Demagogia populista o democracia

Marcelo J. Louge
Marcelo J. Louge PARA LA NACION
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19 de abril de 2018  

El cambio de ciclo entre el perverso populismo y una verdadera democracia es el gran desafío que enfrenta actualmente el presidente Macri. Para esto cuenta con el respaldo de la sociedad expresado en las urnas en 2015 y 2017.

Las declaraciones de opositores como Zaffaroni, despreciativas de la democracia, y expresiones como las del líder sindical de los camioneros en contra del Presidente representan lo que la sociedad rechaza. Este último, como muchos otros exfuncionarios y sindicalistas, tiene graves causas en la Justicia, y la sociedad demanda el fin de la impunidad.

Zaffaroni es el autor intelectual del abolicionismo del Código Penal y del garantismo que tanto mal ha hecho a nuestro país al proteger a los delincuentes y desproteger a las víctimas que diariamente exponen su vida y sus bienes a causa de la inseguridad. Urgen cambios profundos en leyes penales y en los códigos de procedimientos para revertir esta dramática situación.

Los 70 años de demagogia populista fueron destruyendo el sistema institucional argentino, favoreciendo la existencia de funcionarios corruptos y de jueces venales que en muchos casos aseguraban la impunidad. Sumado al entramado mafioso de sindicalistas y empresarios amigos del poder. Todo esto llevó al país al estado actual de deterioro y decadencia, donde se destruyeron la escuela pública, los valores, la cultura del trabajo y del esfuerzo. El gobierno actual tiene la voluntad y la firme decisión política de hacer todos los cambios profundos necesarios, los cuales tiene que ir plasmando en acciones concretas.

Aristóteles definió la demagogia como la forma corrupta o degenerada de la democracia. Los demagogos, arrogándose el derecho de interpretar los intereses del pueblo, confiscan todo el poder y la representación del pueblo e instauran una autocracia.

Para conseguir sus fines, el populismo se sirve de la demonización, que consiste en asociar una idea o un grupo de personas con valores negativos hasta que sean vistos negativamente. Los rasgos distintivos del populismo son el caudillismo, el clientelismo y la centralización de todos los poderes. Lo hemos vivido y sufrido en el pasado. Lo que es peor, perversamente nos han dejado un 30% de pobres en un país inmensamente rico, bendecido por Dios.

El Gobierno va hacia la consolidación de una verdadera república buscando mejorar la calidad institucional en los tres poderes del Estado, a través de la denominada regeneración institucional. Es imperioso volver a la vigencia de la Constitución de 1853-1860 .

La república a la que aspiramos debe tener como norte el bien común y estar sujeta al Estado de Derecho, y reconocer y garantizar la protección de los derechos y las libertades individuales de todos, sin excepción.

Nuestra democracia representativa, republicana y federal se debe caracterizar por la tolerancia y el pluralismo político. El objetivo de la Constitución, según Alberdi, es fijar límites a la autoridad del gobierno. Además es fundamental la separación de poderes, la judicatura independiente y un sistema de observación y control entre los distintos poderes, el denominado check and balance.

Nuestro presidente, mirando hacia el futuro como verdadero estadista del siglo XXI, se ha propuesto acabar con el populismo que nos ha gobernado durante mucho tiempo y consolidar una auténtica democracia donde haya justicia y libertad y la vigencia plena de la ley. Los argentinos lo acompañamos en esta hora trascendente.

Abogado constitucionalista y productor agropecuario

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