Pity Martínez, el 10 cabeza dura con LA NACION: "Bajé los decibeles y maduré, pero sabía que las cosas se iban a dar vuelta"

Junto a su esposa Priscila y su hija Pilar, fuera del fútbol Pity lleva una tranquilidad que se contrapone con el vértigo que demuestra con la pelota
Junto a su esposa Priscila y su hija Pilar, fuera del fútbol Pity lleva una tranquilidad que se contrapone con el vértigo que demuestra con la pelota Crédito: Santiago Cichero/AFV
Juan Patricio Balbi Vignolo
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18 de abril de 2018  • 08:32

La Pititorra es un ave característica de la fauna mendocina. De color café, mide 10 centímetros, pesa 12 gramos y se distingue por ser alegre e inquieta. Trazando un paralelismo, la familia Martínez no dudó al elegir el apodo para el pequeño y revoltoso Gonzalo de 5 años: Pititorra, que luego derivó en Pity, sobrenombre que ya traspasó la barrera de sus padres Luis y Liliana y sus seis hermanos (es el quinto de siete). Hoy, todo el Estadio Monumental lo corea para ovacionar al mejor y más regular jugador de River desde hace más de un año.

Nació con las gambetas, la explosión y el atrevimiento con la pelota. Aunque también sufrió: la particular cicatriz que lleva en la frente es una muestra de algún padecimiento. "Me la hice de chiquito, jugando a la mancha con mis amigos en el barrio. Venía corriendo y sin querer me hicieron una zancadilla. Caí en una acequia, mala suerte. Pero me queda bien. Bah, eso diría mi mujer (risas). Porque me quiere, ¿qué me va a decir?", cuenta Pity Martínez , en diálogo con LA NACION, y recuerda sus días en el Barrio Nueva Esperanza en Guaymallén, Mendoza.

"El fútbol siempre estuvo presente. Comía y dormía con la pelota. Por ahí, mi viejo no tenía una para darme, pero de algún lado sacábamos alguna para jugar. Por ejemplo, yo vivía atrás del camping de Luz y Fuerza donde iba River a veces para la pretemporada. Cuando nos enterábamos, nos poníamos atrás del paredón para llevarnos las pelotas que caían", recuerda el 10 de River, que llegó a Núñez en enero de 2015 desde Huracán por 40 millones de pesos y hoy tiene una cláusula de rescisión de 15 millones de euros.

-Esas no volvían más.

-Nooo, no se atrevían a meterse en el barrio, ja (risas).

Junto a su esposa Priscilia y su hija Pilar, fuera del fútbol lleva una tranquilidad que se contrapone con el vértigo que demuestra con la pelota. La exposición no es algo que disfrute este futbolista, irreemplazable en la estructura de Gallardo. Próximo a cumplir 25 años en junio, no descarta la posibilidad de emigrar ese mismo mes a Europa, aunque disfruta su presente.

Junto a su esposa Priscila y su hija Pilar, fuera del fútbol Pity lleva una tranquilidad que se contrapone con el vértigo que demuestra con la pelota
Junto a su esposa Priscila y su hija Pilar, fuera del fútbol Pity lleva una tranquilidad que se contrapone con el vértigo que demuestra con la pelota Crédito: Santiago Cichero/AFV

-¿Cómo atraviesan este momento?

-Estamos contentos, es lo que buscábamos hace tiempo. Llevamos varias victorias consecutivas, que es lo más importante y es el camino que queremos todos. Para eso nos entrenamos día a día.

-¿Cuánto trabajaron para cambiar la imagen y ganar la Supercopa?

-Lo empezamos a laburar los días después del partido con Patronato, no es que veníamos trabajando en eso desde antes. Pero teníamos claro lo que debíamos hacer. En ese sentido, el técnico es muy claro, explica bien las cosas y las captamos rápido. Gracias a Dios se pudo dar.

-Volviste a destacarte en un partido contra Boca, ¿qué te genera?

-Sí, me pone muy feliz más allá de que siempre quiero ganar. Es lo que busco, tratar de hacer grandes partidos, es lo que me gusta. No se me venía dando, pero este último tiempo he mejorado un montón y espero seguir haciéndolo.

-¿Cómo elegiste dónde patear el penal en aquel partido de la Supercopa Argentina? Casi te lo saca Mora.

-Ja, sí. Pero lo hablamos ahí, él me vio con confianza y le agradezco porque no me dijo nada. Yo le iba a pegar fuerte cruzado, era la idea. Pero cuando iba en carrera con la pelota, vi que el arquero dio un paso a su izquierda y decidí abrir el pie y pegarle a su derecha.

¿En estos últimos meses les habían tocado el orgullo?

-Nosotros no queríamos llegar al partido de Boca para empezar a ganar. Queríamos encontrar un funcionamiento antes de la Supercopa, pero fue todo al revés. Ahora hay que aprovecharlo para no regalar más puntos en la Superliga y clasificarnos a la Libertadores. Después se verá. Y en la Copa sacamos un buen empate en Brasil, porque lo importante es no perder, más de visitante. Ahora hay que ganar y revalidar eso.

-Diste un salto de calidad desde 2015 hasta hoy, ¿cómo te ves a la distancia?

