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Entrevistas

Nancy Pazos: "La pasé mal en mi separación e hice muchos papelones que hoy me sonrojan"

Pablo Mascareño
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10 de mayo de 2018  • 00:54

Nancy Pazos es una mujer de polifonías. De varias máscaras entrecruzadas en una sola. Es la chica nacida en Villa Soldati que vive en un country de Pilar. Es la mujer que arrancó profesionalmente en el periodismo político y devino en la protagonista de Maléfica, una obra de teatro para niños que se ofreció este verano en Mar del Plata. Es la que se atrevió a bailar en el programa de Marcelo Tinelli y transitar el mainstream televisivo local. Fue la joven promesa de las redacciones periodísticas de los 90 y es la mujer que expuso su dolor ante su separación de Diego Santilli, actual vicejefe de gobierno porteño y el padre de sus tres hijos. Todas esas es Nancy Pazos. La mujer que no calla nada y que elige para la charla uno de los más exclusivos hoteles de Buenos Aires. Una en varias. Varias en una. Inesperada.

Es la misma Nancy que sorprende al enunciar que ya se prepara para ver crecer a los hijos de sus hijos. "No hice Maléfica por currículum, sino porque ya estoy haciendo cosas para sostener el relato de abuela. Ya pienso qué le voy a contar a mis nietos", arremete la periodista durante una charla con LA NACION, enlazando sus parlamentos a la velocidad de la luz en una catarata de ideas que durará más de una hora.

-¿No es un poco apresurado pensar en tu propio relato como abuela?

-No. Voy a cumplir 50 años. Siempre me imaginé muy mayor contándole a mis nietos que había entrevistado a presidentes, que había viajado por el mundo, que había sido una periodista recontraseria, y que, en determinado momento, me metí una máscara, unos cuernos, y salí a buscar al público infantil.

En un mediodía soleado, el restó del exclusivo hotel ancorado en el comienzo de la Avenida 9 de Julio se convierte en una mixtura variopinta. En medio de ese ir y venir entre turistas y empresarios, Nancy llega apurada de la peluquería para poder realizar la sesión de fotos y luego partir rauda a buscar a sus hijos al colegio. Pero la agenda de la expanelista de Los ángeles a la mañana mutó inesperadamente y, viaje de por medio, finalmente Nancy se parará frente al fotógrafo, un mes después, para concluir esta producción. En el ínterin, en el paréntesis entre la charla y el encuentro con los flashes, se ocupará y preocupará para que sepamos qué países visitó y sobre sus nuevos proyectos laborales. Conoce el paño y, sobre todo, sabe cómo manejar su propia marca.

La infancia que no fue

"Fui una nena sin ser nena. No jugué con muñecas. No tuve fantasías"
"Fui una nena sin ser nena. No jugué con muñecas. No tuve fantasías" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Ni los vaivenes económicos ni la política nacional. Mucho menos cuestiones de farándula. La periodista arremete con un flashback intenso. Ante la primera reflexión de este cronista sobre las mil y una Nancy, la oriunda de Villa Soldati emerge siempre. Siente orgullo de las raíces que la definieron para siempre. Allí, en su barriada se conformó como mujer, quizás prematuramente. "Fui una nena sin ser nena. No jugué con muñecas. No tuve fantasías", explica sobre aquellos primeros años.

-¿Por qué la niña no fue niña?

-Por circunstancias de la vida, porque nací en un contexto socioeconómico particular, y eso me hizo adulta desde muy chica. Cuando estaba en tercer grado para mi cumpleaños todos los regalos fueron libros, que luego iba a la vuelta de mi casa y los canjeaba dos por uno.

-Una actividad no frecuente si pensamos en los hábitos de los chicos de hoy.

-Leer era lo que más hacía.

-Hubo estímulo para hacerlo?

-Mi papá que había hecho hasta tercer grado, y a mamá no la dejaron estudiar el secundario. Pero ella hizo despertar en mí un interés por el conocimiento que tuvo un terreno fértil, que era mi cabeza.

Nancy vivía con su familia en José Martí y avenida Roca. Arrabales capitalinos con atmósfera de suburbio. "A la calle se le decía José ´Márti´. Ahí vive papá, todavía. Ahora pasa el Metrobus, pero en aquella época, enfrente teníamos la quema".

