La Habana: en las calles, poco entusiasmo y frialdad ante el recambio generacional

La ceremonia de traspaso, seguida por televisión en un restaurante de La Habana
La ceremonia de traspaso, seguida por televisión en un restaurante de La Habana Fuente: Reuters
La histórica salida de Raúl Castro de la presidencia no alteró las actividades ni las expectativas de los cubanos en la capital
Daniel Lozano
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19 de abril de 2018  

LA HABANA.- Conocida por la pasión de sus gentes, esta capital no parecía La Habana ayer. Un viento frío recorría sus calles suavizando la primavera tropical, con total normalidad y como un día cualquiera, como si nada estuviera pasando en Cuba y se tratase de un país nórdico en medio del Caribe.

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Los ciudadanos de la menor de las Antillas vivieron sin entusiasmo y con limitada expectación la designación de Miguel Díaz-Canel como nuevo presidente del Consejo de Estado y, por lo tanto, como primer mandatario del país. Desde hoy, y tras 59 años, serán gobernados por un civil que no se apellida Castro en un país donde casi el 80% de la población nació y creció con Fidel y Raúl en el poder.

"Ya lo sabíamos, Granma (órgano oficial del Partido Comunista de Cuba) se ha encargado de que conozcamos al hombre durante los últimos cinco años. A los cubanos nos gusta Radio Bemba (los rumores de la calle) y por eso muchos apostaban que Raúl elegiría a su hija Mariela (al frente del Centro de Sexodiversidad) o, sobre todo, a Alejandro (jefe de los servicios secretos). Pero al final había total unanimidad, no solo en el nombre, sino también en que nos da igual uno que otro, nos da igual chicha que limoná", resumió para LA NACION el bisnero (buscavidas) Alexander Delgado. "Sí, sí, me llaman como al cantante de Gente de Zona", sonríe pícaro.

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La encrucijada histórica solo parecía llegada para el oficialismo; el tiempo se encargará de dictar si también para el resto de sus gentes. La persona encargada de conseguir las mejoras que demandan desde hace años, y que se hicieron más evidentes tras el deshielo conseguido con Estados Unidos durante el mandato de Barack Obama, heredará hoy el poder de su padrino político, el mismo que lo eligió tras escrutar durante años su acción política y administrativa.

La Habana desapasionada ni siquiera grita estos días a través de la propaganda en sus muros y carteles, tan desarrollada durante seis décadas. El eslogan "No renunciaremos a uno solo de nuestros principios", firmado por Raúl, sí aparece destacado en rojo y azul al final de una loma, una advertencia contra todos aquellos que se atrevan a soñar. Parecería que en Cuba hay muchos de estos soñadores, porque otro cartel emerge de forma más discreta en la transitada avenida Boyeros, que conduce hasta la emblemática Plaza de la Revolución: "Los sueños de emancipación se hicieron realidad".

A Díaz-Canel, abrumado ayer por el peso de la historia, le hubiera gustado escuchar lo que William González, estudiante de educación física, narró a LA NACION. "A mí me simpatiza el nuevo presidente. Es joven, con estudios, con fuerza. Y además ha hecho cosas por el pueblo en Santa Clara y en Holguín", confesó el joven, escéptico no obstante con la profundidad de las reformas. "Si hay cambios serán poco a poco, como siempre en revolución", añadió.

En el polo contrario se encuentra R. L., un peluquero especialista en adaptar para sus clientes los cortes que lucen las estrellas del reggaetón o los jugadores de béisbol. "No sé qué ocurra entre hoy y mañana ni me importa, es más de lo mismo. Yo lo que quiero es viajar a Estados Unidos", reconoció a este diario.

Unos a favor, otros en contra. En un lado los que dicen públicamente que nada debe cambiar y en el otro, los que se lamentan porque todo seguirá igual.

"Pero la realidad es cambiante y en este devenir histórico de las aguas del río, siempre el mismo y siempre otro, no puede ser detenido totalmente, aunque la voluntad y las intenciones sean de inmovilismo", sentencia el pensador católico Dagoberto Valdés, uno de los grandes referentes de la oposición cubana y exdirector de la emblemática revista Vitral.

Y entre medias la gran mayoría, aplastada por la realidad, que ha aprendido durante décadas que lo más importante en la isla es "resolver" sus vidas, como dicen por acá. Cada uno como pueda.

Y mientras tanto, Netflix les permitirá seguir disfrutando del documental Cuba Libre, todo un fenómeno en la isla para aquellos que han conseguido solventar los problemas de conexión. Unos límites tecnológicos entre los cuales La Habana sí recupera toda su pasión.

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