado cripto y pensar qué podemos esperar de aquí en más quienes apostamos al valor intrínseco de la Blockchain (la nueva tecnología que está detrás del Bitcoin) y no nos dejamos llevar por las impresionantes variaciones de precio que en el corto plazo experimenta el criptoactivo más representativo.

Causas de la caída

"Los árboles no crecen hasta el cielo" es un viejo lema que se escucha en los recintos bursátiles cuando los activos que subieron mucho enfrentan correcciones o fuertes caídas de precio.

En el caso del Bitcoin, más allá de una corrección esperable luego de la astronómica suba de 2017, la fuerte depreciación esconde razones de peso. Los conservadores amantes del statu quo vienen ofreciendo una importante resistencia desde que entendieron que la nueva tecnología descentralizada atenta contra los intereses del sector financiero en general y de los monopolios de varias industrias en particular.

De manera sincronizada, atacaron el mercado de criptoactivos mediante una tríada utilizando las mejores armas que tienen:

1) Regulación: Desde hace un tiempo el sector financiero presiona a los gobiernos de distintos países para que regulen con leyes bien estrictas el Bitcoin, aunque hasta el momento no se avanzó demasiado en la materia.

Pese a los temores de las autoridades de generar una fuga de cerebros encandilados con la Blockchain hacia otros países, lo cierto es que la SEC (Security and Exchange Comission o Comisión de Mercados y Valores de Estados Unidos) decidió dar un paso en el camino que reclama el lobby bancario y se lanzó a investigar las ICO (Initial Coin Offerings u Oferta Inicial de Monedas), a las que apelan las organizaciones de Blockchain para conseguir fondos frescos directamente de los inversores interesados.

Esta medida originó temor entre los criptoinversores, quienes, ante potenciales sanciones, decidieron refugiarse en aquellos criptoactivos que "vieron la luz" sin haber realizado ICOs, como el Bitcoin y el Litecoin.

2) Censura: En una maniobra tan llamativa como sospechosa, Google, Facebook y Twitter prohibieron la publicidad de cualquier empresa vinculada al Bitcoin y los criptoactivos sin importar su rubro o misión.

Apelaron al presunto objetivo de "proteger a sus usuarios de potenciales estafas", principio que no se corresponde con otras acciones de Facebook que actualmente tienen a Mark Zuckerberg en la mira y que refieren al uso irresponsable de datos privados de millones de usuarios.

Sin duda, estas trabas ralentizan el crecimiento de la industria cripto y afectan a las nacientes empresas del sector.

3) Impuestos: La postura de la mayoría de los países (entre los cuales se encuentra Argentina) responde a un razonamiento del tipo "no sabemos bien qué es esto del Bitcoin ni para dónde va, pero por si acaso vamos a gravarlo".

Algunos considerándolo semejante a un bien inmueble (departamento, por ejemplo) y otros buscándole parentesco con activos de renta variable o fija (acciones y bonos), la mayoría de los países comenzaron a gravar a los tenedores.

En Estados Unidos, medidas de este tipo obligaron a cientos de miles de tenedores de Bitcoins a vender una parte de su capital en criptomonedas para pagar impuestos por las ganancias obtenidas.

Se trató de ventas compulsivas que llevaron a más de un sonriente inversor a abonar hasta 7000 dólares por cada Bitcoin en cartera.

Conclusión

¿La tormenta ya pasó? Difícil saberlo, pero peor la tienen quienes pronostican la muerte del Bitcoin simplemente por la caída en la cotización de los últimos meses. Esos supuestos analistas deberían observar el cuadro entero. Allí se encontrarían con la siguiente progresión:

Marzo 2010: 0,005 usd.

Marzo 2011: 1 usd.

Marzo 2012: 5 usd.

Marzo 2013: 80 usd.

Marzo 2014: 600 usd.

Marzo 2015: 250 usd.

Marzo 2016: 400 usd.

Marzo 2017: 950 usd.

Marzo 2018: 8.000 usd.

Marzo 2019: ??

En 2001, cuando explotó la burbuja del Nasdaq, muchos economistas muy respetados se apuraron a declarar el fin de Internet y de la actividad económica que giraba en torno a la red. Los resultados contrastan con sus augurios.

Mi consejo es abrir la mente ante la posibilidad de que los criptoactivos y la Blockchain hayan llegado a nuestras vidas para quedarse y transformarlas de manera radical en las próximas décadas. Es muy probable que los esfuerzos denodados por detenerla no logren más que demorarla: La nueva tecnología, más temprano que tarde, formará parte de nuestro día a día.

Nicolás Litvinoff, el ABC de las criptomonedas

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