-Un buen periplo el que conduce de esa nena sin infancia a la periodista veinteañera rebelde.

-El germen de la periodista estaba gestándose en Soldati. De la primera manifestación política que tuve conciencia sucedió, a mis cinco años, en la esquina de casa, donde se quemaba la basura de toda la ciudad.

-¿Qué pasó?

-En el medio de la quema había una ciénaga que los vecinos pedían que se cerrara, pero no eran escuchados. Hasta que, como era de prever, sucedió una tragedia. La muerte de un nene en la ciénaga hizo que los vecinos se agruparan para protestar. En ese acto, piden que suba un chico al escenario y hasta me preguntaron si quería decir algo.

Nancy se espeja en esa nena de cinco años rodeada de privaciones y una vida, al igual que la de sus vecinos, marcada por los riesgos de la marginación, el olvido y el destrato. "Mis padres nunca tuvieron casa propia, vivían en el fondo de la de mis abuelos. Esa casa la levantaron con mi abuelo los fines de semana, a pulmón, cuerpo a cuerpo".

-Tuviste una imagen de lucha que seguramente es la que vos sostenés en tu adultez. Se te ve siempre muy guerrera.

-Aprendí del esfuerzo. Mis padres me tuvieron a los 17 y 18 años. Mi mamá se separó cuando yo tenía diez, y me pidió consejos a mí para ver si separaba o no. Ese era mi contexto. Mi cabeza es adulta desde entonces.

Nunca oculté mi origen, ni quise ser la que no soy

-Con Maléfica aparece el posible relato a tus nietos, pero también el recupero de una infancia que no fue.

-Luego de cada función, los chicos me pedían ir a vivir a mi reino. Me sentía Maléfica. Jugué lo que no jugué de chica. Será por eso que jugué tanto con mis hijos. La maternidad aplastó a la profesión, necesitaba a mis hijos y jugar con ellos.

En las próximas vacaciones de invierno, Nancy volverá a atravesar el espacio lúdico. En julio debutará junto a alumnos de la escuela de Valeria Lynch con la obra Ricitos de oro en el Paseo La Plaza. Será el momento de recuperar, una vez más, una infancia de pocos brillos y muchas opacidades. Y de seguir construyendo un relato para sus nietos.

Del lado materno, la cosa también estaba signada por el sacrificio, pero con ciertas holguras. El almacén de ramos generales de su abuela, "la pudiente de la familia", estaba ubicado frente a la estación de Villa Soldati, y marcaba un rango más privilegiado para esa rama sanguínea. "Mi abuela Pancha fue machista con mi mamá porque no la hizo estudiar para que sí lo hiciesen sus hermanos varones, pero conmigo cambió. Me decía: Nancita no laves platos porque perdés plata´ Cuando me fui a vivir sola se ofreció a lavarme la ropa para que pudiese ganar mi dinero trabajando".

-Por la difícil situación económica de tu familia, ¿pasaste hambre?

-No, pero había muchos nervios por no llegar a fin de mes y mucha vergüenza.

-¿Vergüenza?

-Sí, mis viejos sentían vergüenza cuando me mandaban al almacén para pedir fiado.

-¿Sentiste -o sentís- alguna discriminación por esos orígenes?

-Villa Soldati genera prejuicio. A las mamás del colegio inglés al que van mis hijos las cargo, les hablo con la papa en la boca y se ríen. Nunca oculté mi origen, ni quise ser la que no soy. Nunca intenté pronunciar mejor el inglés a lo que lo pronuncio. Me siento feliz así.

-¿Trasladás ese orgullo a tus hijos?

-Estoy criando a chicos que son mejores que yo. Mis hijos tienen empatía con el que no tiene, sin haberlo sufrido en carne propia como me sucedió a mí. A eso le doy doble valor. Es tan complejo criar a un hijo en la austeridad total, como en un hogar con todos los recursos posibles. Pero salir del barro, como salí yo, te convierte en un guerrero de la vida y eso te endurece.

Perdonarse para perdonar

Nancy no es de aquellas que se plantan en una misma idea. Será por eso que no reniega de momentos pasados donde cometió errores, se paró frente a la opinión pública desnudando intimidades y hasta generando comentarios con sorna de quienes veían en ella determinadas actitudes que estaban muy cercanas al escándalo.

