La globalización bajo discusión mundial

Marcelo Elizondo
Marcelo Elizondo PARA LA NACION
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19 de abril de 2018  • 00:58

En ciertos ámbitos del mundo desarrollado se están discutiendo algunos efectos de la globalización (las migraciones en Europa continental, el comercio transfronterizo en EEUU, la pertenencia supranacional en el Reino Unido). No se ha formado un nuevo consenso contra la internacionalidad pero los críticos ahora son más e influyen. Pero el mundo ha llegado bien lejos en la globalización capitalista. ¿Estaría dispuesto a detener la evolución lograda con ella?

En 1900 la expectativa de vida en el planeta era de 35 años y hoy ronda los 80. En 1950 un 70% de la población mundial vivía en absoluta pobreza y hoy está en esa condición el 10% (la población de clase media ronda el 60%). En 1980 solo 60% de la población mundial sabía leer mientras hoy sabe leer el 85%. La población planetaria se elevó de 2500 a casi 7500 millones en 65 años. Las muertes en batallas bélicas, que llegaron a 25 cada 100.000 habitantes en el globo en la Segunda Guerra, pero que no bajaban de 5 cada 100.000 habitantes en los años 80, hoy rondan 0,3 cada 100.000 habitantes. Y mientras en 1900 solo el 10% de la población mundial vivía en regímenes democráticos (12 países) hoy lo hace más de la mitad de la población del planeta (95 países).

Hace poco tiempo aseveró Vonton Cerf (uno de los creadores de Internet) que la ventaja de la sociedad actual es haber superado la histórica inhabilidad de conectarnos con quienes tienen la solución a nuestros problemas, porque antes no teníamos ningún medio de comunicación o la comunicación era solo un libro en una biblioteca. La globalización generó evolución y después de ser tecnológica fue económica, luego política y ahora cultural.

Las nuevas generaciones no podrían vivir desvinculadas. Hoy hay 950 millones de usuarios de las redes sociales que tienen por ellas contactos con extranjeros, hay 450 millones de viajeros internacionales anuales y 250 millones de personas que viven fuera de sus países nativos.

Es impensable que la humanidad detenga su avance científico, económico y vinculativo al retraerse dentro de volátiles límites políticos (que además muchos discuten).

El ser humano es social y progresa vinculándose. Los límites se los ha puesto la tecnología y cuando éstos se superan las relaciones llegan más lejos. Nunca antes se consumieron tantos productos importados, ni tantos productos fueron compuestos por tantas partes hechas en diversos países, ni tantos inmigrantes estudiaron en universidades extranjeras, ni la ciencia fue tan global, ni tantas empresas del mundo próspero se trasladaron a países emergentes contagiando elevados estándares de producción. Esto último aumentó el stock de inversión extranjera en el mundo desde 2200 millones de dólares en 1990 a 26.800 millones en la actualidad y la cantidad de trabajadores que las multinacionales emplean en sus sucursales fuera de sus países de origen desde 21.500 a 82.500 en ese lapso.

¿Esto está en crisis? ¿O estemos acaso viendo un ajuste en medio del proceso inexorable?

Quizá éste es un cambio coyuntural y no uno estructural (en la terminología de Yuriko Hiroshi). Es posible que en realidad el comercio mundial (que en 50 años creció desde 160.000 millones de dólares a 17 billones de dólares) se elevó mucho tolerando competencia subsidiada en países que ya no son pequeños y por ende no son ya tan perdonables, y podría ser que las migraciones emergentes no prepararon aun mecanismos suficientes de recepción integrativa. Es también cierto que el peso del sector público avanzó demasiado en algunos países desarrollados como para competir con emergentes que vienen con menos carga sobre la economía privada. Al parecer ya no se tolera a algunos nuevos tener ciertas ventajas para ingresar en el club, ni a otros viejos sentirse en el fin de la historia para acomodarse en el centro. Las piezas se reubican. Es la competencia.

Cabe preguntarse, pues, si la humanidad discute la globalización o si ha llegado a un nuevo escalón en el que los estándares anteriores exigen ajustes. ¿Hay un cambio de modelo o un cambio de etapa?

Mientras, la aparición del capital virtual, la irrupción del conocimiento como principal motor, la consolidación de los servicios como más relevante actividad económica mundial y la tecnología como rompedora de barreas aumentan el vértigo de este cambio.

Pero la evolución muestra que la naturaleza humana ha llevado siempre consigo la ampliación de los vínculos, el descubrimiento y el progreso. Y como creía Francis Bacon, la naturaleza está a menudo, escondida, a veces dominada, pero rara vez extinguida.

Analista económico internacional

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