-Estoy más maduro, me siento bien y con confianza. Cuando entro, sé que lo que voy a hacer va a estar bien. Aprendí a bajar los decibeles y a subirlos solo en ciertos espacios de la cancha. Y Gallardo es el principal artífice de mi crecimiento desde que me pidió hasta hoy. Me bancó cuando me tenía que bancar y yo estoy respondiendo de la mejor manera, que es en el campo.

-¿En qué posición te sentís más cómodo?

-Tengo que adaptarme a donde el técnico me necesite según el partido. En donde me ha tocado jugar, he sacado cosas importantes para el equipo. Después, me adapto. Quizás, al ubicarme como enganche estoy más cerca del área, poblamos el medio y generamos más sociedades. Pero también tuve buenos partidos en ambas bandas.

-¿Cuál es la base de la evolución?

-Seguir trabajando, entrenándonos, escuchando a mis compañeros y al cuerpo técnico, que siempre me hablan. Y hacer oídos sordos a las críticas, sacándoles las cosas positivas. También, la confianza de jugar todos los partidos es muy buena.

-¿Cómo viviste la ovación contra Belgrano?

-Me fui muy feliz a casa, fue un momento muy lindo que me lo voy a guardar para siempre en mis recuerdos hasta que me muera.

-¿Lo disfrutás más por haber cambiado tu imagen?

-Sí, obvio. Sabía que las cosas en algún momento se iban a dar vuelta. Es un club muy difícil y por ahí es un mérito doble. No muchos jugadores lo lograron. Soy cabeza dura y los objetivos que me pongo trato de cumplirlos. No bajo nunca los brazos y espero seguir así.

-¿Pensaste en irte del club?

-No, nunca, nunca, nunca, nunca (sic). Es más, hablé con el técnico y mi representante que si llega una oferta lo hablaremos, pero acá estoy muy contento y tranquilo. Siempre fui cabeza dura, pero maduré en lo futbolístico. Vas viviendo cosas en la vida y en la cancha que, si sos inteligente, las utilizás. Hay que aprender de eso y de los grandes jugadores.

-En Colombia, en marzo de 2017, hubo una charla del plantel con Sandra Rossi que te ayudó en la confianza. ¿Cómo fue?

-Sí, mis compañeros ya me habían hecho saber que consideraban mi valentía porque por más que me estuvieran silbando o puteando, volvía a pedir la pelota. Esa charla me sirvió a mí y a mis compañeros, que quizás no sabían lo que otro pensaba de uno. Me puso feliz.

-¿Te considerás un atrevido en el campo?

-No sé, pero de eso se trata estar en River. No esconderse cuando hace falta armar juego y el equipo necesita un cambio de ritmo. Para eso me pone el técnico y yo tengo que hacerlo. Si no lo hago, es obvio que la gente me va a silbar o no voy a jugar. En momentos difíciles uno tiene que hacer lo que más sabe.

Entre sus mejores partidos, Martínez eligió el de la Supercopa Argentina con Boca, en el que anotó de penal
Entre sus mejores partidos, Martínez eligió el de la Supercopa Argentina con Boca, en el que anotó de penal Crédito: Santiago Cichero/AFV

-¿Pedir la pelota es tener más agallas que meter una patada?

-Sí, está bien que en un parte del campo y cuando uno la está pasando mal, necesita meter y correr. Pero cuando cruzás la mitad de cancha también se necesita creatividad, buscar compañeros y sociedades, encarar, conseguir espacios.

-Elegí tus tres mejores partidos en el club.

-El de Boca en la Libertadores 2015, en el que tuve la suerte de que me hicieran el penal. El 3-1 a Lanús en 2017, porque fue un quiebre en lo futbolístico, y esta final de la Supercopa ante Boca en Mendoza.

-¿Y el 3-1 en la Bombonera?

-Sí, lo sumo, serían cuatro. Pasa que no quería elegir tres contra Boca y que alguno lo tome a mal.

-¿La gente te hace saber que te volviste importante en los clásicos?

-A uno le llega todo lo que se dice, estamos en un mundo en que la tecnología juega mucho y hoy con una computadora se llega a todos lados. Pero estoy tranquilo, sabiendo que debo seguir por este camino.

-¿Cómo te llevás con las redes sociales?

-Cuando escucho alguna crítica o me entero de una falta de respeto, suelo buscarlo porque el día de mañana por ahí me lo cruzo y le pregunto por qué dijo eso, que me explique. Después, uno sabe lo que hace bien. Hay veces que a gente no le gusta cómo jugás o tu estilo, pero muchas veces se cruza un límite y no es correcto.

-¿Cuánto te impactó River?

-Es otro mundo. Venís a entrenarte y hay 200 cámaras y 200 periodistas. Está bueno porque podés expresar lo que sentís, pero todo repercute. Saber qué decir también, porque yo soy de decir lo que siento y a veces no se puede ser así. Eso también lo fui aprendiendo.

-¿Como cuando callaste a la gente contra Quilmes en 2016?

-Son impulsos que me llevaron a hacer esas boludeces que hoy no las haría. No estaba en el momento de madurez que hubiese querido y son cosas que no van a volver a pasar.

El penal de Pity Martínez contra Boca, por la Supercopa

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