-¿Qué te perdonás?

-¡Todo! Cuando atravesás una crisis, cuando sufrís, tenés que superar eso. Yo me casé para tener hijos y para quedarme toda la vida en ese estado. Cuando eso se viene abajo, te ponés a pensar. Luego del duelo, te das cuenta que en el fondo vos generaste eso y que se implosionó porque no aguantabas más. Ni siquiera me bancaba tomar la decisión.

-¿Por qué?

-No quería repetir la historia de mis viejos. Mi hijo mayor tenía la edad que yo tenía cuando mis viejos se separaron.

Se la nota plantada. La periodista, de novia con Ignacio Iparraguirre, puede volver hacia atrás sin que eso implique padecimiento. "Con Diego Santilli se unieron dos mundos. Yo me enamoré de una valiosa persona y con la que tuve tres hijos y formé una familia divina, pero eran dos universos antagónicos".

-¿Mantenés un buen vínculo con él?

-Sí.

-En la primera etapa de separados, no fue así.

-En realidad, una cosa fue lo público y otra lo privado. Diego y yo nunca dejamos de hablarnos, de sentarnos, y de unificar criterios con respecto a la crianza de los chicos. En eso, él siempre me siguió mucho, me dio un rol preponderante. Nuestros hijos están más educados en Soldati que en Paseo Alcorta.

-Durante los primeros tiempos, luego de tu separación, se te veía en carne viva...

-Lo pasé mal e hice muchos papelones que hoy me sonrojan, pero es lo que pude. Estaba destruida. Tuve que aprender mucho. Por eso hoy, me pone muy bien ver la felicidad de mis hijos. Pasaron una edad crítica en medio de una gran crisis de su mamá. No fue fácil la separación ni determinados episodios que tuvieron que atravesar. Tonio (8), el más chico, es hipoacúsico, cuando cumplió tres años se dieron cuenta que era sordo total de un oído. Nicanor (15) tuvo síndrome urémico-hemolítico, y casi se muere. El tercero es Teo, que ya tiene 16.

Sobre su separación de Santilli: "Lo pasé mal e hice muchos papelones que hoy me sonrojan"
Sobre su separación de Santilli: "Lo pasé mal e hice muchos papelones que hoy me sonrojan" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-¿Tenés trato con Analía Maiorana, la mujer de tu ex?

-No, pero no por decisión propia. Yo creo que él la debe querer preservar. Me parece que ella le contó a sus hijas un cuentito rosa y yo a mis hijos le conté la posta. Ella es muy religiosa. Mundos distintos.

-Teniendo en cuenta el paso del tiempo, ¿no hay manera de revertir esa situación?

-No es mi tema. Los chicos tienen las dos versiones de la historia.

Acoso, aborto y cuestión de género

Pazos se pronunció a favor de su despenalización y la legalización del aborto
Pazos se pronunció a favor de su despenalización y la legalización del aborto Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Nancy Pazos es una activa militante de las causas en defensa de las libertades de la mujer. En cuestiones como el aborto se pronunció a favor de su despenalización y legalización. "La ley va detrás de las costumbres sociales. El aborto existe. El tema es que hay condiciones de llevarlo a cabo para las que tienen plata y otro para las que no tienen dinero. En las clases más pudientes, antes se trataba de cuidar a la nena por el honor y ahora porque se va a hacer un posgrado. Y las más pobres, se mueren. Antes y ahora. La ley lo que pide es igualdad de oportunidades. Así como aborta la rica en los mejores lugares, que la pobre pueda ir a un hospital. Todo esto está atravesado por preceptos religiosos que no comparto, pero entiendo".

-¿Por qué decidiste exponer la propia experiencia?

-No solo lo conté sino que jamás dije públicamente que me arrepentía, como pretendían algunos. Cuando lo hice, ya tenía cierto manejo del dinero y por eso no tuve que llevarlo a cabo en un lugar donde me metieran agujas de coser.

-¿Cómo lo transitaste?

-Fue durísimo. Aún vivía con mi mamá. Tenía 19 años y cuando nos enteramos del embarazo, nos fuimos, con mi novio, de vacaciones mochileras a Mendoza para tomar una decisión. Aquello no me enorgullece, pero fue una realidad.

Imparable

Aceptó ser parte del nuevo ciclo conducido por Denise Dumas y José María Listorti, Hay que ver. Y conduce su propio espacio matinal en la radio AM 990, mientras asiste como panelistas invitada a Intratables, el programa de América de Santiago del Moro. Además, siempre tiene latente la idea de regresar con Ruleta rusa, su ciclo de entrevistas televisivas. Luego de unos meses, la periodista volvió al ruedo con todo: "Yo no me fui de El Trece. Me echaron", sentencia.

Nancy habla de su desvinculación del ciclo Los ángeles de la mañana, conducido por Ángel de Brito, donde jamás tuvo un buen vínculo con sus compañeras de panel. "La convivencia era mala, estaba a la vista. Si se hacía una cena de fin de año y me invitaban, la mitad no iba. De hecho, una vez organizaron un almuerzo y no me avisaron. Yo resaltaba y tenía una capacidad dialéctica que, pobrecitas, haría que mis compañeras llegasen a sus casas a mirar el programa y se quisiesen matar".

El presente

"Mi vida es muy llena porque mis hijos me llenan desde todo punto de vista"
"Mi vida es muy llena porque mis hijos me llenan desde todo punto de vista" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-¿Cómo es tu vida hoy?

-Divina.

Nancy adelgazó 18 kilos en un año. El interior afloró en una imagen que luce más estilizada. "Mi vida es muy llena porque mis hijos me llenan desde todo punto de vista. Hay un momento del día que es fantástico: a las cuatro de la tarde nos juntamos todos en casa. A esa hora toman el té, porque son muy ingleses, y charlamos".

-¿Estás pendiente de sus tareas escolares?

-No, cero. Si ellos no hacen nada en toda la tarde y al otro día no rinden la materia, es un tema de ellos.

-¿No hay retos?

-Saben que tienen que terminar bien el año sino, no se van de vacaciones. Conocen sus responsabilidades, no soy quien para meterme en ver cómo cumplen ellos con eso. En primer grado les enseño que la mochila es terreno privado de ellos. De entrada les expliqué que, si en la mochila hay una nota para mamá, ellos la tienen que sacar y mostrármela. Si mamá no la lee es porque no me la dieron. Más de una vez, las maestras me llamaban desesperadas porque los chicos no me mostraban las notificaciones.

-¿Y vos que les respondías a las maestras?

-Yo les decía: "Tu responsabilidad es que mi hijo se acuerde". Si aprende la lección en primer grado, no se olvida nunca más.

-Recurso cuestionable pero, sin dudas, una forma de hacerlos adultos.

-Los hace responsables de su propia vida.

El emotivo ritmo libre de Nancy Pazos

6:16
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Mirando al Sur

Nancy termina su almuerzo de manera vertiginosa. Sus comidas son como su vida, apuradas, sin pausa. Antes de abandonar el sofisticado restó, se inquieta por sacarse una duda: "¿Y ahora sabés quién soy?".

-Sé que hay una Nancy que se lleva el mundo puesto, pero también hay otra que se esconde bajo una máscara de hierro. ¿Qué te derrota?

-Lo que más me genera angustia es la soledad. Me dediqué al periodismo porque es una forma de estar rodeada de gente siempre. Pero tengo ganas de volver a algo más íntimo, más intelectual y cumplir con una asignatura pendiente que es escribir libros.

-Volver a los orígenes de esa nena que leía sola en Soldati.

-Nunca dejo de mirar esa infancia y aquel lugar.

-¿Pensás recurrentemente en tu lugar natal?

-Siempre. Mis hijos se bautizaron y tomaron la comunión en la iglesia de Soldati. La misma en la que se casaron mis viejos. Mantengo eso como eje de vida. Suelo ir con mis chicos a la casa de mi papá para que se nutran de todo aquello.

La mirada de Nancy se humedece. La mujer infranqueable y avasallante queda en modo pausa ante la fuerza de los sentimientos. Se pierde en sus pensamientos y parece retrotraerse a su pasado, a sus años en Villa Soldati, a ese lugar a donde siempre vuelve, quizás para reencontrarse con la Nancy más auténtica. Pero eso no es otra cosa que parte de su atractiva polifonía.

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